El año que terminó nos mostró que el ejercicio del periodismo en México se ha convertido en una actividad de riesgo. Acoso judicial, censura directa, agresiones, asesinatos y estigmatización son parte de los elementos que se conjuntaron en contra de medios e informadores en 2025, con una tendencia preocupante que tiene como objetivo, parafraseando una frase atribuida a George Orwell, evitar que el periodismo publique lo que alguien no quiere que se publique, porque todo lo demás son relaciones públicas.
Este es un resumen del avance de la maquinaria del silencio que, si bien no empezó su marcha en 2025, si consolidó su labor en detrimento del derecho a la información de la ciudadanía.
2025: El año que informamos en peligro
Durante el 2025, ejercer el periodismo en México se ha consolidado como una labor de riesgo extremo, marcada por una transición de la violencia física hacia sofisticados mecanismos de silenciamiento institucional. De acuerdo con Artículo 19, el país se mantiene como uno de los más peligrosos del mundo para la prensa fuera de zonas de guerra, enfrentando un sistema que combina la letalidad directa con un preocupante “apagón de la transparencia” y el uso faccioso de las leyes.
Violencia letal y asesinatos: La letalidad contra los comunicadores no ha cesado. Durante el primer año de la administración de Claudia Sheinbaum (hasta finales de 2025), se han documentado al menos ocho asesinatos de periodistas en posible relación con su labor. Entre las víctimas registradas en 2025 se encuentran Calletano de Jesús Guerrero (Estado de México), Alejandro Gallegos León (Tabasco), José Carlos González Herrera (Guerrero), Salomón Ordóñez Miranda (Guanajuato) y Miguel Ángel Beltrán (Durango), este último asesinado en octubre mientras ejercía su labor informativa. Estos crímenes suelen ocurrir en contextos de cobertura sobre seguridad, corrupción y crimen organizado, donde la impunidad estructural alcanza niveles cercanos al 98% en casos con sentencia.
El auge del acoso judicial: Una de las tendencias más críticas en 2025 es el uso de las leyes como herramientas de censura, conocido como SLAPPs. Entre enero y julio de 2025, se registraron 51 casos de acoso judicial, lo que equivale a un nuevo proceso legal contra la prensa cada cuatro días. Este patrón refleja un uso instrumental del marco legal para agotar los recursos económicos y humanos de los periodistas.
Ejemplos emblemáticos incluyen:
- Instrumentalización de la Violencia Política de Género (VPEG): Casi uno de cada dos procesos de acoso judicial utiliza esta figura para inhibir el debate público y eliminar publicaciones críticas. Usuarios de redes sociales y comunicadores han enfrentado procesos judiciales por este motivo sólo por expresar críticas a políticos, como sucedió en el bastante conocido caso de #DatoProtegido que busca ser utilizado para acallar las opiniones contrarias.
- Censura directa: En Campeche, el periodista Jorge Luis González enfrenta procesos penales y civiles promovidos por la gobernadora Layda Sansores, incluyendo la designación judicial de un “interventor” (censor) encargado de revisar sus publicaciones antes de ser difundidas.
- Criminalización del honor: En Michoacán, la Fiscalía ejecutó una orden de aprehensión contra una mujer por “ataques al honor a través de medios cibernéticos” en Facebook, marcando un hito punitivo contra la libre expresión. Asimismo, en Veracruz, el periodista Rafael León Segovia fue detenido bajo cargos de terrorismo y encubrimiento.
Censura y Opacidad Institucional: El sistema de censura se ha fortalecido mediante el debilitamiento de los contrapesos. La desaparición del INAI ha generado una barrera crítica para el acceso a la información, permitiendo al Estado ocultar corrupción y violaciones a derechos humanos bajo conceptos vagos de “seguridad nacional”. Además, la estigmatización oficial persiste a través de secciones como “El detector de mentiras” en las conferencias matutinas, lo que genera un “efecto cascada” que valida agresiones por parte de particulares y funcionarios locales.
No fue un buen año
A pesar de los riesgos que se han presentado en el ejercicio del periodismo en el país, debemos mencionar que hay comunicadores que insisten en dar la batalla, logrando algunos triunfos a pesar el entorno que busca acallar las voces incómodas. La labor de Jorge García Orozco desnudando la riqueza de los morenistas, las notas de Ignacio Villaseñor sobre los hackeos a instancias de gobierno como el SAT o la labor de Miguel Meza, Oscar Balmen y Defensorxs para presentar a los narcopolíticos son solo algunos ejemplos de lo que el periodismo en México debe realizar cotidianamente.
Asimismo, medios digitales como Latinus, Atypical TV, e impresos como Reforma, El Universal, Proceso, siguieron dando la batalla para informar de temas que incomodan al poder, sufriendo señalamientos y represalias por su labor.
En conclusión, el periodismo en México durante 2025 se encuentra atrapado en una “telaraña de opacidad”, donde la vigilancia digital invasiva y el acoso en los tribunales buscan generar un efecto inhibitorio colectivo que asfixia el derecho de la sociedad a estar informada.
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