Impartición de justicia

Otro tema; tiene que ver con la justicia: las responsabilidades y funciones confiadas a la Suprema Corte es un servicio que prestan los secretarios de estudio y cuenta. Alguno de los ministros que componen el Pleno ignoran lo más elemental del Derecho; para ocupar el cargo y desempeñar las altas responsabilidades que les han sido confiadas, únicamente debieron reunir dos requisitos: aparecer en los acordeones y mal saber leer, aunque no escribir.

Que una ministra declare en público que la Suprema Corte no está para revisar los actos del Poder Legislativo por ser supremo, demuestra su ignorancia y pone en evidencia la mala preparación de los juzgadores. Ella y otros ministros que sostienen esa opinión, ignoran la naturaleza de los juicios de amparo, la controversia constitucional y la acción de inconstitucionalidad

También hay jueces, magistrados y hasta ministros y ministras que, por virtud del sistema de acordeones, resultaron electos, que consideraban que la función jurisdiccional era enchílame otra o, dicho en otras palabras, que supusieron que el cargo se limitaba a cubrir horas nalgas en su sitial y que, al ver la realidad, por ignorar Derecho, los que han tenido un mínimo sentido de vergüenza, han renunciado al cargo para el que fueron electos por el pueblo sabio y bueno. Los desvergonzados no lo han hecho: siguen en él cargo, no sin quejarse de que tienen que trabajar y por un miserable sueldo.

Hay ministros de la Corte que, a pesar de la presunción de que saben Derecho que deriva de lo dispuesto por el artículo 95 constitucional, no tienen idea de lo que son las leyes y que, a pesar de ello, el senador Ricardo Monreal pide tenerles paciencia, mientras tanto aprenden el oficio.

De esa manera los Tribunales se han convertido en centros docentes en los que los alumnos, en lugar de pagar una colegiatura, reciben salarios que al grueso de los mexicanos se antoja estratosféricos, van a aprender echando a perder juicios y precedentes; ello, en desprestigio de la función jurisdiccional y detrimento de la función de impartir justicia que tienen confiada.

No sé si la señora Lenia Bates sepa cocinar, pues nunca he tenido el gusto de degustar lo que guisa, pero estoy seguro que no tiene idea de lo que es el Derecho, la Constitución y las leyes. Ella, por su soberbia y dogmatismo, es un caso perdido.

 

Poder ejecutivo

La señora Sheinbaum, al ver que su jefe se la pasaba hablando, tirando el dinero público a manos llenas y atacando a sus adversarios todo el santo día, consideró que el cargo de presidente de la República era como el oficio de aguador: que al primer viaje se aprende, que consistía en hablar, atacar, formular promesas y repartir dádivas. Estaba equivocada. Ha sido rebasada por la criminalidad, las inundaciones, las cuentas que tiene que pagar, las manifestaciones de descontento, los paros de camioneros y agricultores y los agarrones de chichi.

Frente a la criminalidad afirmó que han disminuido los homicidios, pero no reconoció que en el renglón de desaparecidos hay un incremento; respecto de los daños provocados por las inundaciones, no habla de fincar responsabilidad, criminal y política, a quienes fueron responsables de los daños y perjuicios; con relación al déficit público tampoco ha decidido actuar contra quienes en el pasado dilapidaron el dinero público o cerraron los ojos ante el huachicol y demás actos de corrupción; respecto se las manifestaciones de protesta, paros y bloqueos se limita a desacreditar sus demandas, señalar como responsables a la derecha y a aislar Palacio Nacional. La secretaria de gobernación, no digo su nombre, para desacreditar los bloqueos de carretera, agregó que se trata de acciones que organizan partidos opositores.

Tanto la presidenta como la secretaria de gobernación han olvidado que el en pasado Morena y sus líderes, con fines partidistas, para llegar al poder, se la pasaron bloqueando carreteras, tomando pozos petroleros, avenidas, paseos y calles de la Ciudad de México y de provincia.

La política internacional es operada con los pies. Nunca el gobierno mexicano había recibido tantas censuras y críticas de los gobernantes de otros países como en la actualidad morenista. El gobierno mexicano exige disculpas a España, pero considera que no debe darle una por la matanza de españoles en la Noche Triste; y ninguna a Bélgica y Francia, por haber fusilado a Maximiliano; no se siente obligado a disculparse por no haber pagado, debida y oportunamente, las indemnizaciones a los extranjeros afectados en su persona y patrimonio, con motivo de la revolución. Tampoco dio ni ha dado una disculpa por el número crecido de extranjeros fusilados durante ese movimiento armado. Pancho Villa no discriminaba entre nacionales y extranjeros para eso de los fusilamientos. México no ha dado disculpas a las compañías petroleras por haberles expropiado sus instalaciones y fundos y pagado después de un largo plazo.

Tampoco se habla de disculpas por razón de que los revolucionarios mexicanos se apropiaron de los cargamentos de oro y plata, propiedad de las compañías mineras, que resguardaban las conductas en su camino a los puertos para ser embarcados.

Si de exigir disculpas, mejor que se quede calladita nuestra presidenta. Las debemos y muchas.

Si funcionan y bien: la corrupción generalizada, la incompetencia de las gobernadoras y autoridades locales; el no respeto a los dictámenes de responsabilidad que emite la Entidad de Fiscalización de la Federación y la negligencia de las policías. Hay otros ramos descuidados y otras actividades mal atendidas.

El distractor al que se recurrió para resucitar, treinta años después de los hechos, de un segundo participante en el homicidio de Luis Donaldo Colosio, fue burdo e importuno. No hay pruebas e indicios nuevos que acrediten su responsabilidad o, cuando menos, por seguridad jurídica del reo, no se mostraron.

Otro distractor, burdo también, fue el montaje en el cual un sujeto desconocido para los mexicanos, pero, al parecer conocido para los que mal resguardaban la persona de la presidenta de la República, en el que, a decir del público, tuvo a bien agarrar las chichis presidenciales. Utilizo el término chichis por razón de que está de moda revivir los usos, costumbre y lenguas indígenas.

Una de nuestras mayores desgracias es que la señora Sheinbaum, a pesar de que fue electa presidenta de la República y por el voto ciudadano no alcanzado por ningún presidente anterior, sigue dependiendo en todo de las directrices que, con carácter de ordenes, le imparte AMLO.