Este año 2026 empezó bastante agitado, el día 2 de enero se produjo un sismo de 6.5 grados con epicentro en el estado de Guerrero, que hizo temblar a la población en la ciudad de México y poblaciones de los estados colindantes, la intensidad se sintió particularmente fuerte con una duración de un minuto. El temblor nos hizo recordar que la ciudad de México está asentada en una zona de alta sismicidad y que regularmente ocurren estos fenómenos que ya en varias ocasiones ha producido graves daños en las personas y en edificaciones.
Y siguiendo con el calendario el día 3 de enero nos despertamos con la noticia de que agentes militares de Estados Unidos habían ingresado a Caracas capital de Venezuela para aprender a Nicolás Maduro quien fungía como presidente de aquel país.
La justificación que dio el presidente Donald Tump fue que no se trataba de una intervención militar sino del cumplimiento de una orden de aprensión dictada por un juez en Nueva York, que desde el año 2020 tenía en contra de Nicolás Maduro por varios delitos entre ellos el de terrorismo y conspirar para introducir drogas a Estados Unidos.
Una vez más el gobierno de Estados Unidos se erige como agente justiciero mundial y actuando extraterritorialmente se arroga el derecho de detener y juzgar a personas radicadas en un país extranjero, sin el más mínimo respeto por los tratados del Derecho Internacional.
Desde el día de la aprensión y traslado de Maduro y de su esposa a los Estados Unidos, han proliferado los comentarios y artículos de todos los opinadores y conocedores del Derecho Internacional, algunos reprobando la acción y otros justificando la misma, lo cierto que en este momento de la historia las condiciones geopolíticas mundiales han cambiado mucho desde la segunda guerra mundial y de la emisión de los tratados y acuerdos entre las naciones, y este cambio es tal que deja sin fuerza a todos los instrumentos del Derecho Internacional que carecen en sí mismos de coercibilidad para hacerlos respetar.
La presidente Sheinbaum emitió un comunicado reprobando la acción de los Estados Unidos, calificándola de intervención militar unilateral y como respuesta Trump señaló que ella no gobernaba a México, que quienes gobiernan son los carteles de la droga, que ya había propuesto a la presidenta de que Estados Unidos podía acabar con la delincuencia en México, pero que ella tiene miedo.
Es indudable que la presidente de nuestro país tendrá que ajustar sus políticas a las “sugerencias” norteamericanas si nuestro país quiere continuar siendo tratado como socio comercial y deberá ser más prudente en los pronunciamientos que haga con respecto de las relaciones con nuestro vecino del norte.
De lo que se ha publicado por la prensa escrita y los noticieros, podemos deducir que al interior de Venezuela la acción del gobierno de Estados Unidos se apoyó en el acuerdo con diversos actores políticos dentro del país sudamericano, toda vez que no hubo demasiada resistencia por parte del ejército venezolano y la mayoría de las víctimas fueron militares cubanos que componían la guardia personal de Maduro.
Las condenas por parte de diversos países a la detención de Maduro, no se hicieron esperar, Cuba y Nicaragua la rechazaron junto a Rusia, China, Irán; a ellos se les sumaron los gobiernos de Colombia, México y Brasil, como un bloque homogéneo que se perfila como opositor a la intención de Trump de poner una Base en Venezuela que se proyecte a todo el continente como un gesto dirigido al resto de los países del continente y la flota norteamericana en el Caribe como presencia disuasiva, es una copia de la “diplomacia de las armas” de la doctrina Monroe.
La Doctrina Monroe es una política exterior de Estados Unidos establecida cuando el presidente Monroe en 1823 advirtió a las potencias europeas contra la colonización o intervención en el continente americano, bajo el lema “América para los americanos”, esta doctrina sirvió para justificar la influencia y expansión estadounidense en el hemisferio, considerando a los países latinoamericanos de la región como su “patio trasero” y actuando como el “Gran Hermano”.
Desde hace aproximadamente 5 años el gobierno de Venezuela había venido suscribiendo acuerdos con Rusia, China, Irán y Cuba, países confrontados con los Estados Unidos, y gran parte de su venta del petróleo era China, Rusia y Cuba. La mano invisible norteamericana se percibe en los cambios políticos de los países latinoamericanos, la caída del MAS en Bolivia, la pérdida de poder de las izquierdas en Argentina y en Ecuador y la derrota de Xiomara Castro en Honduras tienen el efecto de restarle presencia a China, Rusia e Irán como aliados en el hemisferio americano.
Los países del continente americano han quedado divididos en dos grande grupos, por un lado tenemos una coalición de diez países propuesta por el presidente argentino Javier Milei, que integrarían los mandatarios de Chile, El Salvador, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Perú, Panamá, Costa Rica, Honduras y República Dominicana. Y por el otro lado, los que están alineados con el “Foro de Sao Paulo” tenemos a Brasil, México, Colombia, Cuba y Nicaragua que coindicen con sostener mejores relaciones con Rusia y China.
La intención de Trump con la nueva aplicación de la doctrina Monroe es la de expulsar la influencia de otras potencias en el hemisferio significa una llamada de alerta para que los países y sus gobiernos en el sentido de que se deben alinear con la estrategia norteamericana.
En fin hay que esperar el desarrollo de los acontecimientos ya que por ahora se hace realidad la frase “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, dicho popular atribuido al expresidente Porfirio Díaz, que refleja la paradoja de la relación geopolítica de México, su cercanía geográfica y cultural con la potencia dominante que es Estados Unidos, mientras lucha con sus problemas internos.
