Lo peor del caso es que lo más catastrófico aún no arriba y el humo ya empieza a llegar hasta países tan lejanos como Chile y Argentina. Los vientos llevan a más de 1,900 kilómetros de distancia las nubes con hollín con dirección a los glaciares australes de Nueva Zelanda. Australia está viviendo una de sus peores temporadas de incendios forestales, insuflados por temperaturas récord y largas temporadas de severas sequías. El debatido primer ministro australiano, Scott Morrison, que en plena crisis prefirió irse de vacaciones, apuntó que los devastadores incendios podrían seguir ardiendo durante meses, al tiempo que Shane Fitzsimmons, comisionado del Servicio de Bomberos Rurales de Nueva Gales del Sur, advirtió que las “volátiles” condiciones climáticas  incrementarían los incendios.

Sucede que el primer fin semana de 2020 los distintos incendios que están en curso en territorio australiano –abarcan ya cuatro millones de hectáreas–,  ardieron peligrosamente fuera de control en la costa Este, avivados por las altas temperaturas y fuertes vientos que han dejado a miles de australianos sin hogares ni electricidad. Cálculos hechos en el número de hectáreas consumidas, el del continente australiano se elevó casi 345 por ciento por arriba del terreno consumido en la Amazonía, y 400 por ciento respecto al estado de California (EUA). Las conflagraciones australianas obedecen al fenómeno conocido como “dipolo positivo del Océano Índico” (o, también, como el Niño Indio), que altera el clima del Este y el Oeste provocando inestabilidad atmosférica.

Asimismo, el crecimiento de los niveles de dióxido de carbono (CO2) causa que la región sea más calurosa en los últimos decenios y caliente la Tierra a temperaturas récord  anualmente. Los patrones climáticos más extremos aumentan el riesgo de incendios forestales y su más rápida extensión. Así las cosas, Australia estableció el año pasado dos nuevas marcas de temperatura. El 17 de diciembre último llegó a un máximo promedio de 40.9 ºC, y al día siguiente, 41.9 ºC. De tal suerte, en 2018 y 2019, los incendios forestales han arrasado por lo menos seis millones de hectáreas en todo el planeta. Pese a todo, hay mandatarios estúpidos repartidos por el globo que aseguran que “no sucede nada, que todo es producto de las fake news”.

 

No hay la menor duda, el consenso científico es que los niveles crecientes de CO2 calientan el planeta, y que Australia se ha vuelto más calurosa en las últimas décadas. Lo más serio es que se espera que continúe haciéndolo.  Aunque los incendios forestales son parte natural del ciclo climático australiano, los hombres de ciencia han advertido durante mucho tiempo que este clima más caliente y seco contribuirá a que las conflagraciones sean mas frecuentes y más intensas.

En tales circunstancias, el fuego afecta todo su entorno. Si para el ser humano puede llegar a ser terminal, todavía tiene la oportunidad de continuar su vida, pero para la vida silvestre es devastadora. Muy cerca del Apocalipsis.

Al momento de escribir este reportaje el número de muertos ya había crecido a 24 personas. La actual crisis de incendios en Australia es sensible por la cantidad de hectáreas quemadas aunque no ha supuesto tantos fallecimientos como el Sábado Negro de 2009, cuando se registraron 173 víctimas mortales, o el Miércoles de Ceniza de 1983, cuando murieron 75 personas o el Viernes Negro de 1939, en el que perdieron la vida 71 ciudadanos. La diferencia es que los incendios pasados tuvieron lugar entre enero, febrero y marzo, es decir, al final del verano, mientras que los actuales se han adelantado a septiembre, a primavera.

Según la organización, 2020 Climate Change Performance Index, Australia es el sexto país más atrasado de los 57 analizados en cuanto a la implementación de medidas que contribuyan a minimizar el impacto al medio ambiente. Tal y como describe este informe, el gobierno del primer ministro Scott Morrison “continúa empeorando su desempeño nacional e internacionalmente”, algo que el gobernante niega categóricamente sin haber sido capaz de ofrecer pistas sobre su estrategia para cumplir con los requisitos de reducción de las emisiones de carbono para 2030.

