México se vio retratado en el asalto al Congreso de Estados Unidos. El discurso de un presidente enloquecido, instigador de la violencia y la división, mentiroso, golpeador de las instituciones, era exactamente igual al que escuchamos todos los días desde las “mañaneras”.

López Obrador debió haber estado pegado al televisor aplaudiendo la irrupción de las turbas en el Capitolio. Su amigo y cómplice, Donald Trump, parecía estar siguiendo sus consejos: “incendia, no aceptes tu derrota, que se vayan al diablo todos, tú eres el presidente legítimo”.

Trump quedó retratado ante el mundo como el gran depredador de la democracia y el principal dinamitero de su patria.

El mensaje y la lección para México son inevitables: Aquí, hay un “Trump mexicano”, un bandolero dedicado a asaltar la Constitución y el progreso, un ladrón de la integridad nacional, y una alianza opositora –“Va por México”– está obligada a poner un alto a la embestida institucional.

No tenemos, lamentablemente, una 25ª enmienda que permita deshacerse de un presidente incapaz de ejercer el cargo. La única forma de poner un freno al presidencialismo autoritario y personalista que tenemos, es quitando poder a su partido en el Congreso con candidatos de la más alta calidad política y moral.

Muchos diputados y senadores de Morena, –más de los que suponemos–, tienen antecedentes penales. Fueron designados, pese a tener vínculos con el crimen organizado, con todo y ser secuestradores, violadores, asaltantes o falsificadores.

Hoy en Morena están aplicando las mismas reglas. El dedo del “gran elector” ordena imponer como candidato al gobierno de Guerrero a un abusador sexual como Salgado Macedonio y a la gubernatura de Michoacán a un incendiario de catedrales como es el alcalde de Morelia, Raúl Morón.

Hay secretarios y subsecretarios de Estado que bien podrían estar en una celda. La honradez de Manuel Bartlett, la probidad de Irma Eréndira Sandoval, la integridad de Hugo López Gatell, no resisten la menor prueba.

El poder en México está, como nunca,  en manos de una clase política con un perfil delincuencial que gobierna –como Trump– con arrogancia, prepotencia, cinismo y al margen de la ley.

El país vive en medio de una tragedia no solo política, económica y sanitaria, sino, sobre todo, moral. Hay un régimen que se nutre de carroña, que utiliza la bandera de la honestidad para ocultar las huellas de su putrefacción y el reto de la alianza opositora es presentar candidatos honorables cuyas hojas de vida contrasten con las fichas criminales de Morena.

Nunca antes, elegir correctamente a un contendiente había sido tan importante y estratégico. Impedir el avance de la deriva autoritaria, que está por devorar a la nación, depende de tener competidores probos cuyo simple rostro y mero nombre estimulen al electorado a votar por una opción democrática.

Para decirlo rápido: candidatos y candidatas serán el rostro y el alma, el sello de la alianza “Va por México”. Sus biografías serán el pasaporte o el fracaso a la transición, a poner un alto al “Trump mexicano”.

@PagesBeatriz