Cherchez la femme

Durante estos últimos 10 años, en los que escribo de nuevo en la prensa y hago comentarios en radio, tv y en las redes sociales, sobre el acontecer internacional, me he referido reiteradamente a la presencia femenina, a la hora de las mujeres, en el mundo.

Alguno de mis comentarios los titulé Cherchez la femme, empleando esta exclamación de una novela de Alejandro Dumas, que aseguraba que la mujer está detrás —vale decir, es la autora o inspiradora— de acciones que se atribuirían a los hombres.

En esta búsqueda y descubrimiento —constatación— del protagonismo de las mujeres en los países y en el escenario internacional, mencioné a Hillary Clinton, Michelle Obama, Michelle Bachelet y Dilma Rousseff en América, como personalidades dignas de admiración en la década. Añadiría a Melania e Ivanka, esposa e hija de Trump, a las que, sin embargo, hace deslucir el personaje.

Ciertamente no puedo omitir entre las latinoamericanas, a Rosario Murillo, la poderosa cónyuge de Daniel Ortega, el corrupto presidente de Nicaragua; a la tormentosa, y también acusada de corrupción, Cristina Fernández, vicepresidenta de Argentina; y a Jeanine Àñez, presidenta provisional de Bolivia, que ha caído enamorada del cargo.

En otro artículo mío de años atrás: ¿Hora de las mujeres en la Aldea global? me referí a mujeres destacadas de Asia, comenzando por mi admirada Aung San Suu Kyi, La Dama, que después de 25 años de lucha política, enfrentando a los militares de su país, Myanmar —antigua Birmania—, ganó, con su partido las elecciones y es protagonista central en el gobierno.

Premio Nobel de la Paz en 1991, el prestigio de La Dama ha sufrido, sin embargo, un serio menoscabo por su inacción ante el genocidio cuya víctima es la etnia musulmana rohingya, birmanos a los que no se reconoce la nacionalidad, y que, para escapar de la violencia, han tenido que huir —un millón de ellos lo ha hecho— a la vecina Bangladesh.

Me referí también a Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán, independentista y, por consiguiente, enfrentada al permanente acoso de China a la provincia rebelde, como considera Pekín a la Isla. La Pequeña Ing, posee un doctorado (PhD) en derecho por la London School of Economics and Political Science y es hoy una de las líderes destacadas mundialmente por su manejo de la crisis derivada del coronavirus, lo que comentaré más adelante.

Aunque no se trata de dirigentes políticos, amerita destacarse la presencia de mujeres empresarias al frente de poderosos consorcios en China, a pesar de que la equidad de género es una asignatura pendiente, que desentona con la tradición del país. Por eso amerita mencionar, en primer lugar, a Yang Huiyan, la mujer más rica de Asia y con fuerte participación en empresas cuya capitalización de mercado excede los 35,000 millones de dólares.

Pansy Ho es otra empresaria, accionista de múltiples empresas, destacadamente los casinos de Macao, 19 de los cuales, entre ellos el más importante, pertenecen a un consorcio de su padre —otra empresa en la que Pansy tiene acciones—, salió a la bolsa en China reportando alrededor de 1600 millones de dólares. Hay que mencionar, por último, a Wu Yajun, la segunda mujer más rica de China y primera emprendedora del mundo, temprana inversionista en empresas como Uber y Evernote, y con un patrimonio neto calculado en 11,200 millones de dólares.

También hay mujeres que gobiernan en Asia cuya imagen es negativa: una, a la que había yo elogiado hace cuatro años, es Park Geun-hye, presidenta de Corea del Sur desde 2013 hasta su destitución en 2017, implicada presuntamente en una trama de tráfico de influencias.

La otra mujer es Carrie Lam Jefa Ejecutiva de Hong Kong desde 2017, en cuya gestión se ha sometido a los designios de Pekin, que aprovechando la lucha contra el coronavirus aprehendió a líderes de la oposición democrática. De ahí que los hongkoneses denuncian “la traición y capitulación de Carrie Lam ante China”.

Respecto al África, en el Magreb mencioné a Nabila Munib, la Pasionaria Marroquí, líder del Partido Socialista Unificado, quien mantiene una fuerte presencia en el escenario político del Reino. También me he referido a Túnez, a Souad Abderrahim la primera mujer alcaldesa de la capital y a las mujeres, que, en el parlamento, el poder judicial y las redes sociales han conquistado derechos que garantizan la igualdad de género y hacen que no muera la Primavera Árabe, nacida en 2011, precisamente en ese pequeño país.

África subsahariana puede, igualmente, gloriarse de mujeres valiosas entre las que destaca la liberiana Ellen Johnson-Sirleaf, primera mujer presidente electa en África (2006-2018) y Premio Nobel de la Paz, en 2011, que compartió con Leymah Roberta Gbowee, activista, también liberiana, encargada de organizar el movimiento de paz que puso fin a la Segunda guerra civil de su país, en 2003.

