Y no por casualidad o simple ocurrencia recordé a Nicolás Maquiavelo: Los nuevos jueces rinden admiración y pleitesía a AMLO a partir de la aciaga reforma constitucional al Poder Judicial, y como políticos leales a la dictadura, la función de impartir justicia es lo que menos les interesa; ansían el poder y perpetuar la dictadura de su benefactor, y a la manera de Agatocles y de Oliverotto, descritos por Maquiavelo en El Príncipe, es evidente que han decidido conducirse desde un principio con despotismo y violencia moral primeramente ante el personal de los juzgados, pero aún más ante los propios justiciables y los litigantes para demostrar quién ostenta el poder y así aniquilar a quien se atreva a criticarlos, tal como ocurrió en el caso de la citada juzgadora.

¿A qué atribuyes dicho comportamiento?

Hasta un psicólogo diletante, por no decir principiante o aficionado, te diría que ello obedece a la impreparación e ignorancia jurídica de tales juzgadores y a su falta de vocación por la justicia; la experiencia diaria nos muestra que el despotismo va en proporción directa a la ignorancia: mientras más ignorante y mediocre, más autócrata es todo funcionario o servidor público, sumándose a ello su afán de imitar y agradar a López Obrador; basta citar como ejemplo al expresidente del Senado, que públicamente, cínicamente afirmaba que la aprobación de la reforma judicial sería el mejor regalo que harían al “compañero presidente”, e hinchado de soberbia y autoritarismo humilló en el propio Senado a un ciudadano por haberle reclamado su altanería e hipocresía, obligándolo, bajo amenazas de cárcel, a que le pidiera perdón; como igualmente vergonzosa ha sido la ignorancia y torpeza del presidente de la Corte Hugo Aguilar Ortíz que no conoce los principios fundamentales de la autoridad de la cosa juzgada ni de la irretroactividad de la ley, habiendo llegado al ridículo de recabar, a título de consulta, la opinión de la ministra del pueblo, Lenia Batres, a la cual el pueblo tiene bien identificada como la ministra burra; evidente ejemplo del adagio de que si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el abismo; el mismo ministro citado no desaprovecha la ocasión para acomodarse, casi mimetizarse, como “buen político”, a su maestro y conductor López Obrador, hasta en el modo de hablar.

Puntualmente criticó la intervención de Estados Unidos en Venezuela por atentar contra la legalidad; ¿es ese el papel del presidente de la Corte, aunque no sea Suprema? ¿No haría mejor en ponerse a estudiar Derecho o pedir al dictador que lo nombrara, por conducto de la lugarteniente, como secretario de relaciones exteriores? ¿Y por qué guardó silencio, si fuese jurisconsulto de convicción, ante las absurdas reformas constitucionales relativas al Poder Judicial y a la improcedencia del juicio de amparo, manifiestamente tendientes a la destrucción del Poder Judicial como Órgano Independiente del Ejecutivo y con plenitud de autonomía e imparcialidad? Es innegable que el presidente de la Corte, para agradecer su designación a su protector López Obrador, tenía como objetivo revocar o declarar la invalidez de aquellas ejecutorias de la antigua Suprema Corte de Justicia de la Nación que le fueron desfavorables. Por cierto, si los legisladores morenistas y sus monaguillos del PVEM y del PT son congruentes dentro de la vertiente de su ignorancia, así como de su servilismo al dictador, no nos extrañe que en una futura reforma constitucional cambien el nombre de Suprema Corte de Justicia de la Nación (por la sencilla razón de que ya no es suprema) por el de “Dirección General Jurídica de la Presidencia de la República”, pues eso denotaría que abiertamente reconocen la DICTADURA que nos está gobernando.

Otro ejemplo de la grave ineptitud jurisdiccional y la ignorancia es el caso reciente de nuestro amigo Mauricio Fernández a quien el juez de Distrito le desechó una demanda de amparo porque a pesar de las graves violaciones de los derechos sustantivos en que incurrió la autoridad responsable, y no obstante que estaban de por medio menores de edad representados por su padre, el juez sostuvo empecinadamente que sólo se trataba de violaciones procesales; es obvio que un lego en materia de amparo y sin el hábito del estudio, resolverá de manera frívola violando las garantías constitucionales; adicionalmente a lo antes expuesto, un número considerable de empleados del Poder Judicial ya están desesperados y desencantados con los nuevos jueces tanto por su ignorancia como por su autoritarismo.

¿Qué propondrías como litigante, Nicéforo? ¿Sugerirías más bien dejar el ejercicio de la abogacía para no estar soportando a políticos en función de jueces, inexcusablemente ineptos e ignorantes?

Si no fuera porque te conozco y somos amigos, te diría que me ofendes con tu pregunta, Patricio. Tú y yo sabemos que un auténtico abogado identificado con la justicia requiere de valentía y perseverancia, debiendo conducirse en forma honesta y generosa, no sólo por lealtad a sus convicciones y a los justiciables, sino en cumplimiento de un deber ético insoslayable. En consecuencia, ante el actual panorama de una dictadura que en forma demagógica e hipócrita invoca la soberanía nacional ante Estados extranjeros e internamente hunde a México y a su población en la devastación de vidas y de la economía por la total inseguridad en connivencia con los narcotraficantes y el crimen organizado fungiendo como un verdugo de los gobernados y todo eso con aquiescencia, qué digo eso, con el expreso apoyo de los integrantes del todavía denominado poder judicial, nuestra inquietud, nuestra mística y nuestra filosofía de vida, debe ser luchar incansablemente, mediante las impugnaciones legalmente establecidas, en contra de toda decisión, llámese auto, interlocutoria o sentencia definitiva, que sea emitida en perjuicio de cualquier gobernado en su acceso a la justicia, así se trate de los integrantes del “Poder Judicial de la Federación”.

Y una vez agotados los trámites y procedimientos legales internos, de persistir tales violaciones, acudir a instancias internacionales para poner en evidencia la dictadura feroz que nos gobierna; no todos los países son Cuba, Nicaragua, Venezuela, Rusia ni Corea del Norte; son muchos los pueblos amigos dispuestos a apoyar a México, sin incluir a nuestros vecinos del Norte; estos dictadores hambrientos de poder y de dinero mal habido, traidores contumaces, saben bien que tienen sus días contados; saben además que, si bien es verdad que un gran número de electores víctimas de las artimañas y mentiras de AMLO y de su corcholata todavía dicen estar de su lado, agradecidos por los apoyos sociales que “les han dado López Obrador y Claudia, mientras que antes ningún presidente lo había hecho”, ya es la gran mayoría de la población libre e independiente la que ha abierto la mente y la conciencia para percatarse de la estrategia a base de halagos a los más pobres, mentiras, calumnias, odio, rencor y división de los mexicanos, así como de los nexos con los criminales a cuyas expensas vive el mexicano, implantada (la citada estrategia) por López Obrador y seguida al pie de la letra por su leal servidora y continuadora, convenciéndose igualmente la inmensa mayoría de los mexicanos de que han sido engañados, porque dichos personajes únicamente son leales a los dictadores de los mencionados países, teniendo como primordial objetivo fortalecer su propia dictadura en nuestro país. Así que, jamás claudicaremos, adelante en la lucha, Patricio.