A las 19:00 horas en punto, todos los días, desde finales de febrero, un grupo de médicos y expertos en diferentes temas relacionados con la epidemia de Covid-19 informan de los avances epidemiológicos de la enfermedad en el mundo y en México, de las medidas de prevención, de la forma en que el gobierno abastece de insumos al personal médico, de cómo se prepara para la siguiente fase; de aspectos psicosociales de la epidemia y responden a diversas preguntas, pero al día siguiente… se repiten las preguntas.

En la búsqueda de la noticia sensacionalista o de impacto (para no pecar de mal pensado), se pierde la esencia de la información que se desea llegue a la gente, en su lugar se queda lo anecdótico, los stickers y los memes que circulan en las redes sociales con distorsiones de la información.

Desconfía… que algo queda

Al margen de las preferencias políticas e ideológicas, el virus de la desconfianza permea en todos los estratos sociales y culturales del país, por lo que toda información oficial es digna de desconfianza e incredulidad… siempre que proporcione datos alentadores o positivos en cualquier aspecto; por el contrario, toda información proveniente de organismos y agencias noticiosas extranjeras es completamente creíble… siempre que no elogie las acciones del gobierno mexicano.

En el periodismo sí es conveniente dudar de las fuentes oficiales y no oficiales, se deben contrastar datos, verificar hechos, estadísticas, políticas de gobierno, recabar opiniones basadas en argumentos, no solo en percepciones o antipatías, de tal forma que se proporcione una información veraz y ponderada, que contribuya a construir la realidad.

Sin embargo, cada noche da pena ajena (mejor dicho, propia por provenir de periodistas) la reiteración de las preguntas sobre la suficiencia de insumos médicos, capacidades hospitalarias, pruebas de laboratorio y la conveniencia o no del uso de cubrebocas (para algunos interrogadores sí sería muy conveniente), entre otras cuestiones.

Mención aparte merecen las preguntas propias de la Santa Inquisición, que exigen los nombres de pacientes fallecidos (“porque es el enfoque humano”), que exigen se les dé la fecha precisa en que se tomarán medidas más estrictas para que la gente se quede en casa (¿cuándo se dará el toque de queda?, parecen preguntar) o se coincida con el inquisidor en reconocer la incongruencia del Presidente que sigue apareciendo en público.

Y claro, la cuestión anecdótica: el amigo de un primo de mi comadre tenía síntomas de covid-19 y no lo atendieron (así, sin ninguna referencia más) o no le han dado sus medicinas al vecino de mi amigo que vive en el norte. Entonces la conferencia se convierte en una oficina de quejas que pacientemente atienden los servidores públicos.

 

La mínima cultura médica

La información relevante queda reducida al número de enfermos y defunciones del día, pero siempre con la duda (razonable o no) de que se están ocultando cifras y no porque haya alguna evidencia al respecto, sino porque “eso es lo que siempre hace el gobierno”. Esta opinión se repite en redes sociales, con el insulto o descalificación por delante, que impide toda posibilidad de discusión.

Así, ya sea porque los dueños de los medios, los jefes de información o los reporteros tienen la consigna de buscar a toda costa la nota de primera con una declaración catastrofista de los voceros del gobierno, la información diaria en los medios, con contadas excepciones, se queda en lo superficial y en la descalificación a priori. Y esto también incluye a columnista y decidores de noticias en radio y televisión, que son expertos en todo: desde política, economía, finanzas, espectáculos y deportes, hasta cultura y ciencia.

Algunos de esos reporteros (se deja de lado a los aduladores e influencers) están dedicados a cubrir la fuente de salud y lo hacen con cierto decoro, porque están acostumbrados a reproducir las declaraciones de los funcionarios en actos oficiales como inauguraciones y conmemoraciones; así como a tomar boletines de avances médicos de centros de investigación o de laboratorios farmacéuticos. Pero realmente carecen de una mínima cultura médica.

Y esto lo vemos cada noche, porque al periodismo mexicano le falta ciencia pero no periodistas de ciencia, porque estos se encuentran en muchos medios nacionales y extranjeros en los que han demostrado su capacidad y conocimiento, pues han sido merecedores de premios internacionales.

Esos periodistas informan al público de los conocimientos y avances científicos y tecnológicos, y también tienen el propósito de contribuir a crear un pensamiento científico que aliente la conciencia crítica de la población, es decir que ni adulan ni descalifican a priori… pero están ausentes de casi todos los diarios impresos y electrónicos del país.

 

@RenAnaya2

f/René Anaya Periodista Científico