Aunque al igual que otros continentes, el africano es escenario de indeseables, como Grace Mugabe —que el pueblo llamaba Disgrace—, codiciosa sin límite, millonaria corrupta y con pretensiones de suceder a su decrépito marido, Robert Mugabe, presidente de Zimbawe, por fortuna defenestrado y ya fallecido. Es el caso también de Isabel Dos Santos, hija del expresidente de Angola, considerada la mujer más rica de África, beneficiaria del nepotismo y acusada de corrupción.

Europa cuenta con una pléyade de mujeres influyentes en la política, las finanzas y en la sociedad civil, las que, por estar presentes, de manera habitual en los medios mexicanos y en los extranjeros que se consultan en el país, no requiero mencionarlas -aunque más adelante haré comentarios de algunas de ellas.

Me concreto, en todo caso, a mencionar a Ángela Merkel, admirable mujer y estadista impar, que conduce a Alemania y orienta al mundo en lo que va del siglo XXI. También a Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, que ha luchado denodadamente para que la Unión Europea establezca mecanismos de apoyo financiero a sus miembros más necesitados. Respecto a la villana de Europa, una buena elección sería la de Marine Le Pen, la política francesa de ultraderecha y eurófoba, con amplios índices de aceptación en su país.

Quiero referirme, por último, a Natalie Portman, la excelente actriz, que tiene la nacionalidad israelí, fue galardonada a fines de 2017 con el Premio Génesis —el Nobel judío— por su trayectoria profesional y “su compromiso con los valores judíos y el pueblo judío”. La actriz decidió no acudir a la entrega del premio, como crítica a los líderes políticos —léase Netanyahu—, “no a Israel”, aclaró, ante acontecimientos en la frontera con Gaza que dejaron un saldo de 38 palestinos muertos y miles de heridos.

 

Mujeres contra Trump

En noviembre de 2018, las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos me dieron oportunidad de referirme nuevamente a la presencia y al protagonismo de las mujeres en la vida pública, en primer lugar porque más de 500 mujeres compitieron por un escaño, de las cuales más de 100-107 —resultaron electas— mientras que la cifra record de curules obtenidos por mujeres en el pasado fue de ¡apenas 24!, en 1992. Las gobernadoras aumentaron de 6 a 9.

Más importante aún son los perfiles de las electas: su etnia —o raza—, religión, cultura y nivel socioeconómico. En un país en el que un enorme segmento.de su población —¿la mayoría?— considera, erróneamente, como parte de su ADN el cristianismo y la raza blanca, el ser una nación de WASP´s, se eligió a latinas, nativas —indígenas— estadounidenses, afroamericanas, musulmanas, y una bisexual y atea.

Lo único disonante fue la elección de una senadora republicana que apoya la construcción del muro en la frontera con México y las leyes antiinmigración; y que es, por consiguiente, trumpista.

Las indígenas electas, Sharice Davis y Debora Haaland, son las primeras en los más de 230 años de historia de los Estados Unidos. Las afroamericanas fueron Ayanna Presley, Jahana Hayes y Laureen Underwood. Kyrsten Sinema, senadora demócrata por Arizona, bastión republicano desde 1976, es quien se declaró bisexual y atea. Marsha Blackburn es la única, como republicana, que apoya a Trump y sus agresiones a México.

Las representantes musulmanas son Rashida Tlaib, hija de inmigrantes palestinos e Ilhan Omar, de origen somalí, cuya historia es dramática, pues huyó con su familia de la guerra en su país, vivió cuatro años en Kenia, en un campo de refugiados y llegó de 12 años a los Estados Unidos.

Tres latinas fueron electas: Verónica Escobar y Sylvia Garcia, demócratas de Texas y las primeras mujeres electas en un estado cuya población es latina en un 40 por ciento, y Alexandria Ocasio-Cortez, originaria del Bronx, hija de puertorriqueños, de orígenes modestos.

La historia de esta joven registra tanto su trabajo de mesera en un restaurant mexicano, el que haya podido estudiar en la universidad de Boston, sus tareas de activista social, en las que apoyó a Bernie Sanders durante su campaña por la candidatura presidencial demócrata en 2016 y en este año; y el que sea la congresista más joven —electa a los 29 años de edad— de la historia parlamentaria de Estados Unidos.

Su carisma y su agenda progresista: impulsa el Medicare —servicios médicos— para todos y la abolición de la ley de inmigración, entre otras propuestas a favor de los marginados, le auguran un brillante futuro político: ¿la candidatura presidencial de una latina? Por lo pronto, ha estado muy visible y precisa en sus críticas a Trump, al grado de que la cadena Fox -la derecha nativista, fervorosa partidaria del presidente- la ha hecho objeto de torpes burlas.

