Con el pretexto de seguir hablando de las mujeres, en esta colaboración se insinuan dos temas, uno, el principal: la inclinación, que llega a atavismo, que tenían los griegos y, en especial, los atenienses de encontrar, definir y desarrollar los más altos valores que conforman la cultura occidental; por tratarse de los griegos, no es exagerado decir que son la máxima creación del género humano. Una vez que los encontraban y afinaban, esos mismos griegos se encargaban de destruirlos o desvirtuarlos.

El otro tema al que aludo, que llega a pretexto, es la referencia que hago a uno de los más bellos mitos de la antigüedad: el relativo a Penélope, la casta Penélope, esposa del astuto y falaz Ulises u Odiseo. Escribiré de una una heroína discreta, prudente y fiel. Esa es la opinión prevaleciente.

Los griegos alcanzaron los más altos niveles del pensamiento: arte, literatura, filofofía, arquitectura, escultura, pintura, religión y otras. Descrubrieron los valores universales, establecieron los cánones que rigen la belleza válidos en Occidente. Fueron capaces de fijar las reglas, casi inamovibles, que los rigen. Algo importante: descrubrieron el alma, la inmortalidad y la resurrección de la manera en que se entiende en Occidente. Sus ideas transformaron el rudimentario pensamiento judío y conformaron lo que se conoce como cristianismo. No obstante ello, enseguida inventaron algo que desvirtuaba o depreciaba lo bien construido.

Palas Atenea, una Diosa, hija de Zeus, era el modelo de castidad, rectitud, belleza y valor. Pidió a su padre, como un don especial, ser siempre casta. Eso es lo que dice su mito. Los griegos no satisfechos con ese ideal de perfección, inventaron que en alguna ocasión Hefesto, el Dios de los herreros, que era cojo, trató de violarla; no lo logró, pero eyaculó en su pierna; la Diosa, asqueada, se limpió con una lana y la arrojó a la Tierra; ésta quedó fecundada y dio nacimiento a Erictonio  (Apolodoro, Biblioteca, III, 14, 6).

El diálogo el Banquete de Platón es una de las mayores cumbres de la literatura y del pensamiento humano. En él se desarrolla el tema del Amor. Se presentan muchas de sus facetas. Es sublime. Pero en él no podía estar ausente el atavismo griego de echarlo a perder: termina con la presencia de Alcibíades totalmente borracho hablando incoherencias y ventanendo a Sócrates a quien él amaba como un ser superior y como hombre. Refiere de cómo trató de seducirlo y de su fracaso al no logarlo.(Banquete, 213).

Aristides, el Justo, fue un modelo de valor, entereza y entrega a su ciudad. Los griegos no soportaron su perfección y lo desterraron (Plutarco, Vidas paralelas, Aristides, VII). De Socrátes no soportaron su superioridad, enseñanzas y criticas: lo condenaron a muerte; lo obligaron a tomar cicuta (Platón, Apología, 39b). Al verncedor de los persas Temístocles, por ser un ser superior y estar los atenienses en deuda con él, lo mandaron al ostracismo o destierro. Plutarco refiere las razones: “Usaron, pues los atenienses del ostracismo contra él, por mermarle su dignidad y preeminencia, como solian hacerlo contra tolos lo que se les hacían insoportables con su poder, o que creían no guardaban la igualdad democrática. No era el ostracismo una pena, sino un desquite y alivio de la envidiaque se complacía en ver rebajados a los que se elevaban, y desahogabo su incomodidad con causar este deshonor.” (Vidas paralelas, Temístocles, XXII).

En el museo del Ágora, en Atenas, se exhibe  una ostraca ,‘tepalcate’ o pieza de barro, en el que aparece el nombre de Temístocles. Fue un voto a favor de su destierro.

Hay muchos otros casos más. El mito de Penélope no podía faltar a la regla. A los griegos molestaba su perfección, tenían que echar a perder ese modelo de fidelidad. En la Odisea se habla de ella, de su pureza y castidad. A pesar de que se sospechaba que su esposo Ulises había fallecido, rechazó insistentemente las ofertas de matrimonio que le hacían ciento veintinueve pretendientes, muchos de ellos príncipes y reyes.

Esa es la versión que se desprende de esa cumbre de la literatura que es la Odisea (canto XXI). A pesar de lo anterior, escritores posteriores afirmaron que Penélope tuvo relaciones adulterinas. Apolodoro informa: “Pero algunos dicen que Penélope fue seducida por Antinoo, y devuelta por Odiseo a su padre Icario, y que en Mantinea  de Arcadia tuvo de Hermes un hijo llamado Pan. Según otros murió a manos del propio Odiseo por culpa de Anfínomo pues cuentan que éste la había seducido.” (Biblioteca, Epítome, 38 y 39). Cicerón acoge esta conseja; señala como padre de Pan a Mercurio, el Hermes griego (Sobre la naturaleza de los Dioses, libro III, 22, 56; en el mismo sentido Plutarco, Moralia, VI, 419, D). Pan, por haber sido hijo de una mortal, murió en el siglo primero de nuestra era, en tiempos de Tiberio César (Plutarco, Moralia, VI, 419).

