Se comentaron, en el números anterior de la Revista Siempre!, las películas Historia de un matrimonio, Parásitos y 1917. En la presente colaboración se comentan cuatro más nominadas: Érase una vez… en Hollywood, Mujercitas, Le mans 66 y Jojo Rabbit.
Érase una vez… en Hollywood (Once Upon a Time in Hollywood, Estados Unidos-Reino Unido, 2019) de Quentin Tarantino.
Me había negado a ver películas de Quentin Tarantino, nacido el 23 de marzo de 1963, en Knoxville, Tennessee, Estados Unidos. ¿La razón? Son películas de evasión, para entretener, con dosis de humor y una carga explosiva de violencia. Productos para el mercado de consumo de millones de espectadores, en el mundo, sujetos al bueno y malo cine norteamericano. Pero, he visto Django, sin cadenas (Django, Unchained, Estados Unidos, 2012), alegato sobre la liberación individual de un hombre de la “super raza negra”, ayudado por un alemán (irónica contradicción), esclavizada por blancos malvados, en los años previos a la guerra civil (1858). La ironía se acentúa más cuando un viejo negro esclavo lacayo es aliado servil de un blanco explotador, con la presencia de una belleza negra que habla alemán. El star sistem (Leonardo DiCaprio, Jamie Fox, Samuel L. Jackson), en todo su apogeo, recurriendo, un poco, al género western, con una calidad impecable en el montaje de la narración, un poco larga, si se quiere, pero que, ¡válgame!, se apoya en temas musicales heterogéneos. Los mismo puedo decir de Érase una vez… en Hollywood. El star sistem (Leonardo DiCaprio, Brad Pitt) en todo su apogeo. El género western, como medio para introducirnos a una historia sobre un actor de televisión en decadencia, acompañado por su doble que le sirve en todo lo que sea, con secuencias musicales y diversión de esa gente que vive del espectáculo. Bueno, hasta se añaden historias criminales propias de la década de los años 60s del siglo pasado, en las que hay presencias de actores, como Steve McQueen o Sharon Tate, y su trágico final, a manos de la “familia Manson”, sin dejar de mencionar a Roman Polanski, por supuesto. Pese a mi aversión por Tarantino, pues ahí me tenían viendo Érase una vez… en Hollywood, como ya he visto Reseroir Dogs (1992), Pulp Fiction (1994) y The Hateful Eight (1915), otro western, no vaya a ser que se me acuse de caduco, por las nuevas generaciones de cinéfilos, al no conocer y reconocer la obra de un artista de culto, considerado el realizador más influyente de su generación. Érase una ez… se dice, es una carta de amor al cine y a la Ciudad de Los Ángeles y un juego de espejos dentro de la industria del cine de la época.

Le mans 66 o Contra lo imposible (Ford v. Ferrari, Estados Unidos, 2019) de James Mangold.
Si de caballos negros se trata, también podría ser la gran película a vencer. Debida al realizador James Mangold, nacido el 16 de diciembre de 1963, en Nueva York, Estados Unidos, conocido por el Western 3:30 Yuma (2007) y por las películas Wolerine (2013) y Logan (2017), pertenecientes a la saga de películas de X-Men, entre otras. El ritmo de las acciones en las competencias de carreras de autos es impresionante y la dramatización inmejorable, muy al estilo del cine norteamericano, hacho para el mercado mundial, en el que la intriga y los conflictos personales no se hacen esperar. No hay pausa para el respiro. Christian Bale, como Ken Miles, y Matt Damon, como Carroll Shelby, no se dan tregua el uno al otro, aunque mantienen su amistad viril hasta el límite, por la muerte trágica del piloto Bale, tal como la competencia habida entre los dueños de las firmas Ford (Henry Ford II) y Ferrari (Enzo Ferrari), invirtiendo millones de dólares, en el diseño y manufacturación de autos de carreras, para que compitan y ganar las famosas carreras de autos en Daytona y Le Mans.

Mujercitas (Little Women, Estados Unidos, 2019) de Greta Gerwig.
Hay un público femenino que gusta del cine inspirado en novelas en las que la solidaridad familiar es el tema principal, sobre todo, cuando los problemas íntimos, entre hermanas (en la novela y en la películas son cuatro hermanas) de casi la misma edad, son superados a costa del sacrificio de unas por el bienestar de otras. Es el caso de la película Mujercitas, basada en la famosa novela homónima de Louisa May Alcott, en la que la actriz (en películas de Joe Swanberg, Noah Baumbach, su actual pareja, Jason Winer, Woody Allen y Mike Mills), guionista y realizadora Greta Gerwig, nacida el 4 de agosto de 1983, en Sacramento, California, Estados Unidos, vuelve a tratar el tema familiar y la transición, de sus miembros femeninos, hacia la madurez emocional, iniciado con Lady Bird (Estados Unidos, 2017), su primer largometraje. A Greta Gerwig se le asocia con el mumblecore o subgénero del cine independiente en el que la actuación y el diálogo son naturalistas, y con el mainstream o corriente convencional que incluye la cultura popular, extendida por los medios de comunicación masiva.

Jojo Rabbit (Estados Unidos, 2019) de Taika Waititi.
La sátira, la comedia negra y la guerra, son bien mezcladas, al punto que el divertimento logrado por el realizador Taika Waititi, nacido el 16 de agosto de 1975, en Wellington, Nueva Zelanda, quien también es pintor, actor (aquí interpreta al mismísimo Hitler, ridiculizándolo genialmente), comediante y escritor, que, también, nos lleva a presenciar momentos de verdad conmovedores, incluso, a los más duros de los espectadores críticos, nazis o judíos, escépticos o crédulos, según sea el caso. La innegable comedia “irreverente absurdista” es superada por logradas tomas- secuencia de gran humanismo y esenciales reflexiones filosóficas sobre la condición humana, cuando las dudas existenciales e ideológicas se manifiestan. Ya dejen de ocuparse de los hijos de puta nazis del pasado, se les recomienda veladamente a los judíos que siguen traumados por el holocausto y búrlense del fanatismo, propio y ajeno, de la mano de una canción de los Beatles. Logren la catarsis, asociando la figura de Hitler con la más nefasta de las imposiciones patriarcales de la que ustedes fueron cultivadores, en tiempos bíblicos. Un Hitler que es tratado como un patético monigote histérico, a tal grado que el humor se transforma en burla amarga, porque el mal, por muy atractivo y seductor que se nos aparezca, sigue siendo el mal. Taika Waititi, cuyo verdadero nombre es David Cohen y que, por buenas fuente, se sabe que es de ascendencia maorí-judío-británica, nos invita a ser libres al hacer decir a la madre rubia, que esconde a una niña judía, del niño Jojo Rabbit, miembro de las juventudes hitlerianas, que la gente libre baila. Afirmación que se materializa en la secuencia final, cuando el niño ario y la niña judía comienzan a bailar, al final de la guerra.
