El presidente, ha mencionado que, en su agenda de trabajo prioritariamente está el tema de la seguridad y es por eso que todos los días asisten a muy temprana hora los funcionarios encargados de garantizar la seguridad a los ciudadanos. En esas reuniones se analizan diversos problemas y se plantean las estrategias, si es que las hay, para que disminuya la inseguridad, sin embargo, la escalada de violencia es comentada cotidianamente en los medios, que informan sobre los múltiples homicidios, desapariciones, secuestros, y extorsiones, cometidos en diversas entidades del país.

Al Estado le corresponde brindar seguridad en la vida y patrimonio de sus ciudadanos, este es el fin primordial de la existencia del Estado, y la principal responsabilidad del gobierno. Quienes exigen seguridad, y quienes hemos venido pidiendo modificar la estrategia para disminuir el índice de delitos y de impunidad, hemos aportando propuestas, no somos los enemigos a vencer. Nadie, ha pedido rendirse ante la delincuencia organizada y menos pactar con ella. El Estado no debe pactar con trasgresores de la ley, ni acordar contenerlos con abrazos y no balazos. Cuando un gobierno falla en brindar seguridad a su población se puede considerar que ha fracasado en su principal tarea.

Hoy, la mujer identifica a la violencia como uno de los problemas más urgentes de atender.  Algunas de sus más graves manifestaciones son la violencia familiar, la violencia sexual y el feminicidio. En nuestro país actualmente se registran de manera alarmante alrededor de 10 casos de feminicidios cada día.

La violencia contra las mujeres, conceptualizada como violencia de género, es característica sobresaliente de las sociedades donde se construyen identidades de género jerarquizadas, excluyentes. Las causas y las consecuencias varían de un país a otro, sin embargo, la discriminación contra la mujer es una realidad que perpetúa la permanencia de estereotipos, prácticas y creencias culturales tradicionales que perjudican a las mujeres, y relegan posponen el pleno reconocimiento y la posibilidad de ejercicio de sus derechos.

El concepto de Derechos Humanos de las mujeres, surge de los esfuerzos por cambiar de manera sustancial las condiciones y diferencias genéricas entre mujeres y hombres, y se concretan, asimismo, los esfuerzos por modificar a la sociedad en su conjunto y al Estado en particular desde una reorganización integral. Estamos ante un nuevo paradigma cultural basado en el imperativo de lograr la complementariedad real en el ámbito social de las categorías de ambos sexos en un solo género, que es el humano. En este sentido, el tema de los Derechos de la Mujer está estrechamente relacionado con los principios de igualdad y de no-discriminación; estos derechos son considerados en la actualidad componentes esenciales de la democracia moderna.

Nuestra Constitución, protege el derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad, a la seguridad jurídica, a la integridad y a la dignidad de todos los seres humanos.  A la mujer, en tanto que ser humano, al igual que el hombre, le corresponden dichos derechos y su pleno reconocimiento y ejercicio.

La prohibición de la discriminación, ampliada desde la reforma constitucional del 2011, constituye una norma imperativa del derecho. Sin embargo, observamos que, aun y cuando el postulado de la igualdad está reconocido en el orden jurídico de nuestro país y que, además, el Estado Mexicano ha suscrito casi todos los tratados e instrumentos jurídicos de carácter internacional, mismos que han sido ratificados por el Senado de la República, la realidad muestra que muchas mujeres enfrentan situaciones de violencia que atentan contra su integridad y su vida.

Duele la patética apatía del Ejecutivo que ha regresado al diagnóstico justificatorio para insistir en defender su errática estrategia de seguridad, y niega los hechos, y cual si fuera un avestruz, mete la cabeza en un hoyo para no ver la horrible realidad cuya espiral de violencia ha costado ya miles de desapariciones y muertes de mujeres y hombres,  es evidente la percepción ciudadana de que el Gobierno no actúa contra de este flagelo de nuestro tiempo.

Las diferentes marchas realizadas el fin de semana pasado, buscan recordar que las niñas, adolescentes y mujeres víctimas de feminicidio tenían sueños, familias y vidas por delante. Las autoridades en el gobierno le apuestan a que van a olvidarlas, pero hay algo que subestiman: la gran indignación y rabia, porque deberíamos tener seguridad para todos y una vida libre de violencia, en lugar de destinar recursos a proyectos inútiles gestados en la mente de quien gobierna, debería mejorar los programas de atención a la violencia y a la seguridad.

Lo que Natura non da…, parece tarea imposible llegar a sensibilizar y hacer entender al inquilino del palacio, en que consiste el reclamo de las mujeres, cual es la lucha emprendida, y porque se vuelcan en su contra cuando con indolencia las califica de retrogradas y conservadoras, aún no ha entendido, ni entenderá jamás, lo que significa el dolor de ser vejada, o de perder a una hija, a una hermana o una madre de manera violenta sin que se tenga ningún acceso a la justicia. Su respuesta fue protegerse con vallas de acero, pero las mujeres las utilizaron de pizarrón para exponer sus reclamos, haciendo de estas vallas un monumento en memoria de las caídas.

La lucha por mejorar las condiciones de vida de las mujeres, también interesa y debe interesar a los hombres, porque son hijos, padres, hermanos o parejas de mujeres; muchos de los cuales ya cooperan en su entorno, para que madres, esposas, hermanas e hijas, al igual que los varones, alcancen una vida libre de violencia y logren su realización plena e la sociedad.