Son innegables e inocultables las crecientes presiones de Trump a Sheinbaum para que actúe contra sus aliados narcopolíticos. Y cada día son más visibles los ánimos intervencionistas estadounidenses en México para asumir la tarea que acá no se hace contra los poderosos grupos delictivos.
Reitero que no estoy a favor de una incursión gringa en nuestro país para que nos salven de este narcogobierno morenista, pero tampoco justifico que aquí ni en cualquier parte del mundo se siga protegiendo a los delincuentes bajo el engañoso discurso de la defensa de la soberanía nacional.
Nuestro gran problema como país es la enorme debilidad y vulnerabilidad en la que nos ha colocado el populismo autoritario del obradorismo en estos últimos 7 años de gobierno debido a sus alianzas con esos grupos que han provocado la pudrición económica, política, social y cultural en franjas enormes del territorio nacional. Eso, en detrimento del país, les ha permitido a los de Morena ganar elecciones, enriquecerse y mantenerse en el poder.
Sheinbaum comparte y ha sido beneficiaria de ese proyecto corrupto que la llevó a la Presidencia. Sólo que ahora se encuentra entrampada entre las presiones de su homónimo autoritario del norte, que le exige la entrega de “piezas mayores” que satisfagan su sed populista para ofrecerla a los electores estadounidenses en las próximas contiendas, y las lealtades políticas de ella con su jefe político de Palenque.
Cualquier decisión gubernamental conlleva riesgos. Y el mayor de ellos para el país es que Claudia no actúe como verdadera jefa de Estado, sino como subjefa de pandilla del morenismo, lo cual permitiría la abierta intervención de Trump en México.
A la par, estamos en vísperas de que se inicien las pláticas formales para la revisión del tratado comercial entre Estados Unidos, Canadá y México, mismo que a veces parece estar herido de muerte por las decisiones proteccionistas del presidente norteamericano. Si éste tiene fundados pretextos para no renegociar el tratado, culpando a México de proteger a criminales, el futuro inmediato se torna aún más desolador.
Además, insensatamente, aquí la jeja del ejecutivo ha insistido en una reforma electoral antidemocrática y regresiva que tiene como objetivo central el dominio absoluto de los procesos electorales para mantenerse indefinidamente, y a como dé lugar, en el poder, adelantando la llamada “revocación de mandato” (por cierto, figura a la que en regímenes democráticos recurre la oposición para buscar sacar del gobierno a sus contrarios), que aquí nadie ha exigido, para ella poder aparecer en la boleta y hacer campaña para favorecer a su partido.
¿Por qué Claudia hace eso en medio de un escenario tan caótico? Porque sabe que la aceptación nacional que Morena y sus gobiernos tienen se ha ido reduciendo aceleradamente en los últimos meses, y temen perder las elecciones del 2027, así como sobre todo las presidenciales del 2030. Además, para complicar más las cosas, esta reforma se les ha complicado internamente y con sus propios aliados. No sabemos ahora cuál será el futuro de esta tonta pretensión.
Y como dudo –con gran dosis de certidumbre- que Sheinbaum vaya a razonar en términos de estadista por el bien del país, no dejaré de insistir, con mis imbatibles ánimos de optimismo histórico, en la necesidad de que todos los sectores de nuestro país, que no queremos ver a México hundido y consumido por el degradante totalitarismo, hagamos un frente común para salvar a la patria, al margen del gobierno antinacional de Morena. TODOS es TODOS: sociedad civil, empresarios de todos los niveles, académicos, intelectuales, comunicadores, políticos, trabajadores, políticos y quienes deseen sumarse.
Como diría el poeta Paul Éluard en 1946, después de la terrible Segunda Guerra Mundial: “Tomar forma en lo informe / Tomar huella en lo difuso / Tomar sentido en lo insensato / En este mundo sin esperanza”.
