Reforma Electoral: Sabemos bien hacia dónde va esto. El debate será diluido en una falsa retórica de austeridad. No se centrará en una institución sino en individuos. Le pondrán rostro a uno que otro “pluri” y esa terminará siendo la estruendosa discusión pública.

No hablarán del equilibrio de poder, ni recordarán nuestra historia democrática. Elegirán a un adversario y dirán: ¡Él es plurinominal, el pueblo no quiere a los plurinominales! Una vez más, esta será la estrategia para arrebatarnos lo que nos queda de democracia.

Claramente, es mucho más fácil odiar a una persona que comprender toda la destrucción que Morena está dejando.  

Se rehusarán a hablar de nuestra historia, porque les recordará su traición. Es ahí donde está el reflejo fiel de los efectos que tendrá su reforma electoral.

Para comprender esto, debemos remontarnos a la polémica elección de 1988.

En aquel momento, el PRI obtuvo el 50% de los votos y eso bastó para quedarse con el 94% de la Cámara de Senadores; en dicha Cámara no existía la representación proporcional, lo que permitía una distorsión absoluta de la voluntad popular.

En la Cámara de Diputados ya había representación proporcional; pero la hegemonía se aseguraba con la “cláusula de gobernabilidad”. Esta le regaló al PRI tantos diputados como necesitara para lograr la mayoría absoluta.

Otra particularidad del sistema electoral es que no existía el IFE. Las elecciones se organizaban por el gobierno y el mismo priismo validaba los triunfos.

Entonces, México sí tenía una de las democracias más caras del mundo. El costo no era el dinero, eran los derechos y las libertades de los mexicanos. Pensar distinto se podía pagar con la vida. Así que, tal vez era un sistema austero, pero no barato.

A pesar de ello, en 1988 el PRI no tenía mayoría calificada; fue la primera vez que tuvo que escuchar a otras fuerzas políticas y llegar a acuerdos.

Es curioso, en 1988 las reglas estaban diseñadas para distorsionar el voto y asegurar que los votos de la oposición no se vieran materializados en voces parlamentarias. Hoy, tenemos un mejor diseño del sistema electoral, pero Morena logró distorsionar esas reglas para robarle a un 45% de mexicanos sus escaños en el Congreso. Le bastó 54% de los votos, para quedarse con 74% de curules en la Cámara de Diputados.

Gracias a eso, hoy todo está en jaque. Grandes avances democráticos se han destruido. Ha sido tan rápido como si fuera un rayo que cae sin que la sociedad mexicana sea capaz de reaccionar a tiempo. Esta vez van por el desmantelamiento del sistema electoral.

Los escenarios de una reconfiguración del Poder Legislativo ya han sido anunciados por el oficialismo. Todos muestran un objetivo claro: pulverizar a la oposición y asegurar que no surjan nuevas alternativas políticas reales. Hegemonía y solo eso.

Se trata de un intento deliberado por utilizar el poder para derrumbar la escalera que les permitió llegar ahí, para que nadie pueda alcanzarlos. Quieren perpetuarse en el poder, con o sin votos.

La historia es cíclica y se repite para quienes no la conocen, o para quienes la conocen y la utilizan como su brújula para encontrar el regreso.

La pregunta que nos queda es: ¿permitiremos que nos arrebaten lo que queda de la democracia? Los datos técnicos están ahí, en la Lupa; la decisión de ignorarlos o actuar es nuestra. A través de LupaReforma2026.mx, hemos documentado cómo esta propuesta sería un inminente retorno al autoritarismo, más agresivo todavía. Debemos informarnos y actuar.

La autora es abogada y consultora especialista en materia electoral

Web: defensaelectoral.com.mx

LupaReforma2026.mx

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