A Trump le urge realizar acciones que le permitan, cuando abandone el poder, quedar a salvo de las acusaciones que penden sobre su persona: haber intentado un golpe de estado; o que, por haber “hecho otra vez grande a América”, se olviden y hasta se excusen, los excesos sexuales que han puesto en entredicho su nombre.
Trump dijo que ahora se encargará de Cuba. Viendo lo que hizo en Venezuela, podemos esperar lo peor. Sin descartar una agresión directa, de inicio cabe suponer que va a ahogar su economía. Ya le cortó el apoyo que, en forma de combustible y dólares, le llegaba de Venezuela. Eso, por el lado del que se vea, es un golpe mortal para las autoridades de la isla.
En pocos días es predecible que veamos que Trump prohibirá a México regalar combustible a Cuba y hacerlo bajo el expediente de venderlo. Ya vimos que la señora Sheinbaum, para seguir haciéndolo, va a invocar como razón el que México, el país que preside, es soberano; pronto le demostrará que no lo es; que simple y llanamente es una colonia o un vasallo de un gran imperio y que, por ello, está supeditado a lo que se le ordene. Existe la posibilidad de que, en alta mar, los barcos petroleros mexicanos sean detenidos y su combustible requisado.
Enseguida, bajo el pretexto de ser trabajadores forzados, también existe la posibilidad de que se prohíba al gobierno mexicano, el que siga contratando médicos cubanos y, también, que siga permitiendo el turismo de nacionales a la isla.
Ante un imperio que no se preocupa por guardar las apariencias, nuestra pobre presidente doña Claudia Sheinbaum se va a convencer de que es inútil que siga afirmando, no creyendo, que México es una nación soberana. De nada le valdrá invocar los principios de no intervención y de arreglo pacífico de las diferencias que surgen entre naciones. Pronto va a entender lo que es una auténtica política imperialista, esa que tanto ella, como los que ahora son sus cómplices en el poder: los así llamados izquierdosos, criticaron.
Nuestros rojillos: corruptos, encubridores, hambrientos de dinero y poder, sedientos de venganza, voraces e ineptos, están espantados; no es para menos; los manotazos que a diestra y siniestra está dando quien ahora preside el imperio norteamericano son para espantar a cualquiera. Han de esta diciendo: en mala hora llegamos al Poder y, por acciones legales e ilegales, monopolizamos el Poder. Tenemos mala suerte; llegamos en el momento menos oportuno: cuando funge como presidente de los Estados Unidos de América alguien que, como Gabino Barreda, el del corrido, no entiende razones.
Maquiavelo, en su De principatibus, dedica un capítulo, el XXV, a analizar la importancia que la fortuna, el azar o la casualidad tienen en la vida humana y, en especial en lo relacionado con el poder y la permanencia en él de los príncipes o gobernantes: “…juzgo que puede ser verdad que la fortuna sea árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero que también nos deja gobernar la otra mitad, o casi, a nosotros”.
Esos pobres izquierdosos mexicanos no son socialistas; no lo son el tal Andy López Beltrán y su tío Adam Augusto; todos ellos son unos oportunistas y vividores. Tuvieron mala suerte, llegaron al Poder, desaparecieron la democracia, los controles, los pesos y contrapesos y establecieron un monopolio autoritario, en el momento menos oportuno para ellos y para sus ambiciones.
Los morenos, en 2030 no las tienen todas consigo: existen posibilidades reales de que un candidato opositor asuma la presidencia de la República. Para que ello suceda, pudiera ser algo muy sencillo: sería suficiente con que, en Washington, en el momento menos oportuno, se cuestione la honorabilidad de quien para ese año sea candidato de Morena, se pongan en duda los antecedentes de sus líderes, los de su fundador o de sus familiares o, incluso, con el simple hecho de que retire la visa a su candidato, haría que opere un vuelco en el electorado.
Como van las cosas, en 2030, es factible que asuma la presidencia de la República Ricardo Salinas Pliego. En ese caso, esperemos que esos izquierdosos mexicanos no tengan inconveniente en que él use el poder que ellos acapararon y que, llegado el caso, con las instituciones pública que los morenos reformaron y desvirtuaron y que tendrá a su disposición: Fiscalía General de la República, Secretaría de Hacienda, tribunales y otras, los persiga y aprisione.
Es un secreto a voces que muchos morenos tienen cola que les pisen: huachicol, corrupción, mala supervisión de obras públicas, nepotismo, falta de controles en el manejo de los fondos públicos, obras mal hechas, despilfarro, amiguismo e, incluso, eventuales ligas con la delincuencia organizada. Se les acusa de todo y de manera reiterada.
En el caso, para enderezar su acción, no importa que Salinas Pliego, como presidente de la República, no logre el control absoluto del Congreso de la Unión, tal como lo hizo Morena, con argucias y con la complicidad de las autoridades y magistrados electorales. En su momento, contando con el concurso de los partidos comparsa de siempre: del Trabajo y Verde Ecologista, Salinas podrá hacer y deshacer en lo relativo a nombramientos, destituciones, acciones y omisiones. No le costará deshacerse de los actuales ministros, magistrados y jueces supuestamente electos. Tendremos que decir adiós a los ministros del pueblo y a los de usos y costumbres. AMLO puso las bases constitucionales para echarlos a la calle y la señora Sheinbaum enseñó cómo nombrar a sus sustitutos: mediante elecciones amañadas y acordeones.
Esperemos que Salinas Pliego, dentro de su equipo, encuentre una nulidad absoluta tipo Rosario Piedra Ibarra y la haga presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Lo ideal sería que, como sucede ahora, que la nueva comisionada sea ciega, sorda y muda; que no vea ninguna violación, que no realice ninguna acción en defensa de los derechos humanos de los izquierdosos y que no formule recomendaciones. Con esa medida los rojillos que sean perseguidos y encarcelados no tendrán ante quien recurrir, tal como sucede en la actualidad con los adversarios de la 4T.
Hay un dicho que dice: También los pendejos tienen derecho a la vida, pero no la jodan: marchen pronto. En el caso, a los auto llamados izquierdosos mexicanos les es aplicable el dicho; ellos, a querer o no, también tienen derecho a la vida, pero no la jodan: marchen pronto.
