Dentro del 10º Festival Internacional del Cine UNAM (FICUNAM 10), “EL CINE QUE PROVOCA”, del 6 al 15 de marzo de 2020, se programó un extraordinario ciclo, exhibido en la Cineteca Nacional, dedicado al realizador Jacques Tourneur, compuesto de doce largometraje y tres cortometrajes: Almas que regresan (They All Come Out, Estados Unidos, 1939), La marca de la pantera (Cat People, 1942), El hombre leopardo (The Leopard Man, 1943), Tierra generosa (Canyon Passage, Estados Unidos, 1945), El expreso de Berlín (Berlin Express, Estados Unidos, 1948), La parada, David y Golliath, Acto de Folly (The Stop Over, David and Golliath, Act of Folly, Estados Unidos, 1958), Traidora y mortal (Out of the Past, 1947), Estrellas en mi corona (Stars in My Crown, Estados Unidos,1950), Anne la pirata (Anne of the Indies, Estados Unidos, 1951), El camino del gaucho (Way of a Gaucho, Estados Unidos, 1952), Yo caminé con un zombi (Walked with a Zombi, Estados Unidos, 1943), Círculo de peligro (Circle of Danger, Reino Unido, 1951) y Una cita con el diablo (Night of the Demon, Reino Unido, 1947). En la próxima entrega, si me lo permiten, haré la reseña completa. Por lo pronto, aquí escribo sobre las dos realizaciones de Bruno Dumont, dedicadas a la Santa Doncella de Orleans, también programadas dentro del Festival y exhibidas en la Cineteca Nacional.
La historia del cine registra, entre otras no menos importantes, tres películas clave sobre la tragedia de la Santa Doncella de Orléans: La Pasión de Juana de Arco (La Passion de Jeanne d’Arc, Francia, 1928) de Carl Theodor Dreyer, con Renée Falconetti, Juana de Arco en la hoguera (Giovanna d’Arco al rogo, Italia-Francia, 1954) de Roberto Rossellini, con Ingrid Bergman y El proceso de Juan de Arco (Procès de Jeanne d’Arc, Francia, 1962) de Robert Bresson, con Florence Delay. Tres diferentes estéticas cinematográficas, de tres grande realizadores, para tratar los temas universales de la fe y el patriotismo, personalizados obsesivamente, en contra de la intolerancia y la razón de la sinrazón dogmática de la religión y de la lucha de intereses territoriales y de dominio, entre dos reinos: Francia e Inglaterra, que guerrearon durante 116 años, del 24 de mayo de 1337 al 19 de octubre de 1453. El conflicto, de origen feudal, por posesión de tierras que anteriores monarcas ingleses habían ocupado en territorio francés, se resolvió con la derrota de Inglaterra, que siguió ocupando Calais, ciudad de la alta Francia, el lugar más próximo a Inglaterra. El final del dominio inglés sobre Calais llegó el 7 de enero de 1558).
La Santa Doncella de Orléans, nacida en el año 1412, fue una joven campesina que comandó el ejército francés contra el ejército inglés y sus aliados borgoñeses, logrando que se coronara rey de Francia Carlos VII de Valois. Fue capturada, el 23 de mayo de 1430 por los borgoñeses, nobles franceses aliados de los ingleses y entregada a estos. Procesada y condenada por herejía, fue quemada viva el 30 de mayo de 1431.
Cinematográficamente, la película de Dreyer sitúa al personaje ante sus jueces, hilando sin interrupción primeros planos de expresiones faciales: miradas, temblor de labios y pestañeos. Un oratorio mudo de imágenes que no necesita sonido para comunicar los más profundos sentimientos. La película de Rossellini es una reflexión de los sentimientos contradictorios de duda, ante el quebranto de la fe y el temor del sufrimiento ante el dolor de la muerte. La película de Bresson se expande más con su siguiente dearación: “Juana es la cifra de una operación misteriosa, la doncella prueba que existe un mundo cerrado para los hombres, que se abre para ella gracias a una ingenua alquimia de los sentidos. Saca a la luz la noche profunda en la que nuestros actos se realizan de ordinarios… El río de Ruán es lo contrario al río del olvido. Por miedo a las reliquias, sus cenizas fueron arrojadas al Sena. Con ello, y al mismo tiempo, Juana pasa a ser eterna”. Juana es, pues, –se comenta– considerada por Bresson, como una Santa, haciendo resaltar su conexión con un orden sobrenatural, y éste es uno de los pilares sobre los que descansa su película.
Se vuele a comentar: Para Bresson, Juana de Arco es un personaje moderno. Expeditivo como nosotros. Tiene esa sed de libertad y de independencia que tienen los jóvenes de hoy… Se trata de una mística, curiosamente libre e independiente, moderna, con ropa de hombre (los comentarios son citas del artículo Proceso de Juana de Arco, Ed. Ayama, Voz e imagen, No. 8, Barcelona, 1964).
¿Por qué la larga citar de Robert Bresson y de su película? Porque tanto Jeannette: la infancia de Juana de Arco (Jeannette: l’enfance de Jeanne d’Arc, Francia, 2017), con Jeanne Voisin, como Jeannette niña, y Lise Leplat Prudhomme, como Jeannette adolescente, y Juana de Arco (Jeanne, Francia, 2019), con Lise Leplat Prudhomme, de Bruno Dumont (nacido en 1958, en Bailleul, Norte de Francia), su realizador, son películas profundamente bressonianas, no porque se sepa que es considerado como heredero artístico de Robert Bresson, sino porque se nota en sus películas, inmediatamente, aunque se diga que sus largometrajes se encuentran en el límite entre el drama realista y la vanguardia, aunque se diga que tiene un sustrato de la filosofía griega y la filosofía alemana, aunque se diga que al recurrir a tomas largas y primeros planos de los cuerpos de los personajes e historias con desarrollo de emociones extremas, aunque se diga que sus películas se sitúan en el considerado nuevo cine francés du corps (del cuerpo), aunque se diga que su trayectoria incluye un enfoque de los estados de la corporalidad en sí mismos, independientemente de la exposición narrativa o la psicología del carácter, que Bruno Dumont es un realizador que tiene las maneras cinematográficas bressonianas, en el contenido y en la forma, porque le da al personaje de Juana de Arco una dimensión de profunda espiritualidad, propia de las mujeres místicas, quizá alienadas, pero al fin místicas, impregnadas de creencias en fuerzas sobrenaturales (Dios, voces espirituales) y de tener la fe y la posibilidad de comprenderlas y comunicarse con ellas, por medio de la revelación, particular práctica espiritual del alma.
La Moderna Oda a la Santa Doncella de Orléans de Bruno Dumont, nos introduce a un estado alterado de conciencia, en el buen sentido de su significado. Es un canto a capela y una danza musical de pureza existencial, con graciosos momentos de rap, quizá fuera de tono, en el que las plegarias a Dios, pidiéndole ayuda espiritual, para la consumación de un acto material: la liberación de un preciado territorio francés del dominio inglés, en una época histórica de transición del feudalismo al capitalismo. ¿Jannette: la infancia de Juana de Arco y Juana de Arco son la primera y la segunda partes de una trilogía? El tiempo lo dirá.
