Dentro del ranking sobre Democracia que elabora la revista The Economist y que mide el índice de democracia en el mundo, bajó a México de categoría y lo consideró como un “Régimen Hibrido”, ya no como una democracia defectuosa como lo era antes del 2018; a su vez España y Chile fueron bajados de categoría de democracias plenas a democracias defectuosas; la revista realiza un análisis de la situación en México y señala que desde el 2013 el índice de democracia en México va en franco descenso, pronostica que se pudiera producir una mayor erosión de la democracia conforme se acerque el año electoral 2024.
Menciona que el presidente de México realiza acciones para concentrar el poder en el Ejecutivo Federal, y se propone una reforma electoral, también ha intensificado los ataques a los periodistas y a los medios, volviéndose más intolerante hacia sus críticos Señala también que “los altos niveles de violencia de los cárteles tuvieron un impacto en las elecciones intermedias de junio y plantean riesgos crecientes para la democracia mexicana”.
El índice de democracia de va de una escala de 0 a 10, en base a las calificaciones de 60 indicadores, que se agrupan en cinco categorías: proceso electoral y pluralismo; libertades civiles; el funcionamiento del gobierno; participación política; y cultura política.
Durante los últimos 20 años en México se han sucedido diversas transformaciones políticas, sin embargo la cultura política del ciudadano mexicano se ha quedado muy atrasada; nuestra sociedad presenta características que no propician la participación de los ciudadanos de manera activa, en amplios sectores de la población hay un gran desconocimiento de las acciones públicas, y una gran desconfianza en las instituciones y en los procesos democráticos, lo cual propicia que en las estructuras de gobierno existan rasgos autoritarios apoyados en el clientelismo y el corporativismo propiciado por los partidos políticos.
Los cambios políticos se han producido en la legislación electoral, en la cual hay una gran aceptación de la pluralidad y competencia entre los partidos políticos, a partir de la cual los ciudadanos consideran el voto no solo como un derecho sino como una estrategia política de combate. La democracia va más allá de una jornada electoral, se debe entender como un sistema que promueve y permite el respeto irrestricto de los derechos humanos de las personas, que propicia la creación de igualdad de oportunidades para todos, la vigencia del Estado de Derecho, el fomento de los valores de igualdad, tolerancia y respeto.
El despertar de ese gigante que es la Sociedad Civil, no es una moda, es una urgente necesidad, porque una auténtica democracia va más allá del ejercicio electoral; supone una participación real de los ciudadanos en las grandes decisiones del gobierno. Sólo mediante el ejercicio de un verdadero gobierno democrático, se consigue una mayor participación de todos los sectores de la sociedad en la vida política, con objeto de promover la justicia social, luchar contra la corrupción y atacar de raíz las causas de la marginación. La participación de la sociedad civil en la elaboración de políticas públicas de Estado lleva a la apropiación del país, a que sintamos que México nos pertenece, y que somos capaces de transformarlo.
Democracia y Derechos Humanos son dos conceptos íntimamente relacionados que constituyen un binomio indisociable, a lo largo de la historia las sociedades se han ido conformando, a través de grandes luchas en pos de la exigencia de un respeto a la dignidad humana de los ciudadanos por parte de los gobernantes, que se han traducido en leyes y normas que acotan, el ejercicio inmoderado del poder frente al ejercicio de los derechos individuales y colectivos.
En este devenir histórico se crearon paralelismos culturales en su crecimiento y desarrollo, a un ejercicio de mayor democracia, existe un mayor respeto a los derechos humanos y cuando existe un mayor respeto y protección de los derechos humanos, la sociedad vive en una verdadera democracia. El respeto de los derechos humanos implica, necesariamente, un cumplimiento de los deberes individuales en un ejercicio permanente de corresponsabilidad social, por virtud del cual todos los integrantes de la sociedad, pueda exigir con elementos auténticos de convicción, la defensa y protección de la libertad y la dignidad humana; pero con un criterio de equidad, que los individuos también se dispongan a encuadrar su conducta a los lineamientos establecidos por el orden jurídico.
La lucha por la vigencia eficaz del Estado de derecho, como única opción real para asegurar la convivencia pacífica, tendente al mejoramiento de la vida colectiva, se actualiza día con día, tanto en la teoría como en la práctica. A esta dinámica evolutiva de interrelación entre las fuerzas sociales y la configuración jurídica se debería sumar la actuación cotidiana de quien gobierna.
Si queremos realmente un cambio para vivir en un verdadero Estado de Derecho como una Democracia Plena, debemos como sociedad dejar la apatía y el miedo, debemos tomar la iniciativa y organizarnos para poder ser más participativos y no dejar que otros decidan por nosotros.
