Entrevista a Marina Castañeda, autora de Una vida homosexual

 

Durante las últimas décadas, el tema de la homosexualidad ha dejado de ser un tabú para convertirse en uno aspecto ineludible en materia de Derechos Humanos, definiciones jurídicas, cuestiones de mercado y demás ámbitos.  Lo cierto es si bien diversas sociedades alrededor del mundo son cada día más conscientes e inclusivas de la diversidad sexual y se han obtenido importantes triunfos a nivel mundial por parte de la comunidad gay,  la senda y la lucha emprendidas por las personas homosexuales no ha sido nada sencilla, y menos aún en países con una importante tradición enfocada a estigmatizar a este grupo de personas, como lo es México.

¿Cómo ha evolucionado la vivencia de la homosexualidad en nuestro país y el mundo desde hace medio siglo?, ¿cuáles siguen siendo las barreras, en las diferentes esferas sociales, a las que se enfrentan los gays y sus familias hoy en día?, ¿qué desafíos se generan al reconocer una identidad homosexual? A través de un ejercicio de reflexión personal, aunado su experiencia profesional, la prestigiosa terapeuta Marina Castañeda da respuesta  a estos y más cuestionamientos en su última publicación Una vida homosexual. Ser gay: 50 años de reflexión y aprendizaje.

El libro, publicado bajo el sello de Grijalbo, representa uno de las obras más entrañables de la también autora de El machismo invisible y está encaminado a convertirse en una obra de referencia en la que confluyen la sensibilidad y la formalidad experta de una mujer extraordinaria cuya formación académica ha transitado por las universidades de Harvard, Stanford y la École Normale Supérieure de París en las disciplinas de letras, historia, psicología y música. En un encuentro exclusivo, Siempre! conversó con Marina Castañeda sobre La vida homosexual y muchas de sus aristas.

 

Marina Castañeda, autora de Una vida homosexual

 

¿Qué encontraremos los lectores en “Una vida homosexual”?

Este libro, ante todo, es para celebrar el 50 aniversario del inicio  del movimiento de liberación gay, que comenzó el 28 de junio de 1969, con una redada  policía en un bar en Nueva York, llamado “Stonewall Inn”. En aquel acontecimiento, por primera vez en la historia, en lugar de correr a esconderse, los homosexuales  enfrentaron a la policía y se les unieron vecinos, activistas, intelectuales y gente progresista, en una batalla campal que duró cuatro días; fue la primera ocasión en que los gays exigieron sus derechos y la despenalización de la homosexualidad. Por otro lado, ésta publicación conmemora mi cincuenta aniversario desde que me enamoré de una chica, también por primera vez, a los trece años. Llevo 50 años de vida gay en diversos países y en épocas muy distintas de lo que conocemos hoy, por lo que el libro  alterna entre pasajes autobiográficos y pasajes históricos sobre lo que se sabía en determinados años de la homosexualidad, lo que suponía, cómo era el mundo para la gente gay hace cincuenta, cuarenta, treinta años.

 

Considerando la convergencia de múltiples elementos personales, terapéuticos y académicos de esta obra, ¿cuál considera es la perspectiva predominante con la que fue construida?

Se trata de un testimonio muy personal. Yo crecí y estudié en varios países y narro cómo yo vivía y se vivía la homosexualidad en cada uno de esos lugares.  La historia empieza en México donde fui adolescente, pero luego continúa en Ginebra,  después en la Universidad de Harvard y posteriormente en París para proseguir en Stanford y aterrizar en México de nuevo;  por ello el tono es muy entrañable, pero a la  vez recuerdo, especialmente para los lectores jóvenes, cómo era la vivencia de la homosexualidad en épocas donde, por ejemplo, no había libros al respecto y los pocos que existían estaban basados en las teorías de Freud, no había gente gay abierta públicamente y los ejemplos históricos siempre eran trágicos, como el de Oscar Wilde.

Yo tuve la inmensa fortuna de tener los padres que tuve y en ese sentido mi vida ha sido muy excepcional, pero lo que observé en mi entorno era lo que todos pasaban: aunque a mí no me tocó que me prohibieran ver a alguien, me limitaran o castigaran, pero, en cambio, las parejas que tuve desde los 17 años  sí sufrieron todas estas circunstancias, con padres que las rechazaron, castigaron y criticaron, por lo  que pude acercarme a lo que era la actitud más común en esos años y que aún persiste en nuestros días, porque yo fui psicoterapeuta 25 años  y el problema principal que reportan los jóvenes gays es la familia, el temor de no ser aceptado.

 

Son muy interesantes los contrastes que surgen de comparar la vivencia de la homosexualidad en diferentes países del mundo, conscientes de los estigmas con que se etiqueta a las personas gay en México, ¿cuáles son los matices de caracterizaron su experiencia en Europa y en Norteamérica?

Por ejemplo, cuando estuve en Harvard de 1974 a 1978, tuve una relación con una compañera de la universidad que fue totalmente abierta, vivíamos juntas en el dormitorio y nuca tuvimos el menor problema con nadie: éramos invitadas a todas las reuniones con amigos, no tuvimos conflictos con nuestros departamentos de estudio e incluso, desde que llegué en el 74, ya existía una asociación lésbico gay. A los 18 años, fue la primera vez que socialicé con gente gay, porque anteriormente, en Ginebra, yo me aventuraba a bares, más o menos sórdidos, para ver si podía conocer a alguien; entonces cuando fui a Harvard y conocí una asociación que se reunía semanalmente estuve fascinada, luego descubrí que había un bar  solo para lesbianas que  fue un segundo hogar para mí, era algo que nunca había imaginado.