De cualquier forma, las cifras de la catástrofe apabullan a cualquiera: por ejemplo, en un solo día, el 30 de diciembre del año que recién terminó, las altas temperaturas y los violentos vientos, de más de 100 kilómetros por hora, provocaron 35 nuevos incendios que han han arrasado más de cuatro millones de hectáreas desde el comienzo de los fuegos en el mes de septiembre. El fuego llegó a Melbourne, al sureste de Australia, y obligaron a evacuar a miles de residentes. En 24 horas, en el Estado de Victoria, se quemaron 185,000 hectáreas. En Nueva Gales del Sur murieron 11 personas, incluyendo un voluntario de los bomberos rurales, y 500 millones de animales han perdido la vida a causa de los incendios.

El domingo 29 de diciembre, se evacuaron 30,000 personas del condado de East Gippsland, con 28 fuegos activos al mismo tiempo. Además del bombero voluntario fallecido, otros dos resultaron heridos con graves quemaduras. Se trata del tercer operario que murió antes de finalizar el año luchando contra las llamas en Nueva Gales del Sur, donde las llamas han consumido más de 900 viviendas. “Estas son noticias terribles para las familias. Estos son tiempos de prueba. Estamos muy agradecidos por el coraje y la dedicación de nuestros bomberos”, declaró el primer ministro Morrison que hasta el 20  de diciembre decidió suspender sus vacaciones en Hawai tras las fuertes críticas que le lanzaron la oposición y la ciudadanía en general.

La verdad es que aunque el gobernante australiano reconoce que el cambio climático existe –y no como Donald Trump y Jair Bolsonaro que tratan de ignorar el grave problema–, no realiza esfuerzos claros para combatirlo. Su visión de la catástrofe ambiental no ha cambiado a pesar de los millones de hectáreas calcinadas en 200 incendios desde hace cuatro meses, de los 24 muertos, de los miles de propiedades afectadas y de la enorme pérdida de especies animales.

Mientras la catástrofe continúa en territorio australiano, para los afectados y los interesados en documentarse sobre las causas de tantos incendios, vale tratar de explicar lo mejor posible qué es el “dipolo del Océano Índico y su funcionamiento”. Los expertos dicen que las temperaturas en la parte oriental del Océano Índico oscilan entre cálido y frío, en comparación con la parte occidental, pasando por la fases denominadas “positivas”, “neutrales” y “negativas”. Este año, el “dipolo” está pasando por la fase positiva. No obstante, no es como la experimentada en años anteriores: esta vez es mucho más fuerte, marcando un récord en comparación con las últimas seis décadas. Esto significa que en la zona occidental del Indico la temperatura del mar es más cálida de lo normal y, en la oriental, más fría. Las consecuencias de este dipolo positivo inusualmente fuerte han sido las lluvias e inundaciones en África oriental y las sequías en el Sudeste asiático y Australia.

 

Al respecto, explica Andrew Turner, profesor de sistemas de monzones de la Universidad de Reading en el Reino Unido: “cuando ocurre un evento dipolar en el Océano Indico, la lluvia tiende a moverse con las aguas cálidas, por lo que los países del África Oriental reciben más lluvias de lo normal…Por otro lado, en el este del Océano Índico, las temperaturas de la superficie del mar son más frías de lo normal y ese lugar recibe una cantidad reducida de lluvias”. Lo que significa que una fase dipolo negativa provocaría las condiciones opuestas: agua más cálida y mayor precipitación en el Océano Indico oriental, y condiciones más frías y secas en el oeste. Y, una fase neutral, significaría que las temperaturas del mar fueron cercanas al promedio en todo el Océano Índico.

En tales condiciones, las fuertes lluvias han devastado algunas áreas del Este de África en los últimos dos meses, con un 300 por ciento de precipitación superior a la media entre octubre y mediados de noviembre, según la Red de Sistemas de Alerta Temprana de Hambruna. Y, de acuerdo con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, casi 300 personas han muerto y 2,8 millones se han visto afectadas.

Mientras tanto, en Australia las temperaturas récord de esta temporada de primavera han ayudado a provocar y avivar una serie de incendios forestales en todo el país. Lo que significa que hay alrededor de 100 incendios en el estado australiano de Nueva Gales del Sur, y el más grave se está transformando en un “mega incendio” en el norte de Sídney.

En suma, la Oficina Australiana de Meteorología advierte a las comunidades que se preparen para mayores riesgos de incendios, con una alta probabilidad de días y noches más cálidas de lo habitual en gran parte  del país durante todo el verano.

Lo que sucede en Australia, solo es una muestra de lo que puede suceder en otras partes del mundo. Sí, el planeta ESTÁ EN PELIGRO, y no porque lo diga la joven Greta Thunberg. VALE.