Dentro del equipo de la señora Claudia Sheinbaum se observa la existencia de varios grupos de poder; ante la falta de control, cada uno actúa procurando sus intereses, tanto políticos como económicos.

El primer grupo, el de los socialistas radicales, fanáticos e históricos: Martí Batres, Clara Brugada, Pablo Gómez, Francisco Ignacio Taibo, Lenia Batres, Leonel Godoy y otros. La señora Claudia Sheinbaum se inscribe dentro de esta corriente, pero limita su actuar por las presiones que recibe a diario del presidente Donald Trump; éste, aunque ha reconocido que la señora coopera, no deja de tenerla presionada.

Los de este grupo, con una ideología que era propia de los años sesenta del siglo pasado, aspiran a instaurar una república socialista en la que, siguiendo el modelo que es propio de ese sistema, se perpetúen en el poder, eliminen el juego democrático, nacionalicen el aparato productivo que en la actualidad aún está en manos de los particulares y, en nombre del pueblo, acaben con las libertades.

Ellos tienen conciencia de que su mayor obstáculo es la vecindad con los Estados Unidos de América, que impedirá su intento de establecer una república socialista, no sólo imponiendo aranceles, sino con una intervención armada. Dado ese imperativo, su acción pudiera encaminarse a influir en la educación y, con el tiempo, creadas las condiciones, intentar instaurar su sueño guajiro del socialismo.

Este grupo no tiene candidato a la presidencia de la República con posibilidades reales. Ninguno de ellos aspira a llegar a ella. Clara Brugada acaba de recibir un mensaje de que ni le mueva. Martí, aunque brinca para que lo vean, nadie le hace caso.

Otro grupo es el de los ex priistas fundadores de Morena, con Ricardo Monreal Ávila a la cabeza; este clan familiar, aspiran a alcanzar la presidencia de la República o influir de manera determinante en la designación de quien llegue.

Los ex priistas recién convertidos al morenismo: Alejandro Murat, Adam Augusto López, los Yunes, únicamente aspiran a seguir ocupando cargos dentro del aparato gubernativo.

Los morenistas burócratas: Rocío Nahale, Mario Delgado, Rosa Icela Rodríguez Velázquez nadan de a muertito esperando que sean otros los que solucionen los problemas que se presentan en las gubernaturas y secretarias que tienen confiadas. Carecen de aspiraciones presidenciales.

Los daltónicos, los que no distinguen colores partidistas, como Omar García Harfuch, Marcelo Ebard Casaubom, Alejandro Gertz Manero y Juan Ramón de la Fuente; ellos no se comprometen con Morena, pero dan resultados en los ramos de la administración pública que tienen confiado. García Harfuch tiene atrás de sí un aparato publicitario bien montado. No tienen ideología; tampoco están comprometidos mayormente con la 4T y su programa político.

Los del montón, los que no huelen ni jieden: Julio Berdague; Rosaura Ruíz, Luz Elena González, Alicia Bárcenas, Raquel Buenrostro, Edna Elena Vega, David Kershenobich, Jesús Antonio Esteva y Ariadna Montiel, ellos únicamente aspiran terminar el sexenio con vida y en posesión de sus encargos.

Las cabras en cristalería: Gerardo Fernández Noroña, Félix Salgado Macedonio, Layda Sansores, Samuel García y Evelyn Salgado Pineda, entre otros, que no ayudan pero que sí crean problemas o dejan crecer los que heredaron. El primero, Fernández Noroña, por su actuar prepotente y corriente, se ha convertido en lo que no deben ser los miembros de Morena. Espero que no me demande por decir lo anterior.

Los auténticos problemas: Pablo Lemus Navarro de Jalisco, Rubén Rocha Moya de Sinaloa, Rutilo Escandón Cadenas de Oaxaca, Alfonso Durazo de Sonora, Salomón Jara Cruz de Chiapas y Marina del Pilar Ávila de Baja California. Los hechos, no yo, se encargan de decir por qué son un problema.

El último grupo: el de los ensarapados, que aparentan trabajar pero que no hacen nada como Luisa María Alcalde y AMLITO al que, en acatamiento de requerimiento, no le digo Andy; éste, aparte de ser un baquetón y flojo, a decir de algunos, está metido en negocios no del todo claros; no me atrevería afirmarlo; no tengo la más mínima prueba. La mejor prueba de que no hacen nada es el resultado de la elección del primero de junio, en ésta, lo más notable, fueron las derrotas que Morena sufrió en Durango y Veracruz, el ausentismo generalizado en las urnas y los acordeones.

El ausentismo, hizo políticamente inválida la elección; los acordeones, nula; el acarreo, de dudosa realización; y el embarazo de las urnas en estados apartados y de poco analfabetismo, cuestionable. Todo lo anterior, por cuanto a que su existencia y uso demostró que el voto no fue libre y secreto y que la elección, en el sentido de que la ciudadanía optara conscientemente por las opciones en juego, fue inexistente.

El colmo del ridículo y del absurdo: el esposo presidencial fue captado recurriendo al uso del famoso acordeón para emitir su voto. Con toda razón se ve a la presidenta Sheinbaum molesta con el camarógrafo que tuvo el atrevimiento de filmar la burda maniobra.

A lo anterior se suma un elemento novedoso: la suerte de algunos secretarios de estado, legisladores y gobernadores no depende de la voluntad presidencial, es decir de Claudia Sheinbaum; no, su destino político depende de algo novedoso, pero determinante: que funcionarios del gobierno de los Estados Unidos de América, no anuncien que le retiran la visa para entrar en ese país.

Tanto la señora Sheinbaum, como los grupos poder, saben que la sucesión de 2030, a cómo van las cosas, no dependerá totalmente, primero, de la voluntad de AMLO y, en segundo lugar, de la actual presidenta de la República. Existen factores internos y externos que les impedirán tener manos libres en la designación del candidato presidencial de Morena.

Ese es el panorama político que enfrentarán AMLO y la presidenta Claudia Sheinbaum. Como se decía antes: Yo no daría ni un quinto por la candidatura de Andy para la buena; después de los fracasos de Veracruz y Durango está pelas para el 2030. Y eso que todavía faltas las elecciones intermedias del 2027. En una de esas y Morena pierde la mayoría calificada que ilegalmente le concedió el Tribunal Electoral, la señora Alcalde y el tal Andy no sólo estarían fuera de la jugada, también deberían renunciar a la directiva de Morena.