En las últimas semanas la presidenta de la República intensificó sus ataques a Ricardo Salinas Pliego, Claudio X González, a los camioneros y los agricultores. Al primero lo acusa de todo; a éste, sólo de estar atrás de las manifestaciones de descontento que han pasado de menudear a generalizarse e intensificarse; a los camioneros y agricultores de perseguir fines políticos y de estar manejados por los partidos políticos.

La presidenta está respetando los días de luto. Aún no toma como adversaria, a quien atacar y denigrar, a Grecia Quiroz. Es cosa de tiempo y de que vea como va creciendo para que enderece en su contra la embestida que los morenos habían iniciado contra su marido Carlos Manzo, sacrificado en Uruapan.

En política es válido atacar e, incluso, inventar adversarios. Son distractores para ocultar errores, deficiencias o, también, disfrazar los planes futuros respecto de un proyecto propio y, eventualmente, separado del de AMLO. Los adversarios así creados son útiles a condición de que no salgan de control, que los supuestos agredidos no pretendan tener vida propia, se alíen entre ellos y, llegado el momento, estar en posibilidad de someterlos o eliminarlos. Hay otros supuestos que se deben cuidar.

En el pasado crear adversarios y atacarlos fue responsabilidad de subordinados, no del propio presidente de la República. A partir de AMLO la responsabilidad recayó en el titular del poder ejecutivo. Él, como autócrata que es y sigue siendo, lo pudo hacer. No estoy seguro de que esa práctica le funcione a la señora Sheinbaum.

Los adversarios peligrosos son aquellos que surgen de manera espontánea o como reacción a los muchos errores, deficiencias y omisiones e, incluso, para defenderse de acciones o ataques que el Estado emprende contra ellos. Tal son los casos de Salinas Pliego y de Claudio X. González. Estos, en menor o mayor grado, si se presentan las condiciones adecuadas, pueden crecer y convertirse en contendientes independientes y fuera de control.

Antes de crear un adversario político a base de atacarlo, es importante conocer la naturaleza del candidato a serlo y tener la seguridad de que, llegado el momento, se retirará, aceptará doblegarse o que, de ser necesario, se cuenta con los elementos para someterlo y que, de intentarse, no implique un costo político que no se esté dispuesto a pagar.

Los ataques presidenciales deben meditarse mucho. Atacar en forma sistemática resta valor a la figura presidencial, siembra dudas respecto de la veracidad de las acusaciones y credibilidad a los dichos presidenciales. AMLO utilizó las mañaneras y cuanto foro tuvo a su disposición, para atacar indiscriminadamente a políticos y políticas, tanto internos como internacionales. Al final sus ataques, a base ser reiterados, perdieron eficacia, dejaron de ser sensacionalistas, merecieron poco crédito; se volvieron risibles. Con el tiempo, fue un honor ser atacado por López Obrador.

Los adversarios pueden ser por razones ideológicas o por animadversión personal. Todo es válido siempre y cuando los ataques debiliten o eliminen a un adversario. No lo serán cuando lo hagan crecer o lo fortalezcan.

Los adversarios peligrosos, frecuentemente, se crean por ataques. De la indiferencia respecto de eventuales opositores políticos, en el mayor de los casos, no deriva nada; en el mejor de los casos provoca apatía en la ciudadanía respecto de quienes intervienen en los negocios públicos.

Claudia Sheinbaum, con sus ataques indiscriminados y por dejar actuar a quienes no debe, está creando futuros adversarios que pudieran adquirir fuerza y crédito, o salir de control o, en el momento menos oportuno, plantearse como opciones viables o atendibles por la ciudadanía.

Los ataques a Ricardo Salinas Pliego, la ciudadanía más los está considerando como una forma de no dejarlo crecer políticamente, que por mediar adeudos fiscales.

En una política a largo plazo, los ataques presidenciales no se deberían enderezar contra los líderes de la oposición: Ricardo Anaya, Xóchitl Gálvez, Kenia López Rabadán, Alito Moreno, Luis Donaldo Colosio y otros. Hacerlo es engrandecerlos. Esa es una tarea que se debe dejar a la escoria de la política, a los animales carroñeros: Gerardo Fernández Noroña. Éste, al hacerlo, sirve al sistema que lo utiliza; él es tan estúpido que hasta cree que realiza un juego propio.

El que Gerardo Fernández Noroña circule por la libre y, haga lo que se le antoje, sin que, aparentemente, sufra consecuencias nocivas, denota que lo hace con aliento oficial. Es un caso en que la indiferencia oficial está sirviendo para que, a la vista de cierto sector de la población, crezca. Gente carroñera, como él, sobra.

Los ataques que Fernández Noroña ha dirigido a la señora Grecia Quiroz, indica el temor que algún sector morenista tiene respecto de que, de seguir creciendo, llegue a la gubernatura del estado de Michoacán y que, ocupado ese cargo, sea tomada como una candidata independiente de los ciudadanos sin partido para la elección presidencial del 2030. Hay tiempo para que crezca y para que sea conocida por un número más crecido de ciudadanos. El partido del sombrero puede convertirse, con el tiempo y un ganchito, en una auténtica y eficaz oposición. Sino no gana la presidencia en ese año, sí alcanzará a menguar de manera grave el poder y la influencia de Morena. Es evidente que los partidos tradicionales dejaron de ser opción viable.

La oposición, organizada y desorganizada, tiene cinco años para hacer crecer un candidato. El mismo lapso tiene la señora Sheinbaum para hacer crecer, involuntariamente, a base se seguir atacando indiscriminadamente, un candidato opositor al que presente su partido.

Ese mismo lapso tiene para crecer quien, en su momento, ella señale como su sucesor o sucesora. Para el 2029 la señora Sheinbaum no nos puede salir con la novedad de que el privilegio de hacerlo también le corresponde a AMLO o, mucho menos, con la noticia de que su sucesor será Andy, alias el Cansadito. Éste, de ser el caso, gobernaría desde su casa en Houston, Texas.