También puedo contar que para 1975 la escuela de Medicina de Harvard contactó a la asociación lésbico gay para que les enviáramos a dos representantes que hablaran ante un público de estudiantes de medicina, lo cual muestra que todavía la homosexualidad se consideraba un tema médico: fui una de esas representantes y respondí toda clase de preguntas sobre síntomas y experiencias familiares y personales. De esa magnitud era la apertura de un lugar de liberalismo como Harvard, algo que difícilmente podía encontrarse en nuestro país.

Lo experimentado en  México debió ser completamente distinto…

Cuando venía a pasar vacaciones México rápidamente averigüe que había un bar llamado “El nueve”  y  fuí a conocer  gente, y descubrí un poco el medio todavía en los años 70, con mis amigos. Fuí a muchos lugares, tuve varias aventuras y me di cuenta de que existía un ambiente gran solidaridad entre nosotros. Me llamaba la atención que el alcohol era siempre un elemento infaltable en la convivencia, bebíamos mucho. Después proseguí mis estudios en el extranjero y cuando me quise dedicar a la psicoterapia observé que en los módulos de estudio  había muy poco sobre la homosexualidad y ese poco estaba incluido en el rubro de las perversiones, por lo que decidí comenzar a desarrollar espacios para trabajar la psicoterapia dentro del tema.

Tomé una postura basada en que existen diferencias sustanciales entre el ciclo vital gay y el ciclo vital heterosexual, es decir, la forma de socializar, la relación con la familia, las implicaciones del closet, la salida del clóset, la relación social, la amistad, el sexo, el amor, el hecho de  generalmente no tener hijos y el tipo de relación, solo por mencionar algunas coyunturas: de estas reflexiones escribí mi primer libro La experiencia homosexual, que iba dirigido más bien a los terapeutas, pero los lectores terminaron siendo los gays y sus familias. Por lo que en México pude comenzar a aprender cómo se manejaba el tema de la homosexualidad desde adentro del pensamiento de los terapeutas que no sabían absolutamente nada al respeto, que pensaban que Freud ya lo había dicho todo, que cuestionaban la sexualidad de los pacientes  o que ejercían las mismas técnicas y prácticas en una persona homosexual que en una heterosexual.

 

Visualizó la evolución en torno a la vivencia y el pensamiento homosexual después de varios años…

Pude observarlo especialmente con los padres, porque no hay comparación con los padres de jóvenes ahora y los de hace veinte o treinta años. La mayoría de los padres que he visto en los últimos años están abiertos a la idea de que su hijo o hija puede ser gay, lo lamentan, pero no trataban de limitarlo, sino más bien venían a consulta a averiguar cómo manejar la situación, por ejemplo frente  al dilema de decirle o no decirle a la familia, invitar o no a la pareja del hijo a las reuniones, cómo presentarla; y al final yo llegué a la conclusión de que si existen dudas es necesario plantearle a su hijo o hija todas estas cuestiones. Fui consciente de que había muchos temas que eran simplemente de sentido común y no necesitaban a ningún especialista, que se resolvían de la manera más simple, pero la gente tiene todavía le gente muy nublada por la homofobia y la ignorancia.

 

¿Esa evolución ha permeado en las principales instituciones de la vida pública mexicana, llámese gobierno, iglesia católica?

En primer lugar, se observa en México, como en todos los países occidentales, una enorme diferencia generacional. Los jóvenes tienen muchos menos problemas con ser gay que sus padres o maestros y esa división significa que la tendencia va a ser hacia la tolerancia, porque cuando estos jóvenes, que con mucha mayor facilidad se declaran gays abiertamente o bisexuales, crezcan y a su vez tengan hijos, van a tener otra actitud y esa es la tendencia histórica que se ha visto en otros países y no hay motivos para que no se dé aquí.

La sociedad mexicana está evolucionando  en muchos sentidos y uno de ellos es la diversidad, pero con sobresaltos debido a que cada vez que hay un avance en los derechos gay o los derechos de las mujeres hay una contra reacción muy fuerte, a veces violenta. El aborto sigue siendo un tema no resuelto, el divorcio es más aceptado pero sigue siendo problemático, por ejemplo. No hay que dar nada por sentado, ninguno de los logros que hemos alcanzado en derechos gays o derechos de las mujeres debemos considerarlo como ganado definitivamente,  cualquiera de esos cambios puede ser revertido en cualquier momento y tenemos que estar el pendiente de que eso no suceda. El tema gay es algo en constante movimiento y tenemos que estar bien informados y actualizados.

 

Usted ha mencionado que después de de cincuenta años, sigue aprendiendo a ser homosexual, ¿cómo lleva a cabo ese proceso ?

Cada persona homosexual tiene que inventar su vida, porque no tenemos instructivos. Las mujeres heterosexuales de mi edad ya están instaladas en el papel de abuelas, por ejemplo, yo no: la tercera edad de los gays es muy diferente a la tercera edad de los heterosexuales, yo sigo aprendiendo y formándome en cada etapa de mi vida. Eso de tener hijos y nietos no me ha importado realmente, pero en la tercera edad queda todo un mundo por descubrir y lo mismo podrán decir los jóvenes o las personas de mayor edad.  Esto es una aventura constante que espero poder vivir con plenitud.