¿Cuándo y quién será el primero que presente la vacuna efectiva en contra del covid-19?, con la salvedad de que la primera no tiene por qué ser la mejor ni la única. La carrera está abierta y hay más de 100 laboratorios en distintas partes del mundo interesados en lograrlo. No obstante, la comunidad científica es pragmática, advierte que por lo menos en 12 a 18 meses esto no será posibles. Por el bien de la humanidad, que sea lo más pronto, bastante daño ha hecho ya la pandemia. En el extremo, hay quién pregunta: ¿y si no se logra la vacuna? ¿Qué hay que hacer?

Nunca antes en la historia del ser humano un solo problema había concitado tal cantidad de investigaciones, esfuerzo intelectual y económico. Tal parece que todo esto no ha sido suficiente para despejar el gran desconocimiento que existe en la peor crisis sanitaria en la segunda mitad del siglo XX y las primeras dos décadas del XXI. La pandemia –tan ignorada por varios mandatarios retrógrados en países de todos los niveles, desde un mentiroso extremista como Donald Trump hasta un derechista fanático como el brasileño Jair Bolsonaro, e incluso el titubeante (por decir lo menos), Andrés Manuel López Obrador que trata de salvar su responsabilidad endilgándole las decisiones definitivas a los gobernadores–, llegó acompañada de una oleada de desconcierto, información cruzada, desesperación y, hasta, por una “mala ciencia”.

Días pasados, el cotidiano chino South China Post ejemplificó el deterioro al que ha llegado la credibilidad científica sobre el particular: “La urgencia por hallar una vacuna contra el Covid-19 ha superado todos los límites conocidos. Cada día que pasa sin una solución cientos de personas mueren en el mundo”. La afirmación del periódico puede parecer una exageración aparte de una injusticia para la comunidad científica. De hecho, la ciencia siempre ha sido el único medio para avanzar en la solución de los graves males que atacan al ser humano, pero no está en sus manos resolverlos de un día para otro. En todo caso, la publicación citada recogió acertadamente el grado de estrés al que está sometido el mundo de la ciencia en esta crisis. Otras publicaciones, como la prestigiada revista Science advierte que los científicos están al borde de su disciplinada parsimonia y de su rigor metodológico en aras de lograr aceleradamente su objetivo: una vacuna, un tratamiento, una solución. El tiempo apremia.

El hecho es que los días pasan, los infectados aumentan y el balance mortal agrega, segundo a segundo, el número de cadáveres, y no encuentran la “milagrosa” vacuna o los medicamentos antivirales para prevenir o curar a los infectados. La gran esperanza radica en que los tiempos han cambiado y la ciencia, dígase lo que se diga, ha avanzado como nunca antes. Pero, los milagros son cuestión de fe y algunos enfermos milagrosamente han salvado la vida. En su momento, la vacuna hará lo suyo y entonces sí, los mandatarios presumirán que ya “domaron al virus”, no antes como algunos desvergonzadamente lo hacen.

Mientras tanto, no todos los políticos, hay que decirlo, se hacen los desentendidos. Así, la conferencia de donantes organizada por la Comisión Europea –a instancias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la institución tan despreciada por el presidente de EUA, Donald Trump–, para financiar el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus  consiguió el lunes 4 de mayo un total de 7,400 millones de euros, casi los 7,500 millones que se habían fijado de antemano. Esta cantidad servirá para financiar la primera fase del desarrollo de la vacuna. El costo de la producción y la distribución masiva mundial –para que llegue a todos los lugares del planeta y a todos los afectados–, seguramente quintuplicará esa cifra. El mensaje de los participantes en dicha conferencia es claro: que la obtención de la vacuna no se convierta en una poderosa (e interesada) arma geopolítica. Y que los más vulnerables no vuelvan a convertirse, una vez más, en los más olvidados.

La meta es que la vacuna se convierta en un bien público al que puedan acceder todos los países del mundo, desde los más ricos a los más pobres, a un precio asequible. El presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron aseguró: “Cuando se consiga una vacuna, será un bien público mundial. No pertenecerá a nadie y nos pertenecerá a todos”, palabras que fueron reproducidas con diferentes matices por otros líderes asistentes a la reunión.

