La negligencia en amplios sectores de la población resulta fúnebre, como un relato terrorífico, aunque basado en la realidad que no en la ficción, el número de muertos y contagiados por coronavirus se amplía exponencialmente. Muchas estampas al respecto confirman una especie de suicidio, hasta el 2 de noviembre ya el país rondaba los cien mil decesos, en el mundo son 46 millones de contagios y en América 20.6.

Las cifras dimensionan los estragos de la pandemia que no cede, al contrario, en Europa regresó con mayor fuerza el rebrote que ya ha generado consecuencias como el toque de queda, insuficiencia de hospitales y manifestaciones contra el confinamiento.

En México los números se aproximan a los cien mil de acuerdo con datos oficiales, seguramente serán más, aunque las recomendaciones del sector salud para evitar los contagios son reiteradas lo que realmente espanta es la indiferencia de amplios sectores, el desdén por la salud y las reuniones multitudinarias sin sana distancia, sin cubrebocas, aunque sí con un evidente egoísmo.

Recién en Michoacán, una entidad en la que el Día de Muertos representa una multicolor estampa ancestral arraigada en la cultura popular, mucha gente se volcó para participar de fiestas en el centro de Morelia el sábado 31 de octubre y el domingo 1, el zócalo de la capital michoacana registraba numerosa cantidad de personas, familias enteras, algunas con disfraz o personificadas de catrinas y catrines.

En la zona Lacustre, en donde la tradición legendaria adquiere una importancia superlativa en el Día de Muertos, aunque se hicieron los exhortos y en la isla de Janitzio se negó el ingreso de turistas se presumió el arribo de 60 mil turistas, de acuerdo a lo que reportó la prensa local.

La negligencia irresponsable siembra más contagios, la ausencia de conciencia es obvia, aún con las cifras que representan verdaderos dramas humanos todavía hay gente que duda acerca de la existencia del coronavirus porque deslizan presuntas teorías conspirativas del nuevo orden.

México no asumió, con sus autoridades, un manejo responsable de la pandemia desde el inicio, aunque ahora destaca más la irresponsabilidad de las personas que parecen acudir a una especie de suicidio.

No vivimos una nueva normalidad porque todo lo relacionado con la pandemia y sus consecuencias es anormal, la angustia, pánico y desinformación también provocan desaguisados; se ha incrementado la violencia intrafamiliar, el desempleo y el hartazgo.

En Europa el rebrote avanza imparable en Francia, España, Alemania, Reino Unido, República Checa, Austria, Hungría, Bosnia y Eslovenia, las manifestaciones contra el confinamiento se han multiplicado.

Este año 2020 ha sido oscuro, por decir lo menos, la proliferación del virus nos ha robado momentos, proyectos, certidumbre y arrebata vidas.

Estamos ya en un proceso electoral que terminará el próximo año, es conveniente que los aspirantes a cargos de representación popular muestren su empatía y generosidad porque es irresponsable convocar a reuniones masivas aún a sabiendas de lo que puede suceder ante la letalidad del Covid-19.

La responsabilidad y empatía son dos elementos que parecen no tener potencia en nuestro país, el observar a tantas personas exponerse al contagio valida esta impresión, días difíciles, desolación y zozobra.