 

Las mujeres líderes en tiempos del coronavirus

  • El prólogo de los malvados y los torpes

Las muertes y enfermos, los graves riesgos, la desorientación y los temores producidos en la sociedad civil por la pandemia, han permitido que los torpes y los malvados, entre quienes dirigen los países, se aprovechen para silenciar protestas y someter inconformes, y para aumentar y endurecer su poder sobre los pueblos que gobiernan. Sin contar con las dosis de estupidez que intentan hacer tragar a sus gobernados.

En la lejana Asia la China de Xi Jinping se lanza en una ofensiva de diplomacia humanitaria, traducida en la producción de tapabocas y otro material médico, que llega a diversos países, siguiendo “las rutas de la seda de la salud”, mientras se enderezan críticas a la pobre e insolidaria gestión de los gobiernos de Europa en el auxilio de los países de la Unión a los que han sido víctimas de la pandemia -Italia en primer término. Al mismo tiempo, Pekín aprovecha para silenciar inconformes y otros “peligrosos”, así como para acallar y, si fuera necesario, hacer desaparecer opositores en Hong Kong.

En Europa los autoritarios disfrazados de demócratas emplean toda clase de argucias, para plasmar en la ley facultades que les permitan gobernar por decreto, en un período indefinido, como es el caso, que he tratado reiteradamente, de Viktor Urban, el dictadorzuelo magiar. Como es también el caso de la mafia católica ultramontana, que gobierna Polonia y, que, con el pretexto del Covid-19, organiza elecciones en mayo, por correo, sin garantía alguna de que sean libres y limpias.

Nuestro continente también es escenario de maniobras —y de torpezas— de gobernantes con el pretexto del coronavirus: En Bolivia el gobierno está aprovechando la cuarentena que impone la pandemia para hostilizar al partido de Evo Morales y la presidenta interina Jeanine Áñez, enamorada de la presidencia, para posponer, sine die, la elección presidencial. Bolsonaro en Brasil para hacer cambios en el gobierno y, desestimando los riesgos de la pandemia, para organizar con sus partidarios, mítines que lo apoyen. Están, en fin, las declaraciones irresponsables de Trump, recomendando consumir detergente e inyectarse desinfectantes como vacuna contra el coronavirus, que han dado lugar a múltiples consultas, en Nueva York, y también en el Estado de Maryland preguntando sobre las recomendaciones del presidente.

Irresponsable Trump, que imita a Mike Sonko, el gobernador de Nairobi que reparte coñac, como medicamento contra la pandemia.

 

  • La mujeres contra el coronavirus

Después de la extensa, en demasía, reseña de la participación de las mujeres en la política y la sociedad en el presente siglo, el mejor epílogo de mi colaboración es referirme a la actuación de ocho líderes políticas, de tres continentes frente a la pandemia que hoy amenaza a la humanidad entera.

Sigo en estos comentarios a Avivah Wittenberg-Cox, prestigiosa analista experta en equidad de género, cuya lista de mujeres dirigentes de sus países, que enfrentan el coronavirus incluye a Alemania, Taiwán, Nueva Zelanda, Islandia, Finlandia, Noruega y Dinamarca; a las que añado a Bélgica.

La experta que menciono destaca las cualidades de previsión, la empatía,la estrategia inteligente y la capacidad de convencer a sus conciudadanos, que poseen las dirigentes de Islandia, Katrín Jakobsdóttir, Sanna Marin, de Finlandia, la noruega Erna Solberg y  Mette Frederiksen, de Dinamarca —yo incluiría en este grupo a la primera ministra belga, Sophie Wilmès—.

De Ángela Merkel, la canciller alemana, que encabeza la lista, nuestra experta destaca que, desde la temprana aparición de la pandemia, enfrentó a sus gobernados con la realidad, y partiendo de la realidad echó a andar la estrategia de protección de la sociedad alemana, cuyos resultados positivos, mejores que los de sus vecinos europeos —sin hablar de los dramáticos de Italia sobre todo— son palpables.

De Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán, Wittenberg-Cox destaca la velocidad de su reacción ante la primera señal del Covid-19, introduciendo 124 medidas que impideran su propagación e hicieran innecesarias las que otros países se han obligado a imponer. La estrategia, elogiada por CNN, ha reducido a 6 el costo de vidas.

Probablemente la vedette de estas mujeres líderes sea la neozelandesa Jacinda Ardern, quien también actuó temprano —había apenas seis casos en el país— y de manera contundente, con muy buenos resultados. De ella destaca Helen Clark, otra prestigiosa primera ministra (1999-2008), su empatía y la claridad de sus mensajes, al mismo tiempo relajantes. La gente —añade Clark— siente que Ardern “no les predica, está con ellos.”

Dice Wittenberg-Cox que, a diferencia de los “Trump, Bolsonaro, Obrador, Modi, Duterte, Orban, Putin, y Netanyahu”, autoritarios, que culpan a otros, capturan a los otros poderes, demonizan a los periodistas, las mujeres líderes hacen sentir “como si sus brazos salieran de sus videos para abrazarte en un abrazo sincero y amoroso”.