La Dra. Yolanda Ocampo leyó el siguiente texto de Maricarmen Trucios Espina (Lic. en Lingüística y Literatura Hispánica), en la Nave Cultural del Adulto Mayor, de la Clínica “Ciencias de la Salud BIO RENOVATIO” (Calzada de Tlalpan No. 2492, 5to. Piso), en la presentación del Mural de Alejandro Caballero: “Cosmogonía Zapoteca” (en homenaje a Andrés Henestrosa y a su libro “Los hombres que dispersó la danza”), a la cual fui invitado:
“No me llores, no, no me llores, no, porque si lloras yo peno, en cambio si tú me cantas yo siempre vivo, yo nunca muero.”
Andrés Henestrosa
“Andrés Morales Henestrosa (1906-2008), mejor conocido como Andrés Henestrosa, es un sobresaliente escritor mexicano, exitoso en los géneros literarios en los que incursionó, ya sea por la sensibilidad, ya sea por creatividad, o bien, por el anhelo de generaciones pasadas, no solo de compartir, sino de reivindicar las tradiciones y la cultura del pueblo zapoteca. Ixhuatán le otorgó, además de cobijo en la gelidez de la orfandad, la posibilidad de crecer en libertad, gozando de la naturaleza y la vida silvestre que abundan en el Istmo.
Tal vez en su momento no lo sabía, pero de los mismos flamboyanes, bajo los que se guarecía del avasallante sol de la región, se forjaría la voluntad de fuego que le llevaría a concretar su propósito, que del agua viva en la que se bañó emanaría el impulso que le permitiría a sus pies ligeros llevarlo a recorrer el mundo tras su empeño y que su obra, como la selva que lo guareció, florecería inmarcesible a través del tiempo.
El contraste despiadado entre la abundancia de la selva que lo creció físicamente y la brutal escasez de la ciudad que lo creció en conocimiento, abrumaría a cualquiera; sin embargo, él logró transformar la precariedad en opulencia, la ignorancia en conocimiento, y, lo que parecía un periodo de absoluta oscuridad, en una luz abrasadora que le permitiría destacar en todas las multitudes que le rodearon. Siendo él mismo una mezcla de sangres y tradiciones, destacó a nivel internacional, por fungir como amalgama intercultural, construyendo un puente fantástico entre lo indígena, lo mexicano y lo Henestrosa, porque no hay otra forma de referirse a la asombrosa anomalía que resultó su existencia y su creación.
Henestrosa logró no solo rescatar sino también revivir la tradición oral de su pueblo zapoteca, a través de la insuflación que constituye su absoluta narrativa, incluyendo no solo el relato sino también la contextualización de la mística que rodea a la gente de las nubes. Los relatos se sucedieron en su cabeza como cuentas en un rosario, y ha logrado convertir a sus lectores en sombra, detrás de cada palabra sin importar el paso de los años.
A través de la picardía y frescura de su narración nos abre la puerta a un universo regido por la magia, demasiado superior para obedecer insignificancias como la cronología, la lógica o la razón; sin embargo, irónicamente, cada uno de sus relatos busca dar cuenta de la creación o explicar la existencia tanto de fenómenos naturales, como de diversos animales, entre tantos otros. No es coincidencia que, a pesar de contar con una amplia trayectoria en distintos géneros literarios, el primer título que se le otorgue, al buscar su nombre en internet, sea el de poeta. La poesía mueve, inspira, transforma, evoca, su propósito es transmitir o replicar en el lector las emociones del autor y es justamente lo que el maestro Henestrosa consiguió en esta y muchas obras más.
Con un zapoteco nato, un huave heredado y un español en progreso, logra conquistar un océano literario con un discurso magnífico que recupera culturas, que acorta distancias cronológicas y espaciales, pero sobre todo logra destacar el invaluable tesoro que constituye la herencia de la civilización del maíz.
Me parece de vital importancia destacar la plasticidad de la lengua zapoteca que se hace evidente gracias al formidable trabajo de fonetización realizado por Henestrosa. Es una auténtica maravilla advertir la manera en la que algo tan simple como una elongación vocal, una separación o cualquier otro cambio que pudiera advertirse como menor, genera un cambio tan grande como la completa transformación de una palabra y de esa manera el origen de una leyenda; tal es el caso de “Binigulaza”. Etimológicamente, la palabra zapoteca “binigulaza” significa “gente antigua zapoteca”; sin embargo, culturalmente se usa para referirse a los sabios ancianos de este mismo pueblo. Lo sobresaliente de esta historia es que un niño, Andrés Henestrosa, escucharía esta serie de extraordinarias narraciones, a la corta edad de cinco años, para después apropiarse de ellas a través de una prosa auténtica y creativa, con la que no solo recuperó la tradición oral de un pueblo sino que además le convirtió en resurrector de una cultura entera, y sin saberlo, también en un binigulaza.
A pesar de que ha transcurrido más de una década desde su deceso, me atrevo a hablar del maestro Henestrosa en presente pues su legado perdura en más de una forma y su labor como historiador, literato, activista y creador, sigue vigente, y aún representa el orgullo y la lucha de las civilizaciones que fueron acalladas durante largo tiempo, debido a la colonización.
Lo anterior suscita la duda legítima de su omnisciencia, al recordar el nombre de la primera publicación de su renovada Sociedad de Estudiantes Juchitecos: Neza, que traducida significa “camino”. Camino compartido con su sobresaliente esposa, Alfa Ríos, camino heredado por sus descendientes, camino por recorrer para sus estudiantes, camino por descubrir para todo aquel cuya curiosidad y hambre de conocimiento le conceda la gracia de leer sus textos hoy día. Así, como se acerca el último plenilunio, tan involucrado en las actividades agrícolas de las culturas mesoamericanas, de este catastrófico año, me percato con gran alegría que tras una vida de gosiguie o de siembra, al trabajo del majestuoso Andrés Henestrosa le queda una eternidad de cosijo directamente proporcional a su genialidad y esfuerzo.”
El mural de Alejandro Caballero es una yuxtaposición plástica de la literatura de Andrés Henestrosa, de los vocablos binigulaza (gente antigua), neza (camino) y gosiguie (siembra) traducidos del zapoteca al español, por Maricarmen Trucios. Es un trabajo usando la técnica de mosaico de colores, piedras especiales y relieves de barro horneado. Lo cierto es que el Mural me recuerda las barrocas invenciones plásticas cinematográficas imaginadas y teorizadas por Eisenstein. La literatura y las artes plásticas inspiran cinematismo, imágenes en movimiento, hermanan la literatura, la plástica y el cine, lo que nos obliga a preguntar: ¿Por qué nadie filma (quizá ya, no lo sé) algo sobre Henestrosa que es tan cinematográfico?



