El tiempo con su velocidad inexorable nos tiene a 30 meses y medio para que concluya el actual gobierno. Actualmente tras la reforma del 10 de febrero de 2014 el artículo 83 constitucional señala que el día 1º de octubre el Presidente asumirá el cargo y durará en él seis años.  Esto será a partir del año 2024. Ello a pesar del resultado de la consulta de la pretendida Revocación (ratificación) de Mandato.

Por lo pronto los medios siguen escuchando la voz dominante insultante del inquilino del Palacio, quien vive instalado en un país paralelo e irreal, además de obsesionado por convencer para vender su verdad día con día, con propaganda y ataques a todo y a todos.

Un sector de la población cada vez más creciente, percibe cada día más perdido, confundido, extraviado al inquilino de Palacio. Por más que busque ocupar todos los espacios disponibles de una mal diseñada campaña mediática que busca copar todos los días, todos los horarios; la sobreexposición ya fastidió, ya hartó a la gente y de tanta palabrería son frecuentes las contradicciones.

El presidente, esta extraviado en su laberinto, dando vueltas, sin encontrar la salida y regresando al punto de partida, para distraer a la opinión pública respecto de los actos de corrupción y tráfico de influencias de sus hijos, hermanos y parientes cercanos, pero  también de la grave complicación económica, y ahora para evadirse anuncia el inicio de una gira de varios días por Centro América y Cuba, no tiene remedio.

Con la utilización de las sucias prácticas del viejo sistema que tanto combatieron y denostaron, lograron el control casi absoluto del poder legislativo y del judicial. En esa obsesión autoritaria, poco importó el orden jurídico y las Instituciones. Es cierto que la corrupción debe combatirse y erradicarse, sin embargo algunas prácticas del actual gobierno parece reproducir, aunque de manera diferente y más intensa,  las viciadas acciones corruptas del pasado que dicen combatir.

Lo primero que se perdió con el nuevo gobierno, fue la esperanza de un cambio verdadero como no se cansó de expresar el candidato eterno por décadas. El mesías se evaporó en semanas, salvo sus incondicionales y receptores de dádivas ya casi nadie de clase media para arriba le cree ni le tiene confianza.

Aduciendo corrupción canceló la construcción del NAICM, ahuyentó a los inversionistas nacionales y extranjeros y peleo con el sector empresarial. En sustitución de ese aeropuerto, sin planeación, ni estudios avalados por las autoridades aeroportuarias internacionales, puso al ejército a construir uno nuevo cuyo diseño dista mucho de los aeropuertos modernos del mundo.

El día en que dio inicio esta primavera el presidente inauguró en una efusiva ceremonia el “Nuevo” Aeropuerto Internacional “General Felipe Ángeles”, que en realidad se trata de la ampliación y reconversión del anterior aeropuerto militar de Santa Lucía. Sin escatimar los esfuerzos realizados en el tiempo acordado el nuevo aeropuerto dista mucho de ser funcional, principalmente por su ubicación y por carecer de vías rápidas de comunicación para su acceso, también porque solamente cuenta actualmente con una pista, y solo cuenta con 33 posiciones; sin embargo el mandatario del pueblo, en un acto solemne lo presenta y pondera como un aeropuerto internacional con la calidad a escala mundial.

Como candidato se pasó décadas insultando a las Fuerzas armadas, hoy gobierna con ellas, y lo hace sentado sobre las bayonetas, como en el pasado lo hicieron los regímenes dictatoriales. A fin de tenerlos contentos los ha llenado de contratos y dinero.

Su analfabetismo económico lo ha llevado a extender certificado de defunción al neoliberalismo, pero apuesta en este momento todo el futuro económico al T- MEC, que no es más que un instrumento de libre comercio e inspirado por el neoliberalismo.

La retórica contra el Neo- liberalismo y su uso electorero como consigna ha topado contra la realidad. Es cierto y así lo hemos venido afirmando desde hace más de una década, que el modelo de Desarrollo Económico, requería ajustarse por la brutal concentración de la riqueza en una muy reducida elite y la miseria de una gran parte de la población, como nunca antes en la historia de nuestra Nación.

Los ajustes y cambios en el desarrollo y la repartición equitativa de la riqueza, deben ser graduales, medidos, planeados y no se debe mentir cínicamente a la población con un imposible cambio radical. La realidad termina por imponerse. El ser un tema tan serio, impide reírse de los desfiguros propios de un sainete o un vodevil de quienes están dispuestos a hacer el ridículo.

Esperemos que un gran número de ciudadanos ya hayan entendido que no es con voluntarismo y demagogia como se logran los grandes cambios; las verdaderas transformaciones, se obtienen con una visión de horizonte hacia donde encaminar los esfuerzos de la sociedad con ajustes y modificaciones graduales, o de otra manera con dolorosos procesos sociales que implican revoluciones con su correspondiente cuota de sangre.