“¡Que entonces ansíes arrancar de raíz los cabellos blancos, ay, mientras el espejo te reprocha tus arrugas, y, rechazada, tengas que sufrir en propia carne la soberbia altivez, y, vieja, te lamentes de lo mismo que tú hiciste!  Estas maldiciones funestas te ha cantado mi poesía: ¡aprende a temer el fin de tu hermosura!” Propercio, Elegías, libro III, 25, 10 y sigs.

“Tú procura no enfrentarte a tu amada furiosa, ni hablarle con altivez ni estar callado mucho rato, ni, si algo pide, negárselo con ceño adusto, ni sus amorosas palabras caigan en el vacío. La mujer monta en cólera, cuando se la menosprecia, y no se olvida, si se la ofende, de sus justas amenazas. Al contrario, cuanto más humilde y dócil seas en el amor, más a menudo disfrutarás de sus buenas consecuencias.” Propercio, Elegías, libro 1, 10, 20 y sigs.

«Y ya sabes cómo son las mujeres: mientras se preparan, mientras se deciden, pasa un año» Propercio, Elegías, libro 1, 15, 5.

“… las habladurías han sido siempre el castigo de las mujeres hermosas.” Propercio, Elegías, libro II, 32, 25 y sigs.

“Antes serás capaz de secar las olas del mar y coger con tus manos mortales las altas estrellas que lograr que no sean infieles nuestras mujeres.” Propercio, Elegías, libro II, 32, 50 y sigs.

“La mujer que lanza reproches con lengua rabiosa, ésa se postra ante los pies de la poderosa Venus.” Propercio, Elegías, libro III, 8, 10 y sigs.

“Ten siempre mordiscos recientes alrededor de tu cuello, para que se figure que los has recibido en escarceos con otro.” Propercio, Elegías, libro IV, 5, 35 y sigs.

“Crió Dios la mujer primeramente, de entendimiento y juicio desprovista, de una cerdosa puerca, y por costumbre la hace siempre tener sucia la casa. Reclinada en el suelo, se revuelca; jamás se lava, y de soez vestido cubierta, y asquerosa, siempre echada sobre el sórdido cieno, engorda y crece.” Píndaro, Odas. Simónides de Ceos, Yambos, pág. 165.

“A otra crió de una dolosa zorra, y la ciencia le dio de bueno y malo. En esta casta de mujer se encuentra mucho perverso, y otro mucho bueno, y la ira la dobla y la maneja a todos lados sin prudencia y tino.” Píndaro, Odas, Simónides de Ceos, Yambos, pág. 165.

“¡Ojalá no comparta yo la vivienda con mujeril raza, ni en la desgracia ni tampoco en la amada prosperidad! Pues la mujer, cuando es dueña de la situación, tiene una audacia que la hace intratable; y, en cambio, cuando es víctima del miedo, constituye un peligro mayor para su casa y para el pueblo…. ¡Cosas así puede lograr el que convive con las mujeres!” Esquilo, Tragedias, Los siete contra Tebas, 185 y sigs.

“Pues es que lo de fuera es cosa de hombres, que las mujeres no piensen en ello, ¡que se queden dentro de su casa y no perjudiquen!” Esquilo, Tragedias, Los siete contra Tebas, 200 y sigs.

“Eso es cosa de hombres, el poner por obra sacrificios y oráculos cuando están preparando una tentativa contra el enemigo. Lo tuyo es, en cambio, callar y quedarte metida en tu casa.” Esquilo, Tragedias, Los siete contra Tebas, 230 y sigs.

“Grita la ciudad, al irse quedando vacía, mientras el botín de mujeres camina a su perdición entre un confuso vocerío.” Esquilo, Tragedias, Los siete contra Tebas, 330 y sigs.

“… haz caso a mujeres, aunque no te guste..” Esquilo, Tragedias, Los siete contra Tebas, 710 y sigs.

Antíogona habla sobre el cuerpo de Polinices: “No van a devorar su carnes los lobos de vientre famélico. ¡No lo piense nadie! Antes, al contrario, aun siendo mujer, una fosa y túmulo voy a procurarle.” Esquilo, Tragedias, Los siete contra Tebas, 1035 y sigs.

“… ¡manchar el suelo de sangre de varones por culpa de mujeres!” Esquilo, Tragedias, Las suplicantes, 475 y sigs.

