Después de casi una década de silencio estadístico, el gobierno federal publicó el 23 de diciembre de 2025 la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2025). El documento no es menor: constituye el principal instrumento de diagnóstico para entender las dinámicas reales del consumo de sustancias en México y, sobre todo, para desmontar discursos simplistas que han dominado la discusión pública en los últimos años.
El primer dato que suele encender las alarmas es el aumento de la prevalencia del consumo de cualquier droga alguna vez en la vida, que pasó de 10.3 por ciento en 2016 a 14.4 por ciento en 2025. La lectura apresurada diría: “México consume más drogas”. Sin embargo, una revisión más cuidadosa obliga a matizar. El incremento se concentra en regiones específicas —Ciudad de México, Centro, Noroccidental, Nororiental y Península Norte—, es decir, zonas con mayor urbanización, conectividad, acceso a mercados y, no pocas veces, mayor capacidad de autorreporte. No se trata únicamente de un aumento del consumo, sino también de una mayor visibilidad del fenómeno.
Más revelador aún es lo que ocurre con la población adolescente. Contra el imaginario dominante, el consumo de cualquier droga alguna vez en la vida no aumentó, sino que disminuyó: de 6.4 por ciento en 2016 a 4.7 por ciento en 2025. Lo mismo sucede con las drogas ilegales, cuyo consumo pasó de 6.2 a 4.1 por ciento en el mismo periodo. En mujeres adolescentes la caída es todavía más pronunciada. Estos datos cuestionan frontalmente la narrativa del “colapso generacional” y sugieren que las políticas de prevención escolar, la información temprana y ciertos cambios culturales han tenido efectos positivos.
El cannabis sigue siendo la droga ilegal de mayor consumo, con un aumento en la población general de 8.6 a 12 por ciento. No obstante, incluso aquí hay claroscuros: el uso en mujeres adolescentes se redujo de manera significativa. Esto confirma una constante en la ENCODAT 2025: el problema del consumo no se está desplazando hacia edades cada vez más tempranas, sino que, por el contrario, la edad promedio de inicio aumentó de 17.5 a 19 años.
Quizá el hallazgo más relevante frente a la histeria mediática es el relativo al fentanilo. La prevalencia de consumo no médico alguna vez en la vida es de apenas 0.2 por ciento, y su uso se concentra exclusivamente en mayores de 18 años. No hay registro de consumo en población de 12 a 17 años. Esto no implica minimizar el riesgo, pero sí obliga a rechazar la importación acrítica del modelo estadounidense de “epidemia del fentanilo” como si fuera una realidad mexicana ya instalada.
Finalmente, la encuesta revela una asignatura pendiente: sólo 9.9 por ciento de quienes consumieron drogas en el último año ha estado alguna vez en tratamiento. El dato es contundente. Más allá del consumo, el verdadero déficit está en el acceso a servicios de atención, prevención secundaria y reducción de daños.
La ENCODAT 2025 no describe un país al borde del abismo, pero tampoco uno libre de problemas. Ofrece, más bien, una fotografía compleja que exige políticas públicas basadas en evidencia y no en el miedo. Ignorarla —o manipularla— sería el verdadero error histórico.
Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.
@onelortiz
