El gobierno de López Obrador al que afortunadamente solo le restan alrededor de veintitrés meses se terminará en medio de abucheos y diatribas de una parte importante y nada desdeñable de la sociedad.
Con la obstinación, terquedad y necedad con que se ha conducido desde su arribo al poder, el presidente insiste hasta el cansancio en presentar a los mexicanos una visión distorsionada de la realidad, que solo él percibe. Definitivamente está negado a ver y aceptar la realidad, el domingo 13 de noviembre la población mexicana se volcó en gran número a la marcha en protesta por la pretendida imposición presidencial de modificar al INE, nuestra institución garante de la democracia; pretende cambiar desde el nombre, el procedimiento, el número de consejeros, la forma de nombrarlos, y suprimirle el control del padrón electoral para pasárselo a Gobernación, eso los mexicanos NO lo vamos a permitir.
La danza de cifras en cuanto al número de manifestantes nos indica que es sencillamente una gran preocupación del inquilino del palacio, desde antes de la fecha de la marcha se ha dedicado todas las mañanas a denostar e injuriar a quienes estuvimos presentes en la marcha, sin embargo la percepción que yo tuve de la marcha fue de mucho entusiasmo de miles y miles de personas de todas las edades y sustratos sociales, todas marchando con respeto y sin lanzar ninguna consigna ofensiva. Pareciera que el video que exhibió el presidente en la mañanera del lunes, de una señora de edad madura vestida de blanco lanzando injurias en contra de Andrés Manuel López Obrador, fuese un video y actuación pagada por Morena para tratar de descalificar la marcha.
Es cierto que todos los gobiernos buscan presentar una visión optimista de sus administraciones, pero se les juzgan por sus logros y resultados, no por sus propósitos e intenciones anunciadas en sus discursos.
Hacienda ha mantenido unas finanzas públicas sostenidas con los ahorros del gobiernos anteriores y en la política de austeridad que tiene paralizadas a la mayoría de las Secretarias de Estado, sin embargo lo que se debe revisar son los niveles de endeudamiento que crecieron de forma significativa, el índice inflacionario continua moviéndose a la alza.
En este sexenio el empleo no ha crecido sustancialmente solo ha sido capaz de generar en los primero tres años 540 mil 783 empleos formales, esto es muy por debajo de las necesidades del país; los salarios perdieron capacidad adquisitiva por la inflación y la pobreza creció, revertiéndose las tendencias presentes en los últimos lustros. En otros rubros como seguridad social, cobertura universal de salud, construcción y modernización de instalaciones hospitalarias, construcción y modernización de carreteras entre otros, ha habido un franco estancamiento y en algunos un franco retroceso.
Lo que habrá de caracterizar y definir el actual gobierno será sin duda alguna, la nula política en materia de seguridad pública, convertida en apapachos con abrazos y no balazos para los delincuentes, se empeñó en hacer de esta su insignia de gobierno. Los resultados son innegables, más de 135 mil muertos en lo que va del sexenio, miles de desaparecidos y desplazados, violaciones de derechos humanos, un gasto publico desmesurado y sin control para las fuerzas armadas que ahora se ocupan de construir y de administrar aduanas, aeropuertos, aduanas y empresas, en lugar del combate al crimen, combate que parece haberse perdido, visto que siguen fluyendo toneladas de cocaína y mariguana y fentanilo hacia el norte, creció el consumo interno, las principales drogas mantuvieron estable su precio de mercado, los grandes y verdaderos capos siguen libres, el lavado de dinero no se persiguió realmente y podríamos seguir y seguir enlistando. Solo vale destacar que todo ello se hizo violando flagrantemente la Constitución al militarizar la Guardia Nacional en la acción de persecución del delito, al costo del descredito que hoy arrastra el instituto armado.
La negativa del gobierno a presentar las cifras de muertos, desaparecidos y desplazados como consecuencia de su errática y absurda “política de seguridad” es solo una muestra de su gusto por la opacidad y muestra su desprecio a la transparencia y la rendición de cuentas.
Apoyado en cifras maquilladas e inventadas las más de las veces, nos ofrece grandes mentiras y omite las estadísticas que le desfavorecen o de plano su gobierno, de manera autoritaria y unilateralmente oculta y niega las cifras de su Waterloo (fracaso) de su gobierno.