“Es propio de mujeres el sentir un miedo excesivo.” Esquilo, Tragedias, Las suplicantes, 510 y sigs.

“No emitieron su voto en favor de unos machos por despreciar querellas de mujeres.“ Esquilo, Tragedias, Las suplicantes, 640 y sigs.

“No me dejes sola. Te lo ruego, padre. Una mujer sola no vale nada. No hay en ella Ares.” Esto es, no tienen valor ni fuerza para defenderse por sí mismas. Esquilo, Tragedias Las suplicantes, 745 y sigs.

“Propio de una mujer investida de autoridad es dejarse arrastrar por la alegría antes de que el suceso se manifieste en realidad.” Esquilo, Tragedias, Agamenón, 480 y sigs.

“Crédulo en exceso, el corazón femenino se deja ganar fácilmente al conmoverse con rapidez; pero también, con vida corta, perece el rumor propagado por una mujer.” Esquilo., Tragedias, Agamenón, 485 y sigs.

“No es propio de una mujer estar deseosa de discusión.” Esquilo, Tragedias, Agamenón, 940 y sigs.

“… hablaban a las mujeres; mayormente sabiendo que los lacedemonios son mandados por éstas más que otros algunos, y comunican con ellas los negocios públicos más de lo que se entremeten ellos mismos en los domésticos.” Plutarco, Vidas Paralelas 3, Agis y Clémones, VII.

“Dícese que más bien eran desenvueltas y varoniles, aun con los mismos hombres, y en casa mandaban con todo imperio; y que además en los negocios públicos daban dictamen con desembarazo, aun en los de mayor importancia. Mas Nuna, aunque a las casadas les guardó en la relación con sus maridos todo el decoro y honor que obsequiadas con motivo del robo tuvieron en el reinado de Rómulo, les impuso, sin embargo, mucho pudor; les quitó el ser bulliciosas, las enseñó a ser sobrias y las acostumbró al silencio; así es que absolutamente no probaban el vino, y no estando presentes sus maridos, no hablaban ni de lo muy preciso.” Plutarco, Vidas Paralelas 3, Comparación de Licurgo y Numa, III.

“… en una comitiva de mujeres había quienes impedían la paz con sus excesos y la guerra con sus miedos y convertían una columna romana en algo semejante a una avanzadilla de bárbaros. No eran sólo un sexo débil e incapaz de soportar las penalidades, sino también cruel, ambicioso y ávido de poder, si se les daba la ocasión de demostrarlo;…” Cornelio Tácito, Anales, libro III, 33.

“… no existe mujer que, perdida su honra, niegue lo demás…” Cornelio Tácito, Anales, libro IV, 3.

“La mujer noble es un tesoro de virtud.” Poesía Helenística Menor. Alejandro el Etolo, 22, pág. 51.

“Los libios maclieos, cuando muchos pretenden a una mujer, cenan en casa de su cuñado en presencia de la mujer; y cuando han hecho numerosas bromas, la mujer se casa con el autor de aquella que la ha hecho reír.” Paradoxógrafos griegos, Nicolao, 16, pág. 150.

“Los asirios venden a las doncellas en el mercado a los que quieren contraer matrimonio, en primer lugar las más nobles y las más hermosas, y, a continuación, las restantes sucesivamente; y cuando llegan las menos agraciadas, proclaman la cantidad que el que quiere casarse con ellas llevará por añadidura, y lo que han reunido del precio por las más esbeltas lo añaden como dote a éstas.” Paradoxógrafos griegos, Nicolao, 22, pág. 150 – 151.

“Los tríbalos forman cuatro filas en los combates: la primera, la de los débiles; la que sigue, de los más fuertes; la tercera, de los caballeros, y, la última, la de las mujeres, que sirven de obstáculo a quienes emprenden la huida, lanzándoles palabras de mal augurio.” Paradoxógrafos griegos, Nicolao, 39, pág. 155 – 156.

“Cuando Zeus disputó con Hera y afirmó que en las relaciones la mujer obtenía mayor placer en los juegos amorosos que el hombre, y Hera afirmó lo contrario, decidieron mandar a preguntar a Tiresias por haber tenido experiencia de una y otra condición. Una vez preguntado respondió que de diez partes el hombre gozaba una, en cambio la mujer las otras nueve. Y Hera encolerizada le sacó los ojos y le volvió ciego; Zeus por su parte le concedió el don de la profecía y poder vivir durante siete generaciones.” Paradoxógrafos griegos, Flegón de Trales, 1, 4, pág. 184.

“El Mesto, un río de Tracia, comprueba a las adúlteras, cuando los hombres les hacen beber de esta agua y dicen: «si no cometiste adulterio, darás a luz un varón; por el contrario, si lo has hecho, una mujer».” Paradoxógrafos griegos. Paradoxógrafo vaticano, 16, pág. 266.