Los buenos deseos de los mandatarios presentes en la conferencia contrastó con una destacada ausencia, la del presidente  de Estados Unidos de América, Donald John Trump, la única gran potencia occidental en faltar a la cita y que ya ha manifestado sus intenciones de encabezar la carrera en la consecución de la vacuna, en otra reinterpretación del American First. El extravagante inquilino de la Casa Blanca ha asegurado –pese a las prevenciones de la comunidad científica mundial–, que EUA tendrá la vacuna antes de que finalice 2020 y, en su año electoral, no parece que quiera compartirla, no al menos a coste razonable. Trump es empresario, lo ha repetido miles de ocasiones. Para él, los negocios son primero. Y, tal como pinta el horizonte para Trump, después del fallido impeachment y sus errores para enfrentar la pandemia, no sería nada raro que tratara de hacer “negocio” con la vacuna gringa, si es que un laboratorio estadounidense la fábrica primero.

Una vez más, la ausencia de EUA en la conferencia europea, abre otro vacío en la influencia del Tío Sam en el escenario internacional, en beneficio de la presencia de la República Popular China. Tan simple como que el presidente XI Jinping durante la 73 Asamblea Mundial de la Salud de la OMS, el lunes 18 de mayo, se comprometió a que una eventual vacuna china contra el coronavirus  se convertirá en “bien público mundial”. En un discurso retransmitido a través de video en Ginebra, Suiza, sede de la OMS, el jerarca chino indicó que su país dedicará 2 mil millones de dólares en un plazo de dos años para la lucha mundial contra el Covid-19. Movida de ajedrez que podría titularse “cuando la pandemia sirve a la política internacional”.

De todas las investigaciones que se llevan a cabo para perfeccionar la deseada vacuna, una de ellas, de creación china, desarrollado por la empresa privada CanSino Biologics en colaboración con la Academia Militar de Ciencias Médicas del paìs, es el más avanzado, en la segunda fase de pruebas. Para la misma necesitan 500 voluntarios de entre 18 y 60 años de edad que no hayan sido infectados por el coronavirus, los voluntarios habitan en Wuhan, cuna de la pandemia. Las pruebas terminaron el pasado 2 de abril. Pese a que los experimentos resultaron positivos, las autoridades chinas advirtieron que la posible vacuna no podría comercializarse hasta dentro de mínimo 12 meses. Además, la revista Nature, publicó un artículo en el que trata otra cuestión preocupante: “podría no ser físicamente posible fabricar suficiente vacuna para todos”, a lo que agrega el riesgo de que los países ricos acaparen las dosis disponibles en detrimento de los más pobres.

Por otra parte, científicos del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford anunciaron el lunes 18 de mayo, que el septiembre próximo ya podrían tener listos varios millones de dosis de la vacuna experimental para la Covid-19 que están desarrollando y que ha recibido el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates. De cumplirse con estas expectativas, aseguran fuentes médicas que podrían adelantarse varios meses a una vacuna similar desarrollada por la compañía china CanSino Biologics.

Miembros del proyecto del Instituto Jenner también informaron que su posible vacuna ha creado inmunidad a macacos Rhesus, un modelo animal muy utilizado en la investigación del coronavirus. Seis macacos no mostraron síntomas 28 días después de ser inoculados con el virus.

De tal suerte, estos resultados positivos son un espaldarazo a uno de los candidatos a vacuna que podrían dar frutos. De hecho, esta es una de las seis vacunas experimentales que están siendo probadas en humanos, según la OMS. Existen otros 77 fármacos, pero se encuentran en fases previas en las que se estudia su funcionamiento tanto en cultivos celulares como en animales.

No obstante, dicen los expertos, la inmunidad en monos no garantiza la misma protección en humanos, y de hecho estos animales no sufren síntomas similares a los que padecen las personas. Finalmente el jueves 14 del presente mes, los investigadores del Instituto Jenner inyectaron su vacuna a los primeros voluntarios, en un ensayo que se extenderá a 6,000 personas más, de entre 18 y 55 años de edad, y cuyos resultados se conocerían a fines de mayo. En tales circunstancias, como dice el investigador español de vacunas, Vicente Larraga, con experiencia de veinte años en la materia, “una cosa es tener una idea que parece buena y otra la realidad”. ¡Ojalá la realidad conozca el éxito en esta ocasión!. VALE.