Entrevista con Victor Alarcón, UAM Iztapalapa

“México vive tiempos de zozobra” reza un mensaje conjunto lanzado por nueve gobernadores de Acción Nacional quienes se reunieron en Dolores Hidalgo para lanzar una alerta sobre la crisis económica generada por la pandemia del coronavirus y sus graves consecuencias. En el comunicado, los mandatarios estatales exigieron un nuevo pacto fiscal que permita atender la crisis de salud y la situación económica dentro del marco del federalismo, garantizando la libertad y la democracia, entre otros puntos.

En respuesta, el mandatario veracruzano Cuitláhuac García los acusó de “separatistas y golpistas”. En un primer momento el presidente López Obrador dijo que no caería en dimes y diretes y que la acción de los gobernadores tiene tintes electorales. Además presentó una supuesta conspiración del Bloque Opositor Amplio (BOA), en contra del gobierno federal y ennumeró una serie de eventuales alianzas electorales en contra del mandatario.

Luego de que esa supuesta confabulación fuera cuestionada por propios y extraños, el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, respondió que la vigilancia sería mutua “en el manejo de los recursos públicos, de los recursos humanos y de los gobiernos frente a los procesos electorales”. Dijo que los gobernadores del PAN se apegarán a la ley y que “si alguien se dedica a hacer política, no solo con estas descalificaciones contra nosotros sino en favor de su propio partido, es el propio presidente”.

Cuestionado sobre las demandas de los gobernadores panistas, el doctor Victor Alarcón Olguín, especialista en ciencia política y también investigador de la UAM Iztapalapa, dijo que los gobernadores hacen es hacer valer los intereses que representan en sus estados.

Destaca que con la alternancia que vivimos, “el problema del actual del presidente es que no genera un mecanismo fluido de diálogo, por lo que hay la inquietud de los gobernadores —de origen distinto al partido gobernante—, que han resentido ese cambio en el nivel de diálogo—. Los gobernadores del PAN han adoptado una postura más articulada respecto a buscar un trato distinto en temas como el fiscal, de seguridad, el apoyo con el marco de la pandemia, de recursos de la salud y otros que han sido producto de esta dinámica que no es reciente”.

Rememora que a pesar de que se dieron procesos en el pasado para que hubiese transferencia de funciones públicas, como en la educación, que implicaría que los estados se hicieran cargo de su financiamiento, esa desconcentración en vez de federalizar, se fue concentrando. Hoy, advierte, el concepto nacionalización es un sinónimo de centralización.

“Por ello los gobernadores de Acción Nacional asumen que debe darse un replanteamiento muy serio de varios elementos en cuestiones como el pacto fiscal. Los gobernadores del PRI, han sido ambivalentes, en algunos casos han optado incluso por tener un acercamiento con el presidente, han tenido más cautela, aunque está el caso del gobernador de Coahuila que entró en interacción con el de Tamaulipas y Chihuahua, por cuestiones de la pandemia y la cuestión fiscal”, asevera.

Al referirse a la alusión que hiciera López Obrador de que estaría atento a que los gobernadores no metieran mano en el próximo proceso electoral y que sus declaraciones tienen un tinte electoral de cara a los próximos procesos, Alarcón Olguín lo consideró como un elemento de disrupción, que está pasando a otro nivel, “en donde ya no se busca la eficiencia o una sana distribución de los recursos públicos, sino que esta situación se empieza a contaminar por los comicios próximos y donde los argumentos de uno y otro lado, ya no se van a colocar en una adecuada ruta de resolución.

Advierte: “Lamentablemente el tren ya salió de la estación y más bien lo que iremos viendo es el incremento de este tipo de roces, lo que va en demérito de la propia estabilidad, —de por sí la tenemos muy precaria en muchos aspectos—, para que se abone un conflicto entre gobernadores y el presidente, pero ese es el nivel de nuestra clase política que no logra hacer una diferenciación adecuada entre lo que deberían ser condiciones para facilitar respuestas de manera integral a los problemas del país y acabar con  el faccionalismo y el particularismo de la rentabilidad coyuntural del proceso electoral”.

