Relámpago sobre el agua (Lightning Over Water, Alemania 1980) de Wim Wenders (14 de agosto de 1945, Düsseldorf, Alemania) y Nicholas Ray (7 de agosto de 1911, Wisconsin, Estados Unidos-16 de junio de 1979, Nueva York, Estados Unidos), extraordinaria rapsodia cinematográfica, impregnada de un triste lirismo poético, me conmovió, cuando la vi por primera vez (2001). Me sigue conmoviendo, cada vez que la vuelvo a ver.
La conmoción fue tal que me propuse escribir sobre el cine de Nicholas Ray, un bebedor y fumador empedernido. De regreso a casa, una calurosa noche de julio, me dio sed y entre a un Bar. Pedí una cerveza. Bebí un largo trago y comencé a escribir, mientras me tomaba varias cervezas, no sobre la película, sino sobre el anciano rostro de Nicholas Ray, inspirado en Octavio Paz (a propósito de Rainer María Rilke): “Ahí te veías, en el celuloide, por última vez, en vida. No pensabas en la muerte, en tu propia muerte. Te resistías a morir por tu innata necesidad de seguir creando. ¡Oh Nick, contemplabas lo Abierto! Sí, lo Abierto, con mayúscula, donde no hay más acá, ni más allá, sino la unidad entre la vida y la muerte, “al contrario de nosotros, que jamás vemos hacia adelante, hacia lo absoluto”. Al contrario de nosotros, que volvemos el rostro para no ver la muerte, tú la vez de frente, ante la cámara de cine funcionando, captando tu angustia contenida. Sin miedo la contemplas y te Abres vitalmente a la vida, “que es una totalidad que la lleva en sí”.
Guardé lo que escribí. Llegué a casa y me “eché” a dormir. Al amanecer, desperté, cuando soñaba que entraba a “La Bomba” (así se llamaba el Bar, ubicado en Insurgentes Sur 158-A, en la periferia de la Glorieta del Metro Insurgentes. En el sueño, el Bar era un pequeño Museo de Cine, dedicado a Nicholas Ray. Al fondo, bajo una fotografía en la que se veía a Nick con Ava Gardner, en el rodaje de 55 días en Pekin (Fifthy days at Pekin, Estados Unidos, 1953), custodiados por el Ángel Damiel (Bruno Ganz) de la película Las alas del deseo (Der Himmel über Berlin, Alemania-Francia, 1987) de Wim Wenders, y por Jesús (Jeffrey Hunter) de la película Rey de Reyes (King of Kings, Estados Unidos, 1961), de Nicholas Ray), se leía lo siguiente: “Puede uno preguntarse si Ray no cede a un romanticismo fácil. Romanticismo de la derrota, del absurdo, de la desesperación, en una palabra, de la lástima de sí mismo que sólo podría justificar la discreción, la poesía, la infinita humanidad del lirismo. Ese lirismo, en principio contenido, ha evolucionado hacia una vehemencia barroca a medida que las tenciones se afirman en el seno de la visión del autor. No debe olvidarse que Ray es norteamericano, que su pesimismo no es nunca absoluto o de tipo nihilista, sino que por el contrario supone la adhesión a valores positivos cuya nostalgia favorece a la actitud crítica”.
Del lado izquierdo, había carteles publicitarios de sus clásicos films noir: Viven de noche (They Live by Night, Estados Unidos, 1947), con Cathy O’Donell y Farley Granger, La muerte en un beso (In a Lonely Place, Estados Unidos, 1949), con los míticos Humphrey Bogart y Gloria Grahame, y Odio en el alma (On Dangerous Ground, Estados Unidos, 1950, con Ida Lupino y Robert Ryan. Una voz explicaba: “En ellos hay una inquietante, estimulante mezcla de realismo y expresionismo, en donde la composición es preferida a la acción física. El acribillamiento, por ejemplo, de Farley Granger, en Viven de noche, tiene la marca de un ritmo mesurado, una ira controlada y una atmósfera opresiva que nos permite descubrir el desarrollo de la escena cinematográfica en torno al actor. Las fuerzas de la desintegración de la identidad personal son evidentes”.
Del lado derecho, había fotogramas de sus clásicos westerns Mujer pasional (Johnny Guitar, Estados Unidos, 1953), con Joan Crawford y Sterling Hayden, Sendas amargas (Run for Cover, 1954), con James Cagney y Viveca Lindfors, y La leyenda de los malos (The True Story of Jesse James, Estados Unidos, 1956), con Robert Wagner y Jeffrey Hunter. Otra voz explicaba: “El encuentro de Nicholas Ray con el mundo de la epopeya y de la aventura colectiva nace de manera necesaria y accidental. La épica y la aventura son marco, por ejemplo de Mujer pasional, uno de los más bellos poemas de amor jamás filmados. El delirio que aporta sobrepasa con mucho las tradiciones del género. Las mujeres son más duras que los hombres (la Crawford se ve libre y grandilocuente). El interés y el lirismo aportado por Ray, en su realización, han acabado por adelantado con las posibles objeciones.”
En la esquina, se veía una proyección en pantalla de la secuencia inicial de la película La mujer codiciada (The Lusty Men, Estados Unidos, 1952), con Susan Hayward y Robert Mitchum, usada por Wim Wenders, para tributar a Nick, la cual significa que no hay como la alegría de volver a casa. El sueño acabó cuando, ya de mi salida del Bar, desde el techo, el personaje que interpretó Anthony Quinn, en Salvajes inocentes (The Savage Innocents, Estados Unidos, 1959), decía, más o menos: “El cine de Nicholas Ray es de tal sensibilidad dramática, que exalta el lirismo de la violencia, la absoluta soledad y la certeza de que la tristeza es amarga”. Su película Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, Estados Unidos, 1955), con James Dean y Natalie Wood, es un himno dedicado a la violencia sin ideales de la adolescencia contemporánea, de aquella época y quizá de todas las épocas.
Tenía que leer el comentario de alguien, sobre Relámpago sobre el agua, para tratar de salir de mi extrañeza, a la que me había conducido la visión de la película. Recurrí a Rafael Medina de la Serna: “Cinta que trata sobre los esfuerzos del veterano director [Nicholas Ray] por realizar una última película; el resultado es justamente el filme que apreciamos, una dotada elegía fílmica de un inquietante significado, a la vez que presenta el más emotivo homenaje de Wenders hacia una vida dedicada al cine hasta la muerte”.
Llegué a las siguientes conclusiones: Nicholas Ray fue un hombre más solitario que rebelde, con gran capacidad para expresar destellos poéticos en el cine. Wim Wenders así lo entendió. El amigo americano (Der amerikanische freund, Francia-Alemania, 1977) de Win Wenders, en donde Nicholas Ray interpreta a un falsificador de obras de arte, parece ser una película supervisada por Nicholas Ray, dejando en libertad al discípulo para narrar, con su propio estilo, un contenido delirante de remordimiento de conciencia de un personaje rayniano, interpretado por Denis Hooper. Relémpago sobre el agua es, tal vez, continuación del El amigo americano, en la que Wim Wenders interpreta el personaje de Denis Hooper.
Nicholas Ray declaró que la única manera de aprender cine es haciendo una película. Le doy toda la razón. Por mi parte, siempre quise aprender a hacer cine viendo sus películas y lo sigo haciendo. Me faltan algunas por ver. Por ejemplo: La rosa del hampa (Party Girl, Estados Unidos, 1958), punto de partida de muchos, para escribir sobre el lirismo en el cine.