El especialista en ciencia política y administración destaca que hay muchos temas que tienen al país en el rezago y que urge sean atendidos, sin embargo, asevera, la única fórmula que tiene el presidente es suponer que debe haber una absoluta sumisión de parte de los gobernadores.

“Es una desafortunada lectura del presidente de como construye su relación política y que fue catapultada por la pandemia que sacó a relucir la descoordinación que prevalece en muchos sentidos, con respecto a temas como el manejo de los semáforos, la  coordinación sobre las políticas de salud. Ahí está el encontronazo entre el presidente y el gobernador de Jalisco. Hay un vacío de comunicación que debería de ser atendido de otra manera desde la presidencia, para retomar la fluidez, que se reactive de manera más dinámica y el diálogo a partir de la Conago”.

 

AMLO genera intolerancia

Al cuestionarle el hecho de que pese a las acusaciones que hace, el presidente ya está metido en el proceso electoral, polarizando y donde gobernadores y legisladores acusan a los mandatarios estatales panistas de “golpistas” y se dan a conocer supuestas confabulaciones en contra del gobierno federal, el doctor Alarcón Olguín señala que se trata de un mal entendimiento de los derechos constitucionales, lo que resulta muy preocupante.

“Cuando hay con una lectura tan limitada del régimen de garantías y libertades constitucionales, es preocupante, porque se genera intolerancia. Basta recordar que ya ha habido intentos de regulación que se han parado en las cámaras por la respuesta de la opinión pública, ha habido una respuesta poderosa de los propios medios y de la ciudadanía para detener estas situaciones”.

Apuntó que si se insiste en acabar con la mínima crítica o la organización politica, previo a las elecciones o fuera de estas, se restringirían derechos y muchas libertades. “Llegar a ese nivel de control o de manipulación de la información para posicionar a uno de los actores de la contienda, en este caso el gobierno, es una gran regresión, son los tiempos del bozal que ejercía la secretaría de Gobernación, violentando garantías mínimas que nos otorga la Constitución. Desgraciadamente, apuntó, en este momento no podríamos tener la garantía de presentar estas quejas a la CNDH, ya que su titular responde al presidente, lo que es una preocupación más, porque entonces la justicia podría ser selectiva e incluso persecutoria de estos aparatos de estado. Por eso hay que alzar la voz y advertir que es un contrasentido de que se llenen la boca con la democracia, y de que son distintos, cuando en realidad hay una regresión y se corre el riesgo de que si no hay una adecuada aplicación de estos instrumentos, cualquier oposición pudiera caer incluso en el nivel de un delito político”.

Por ello, reconoce Alarcón Olguín, el presidente resiente estos pronunciamientos, ya que permiten una lectura muy distinta a la que el mandatario quisiera tener como monopolio mediático y cuando está en la búsqueda de  ampliar su presencia.

“Ver los números en las encuestas que muestran las malas decisiones y la ambiguedad con que ha atendido la pandemia, el que haya perdido un apoyo sustancial en sondeos y encuestas, lo hace buscar recuperar el espacio perdido pero ello implica un tipo de trabajo político que el presidente no quiere hacer, quiere ahorrarse el trabajo de tener que negociar.Lo cierto, es que el presidente no quiere cambiar”, consigna.

Recalca que busca mantener sus mismas bases de comunicación y operación política “pero cuando la mitad del país sigue en manos de partidos opositores, le dificulta tener el monopolio de la verdad o de la acción pública. Por ello cuando aparece este grupo de gobernadores o cualquier cualquier otro, la respuesta del presidente es la misma, una lectura muy limitada, intolerante”, advierte.

De ahí, la falta de disposición de López Obrador, “de decir sí, pero no en este momento o no cuando ustedes quieren, el rehuir al diálogo, ahonda esta exacerbación y molestia. Lo cierto es que el presidente tiene el ADN priista, es un político de viejas hechuras. De ahí su concepción del poder por eso choca con las nuevas generaciones que se formaron en la transición con mayores libertades, con mayor pluralidad. Los quiere meter en el viejo molde y por eso cuesta trabajo pensar en regresar a muchas de estas formas políticas que se suponía habíamos superado”, finaliza.