Los Universitarios hablan es un espacio abierto a la comunidad estudiantil, inicialmente la que funciona en la Ciudad de México. Pretende ser un espacio en el que maestros y alumnos opinen libre y responsablemente sobre temas de actualidad.
En esta entrega participan Emiliano Rizo Trade y Emiliano Bañuls Buendia alumnos de la Escuela Libre de Derecho y de la Universidad Panamericana, respectivamente. Dan su visión respecto de un tema específico y actual: La doctrina Donroe.
Elisur Arteaga Nava e Ireri Elizabeth García Ramos
La Doctrina Monroe: Práctica de dominio de los Estados Unidos en 2026
Por Emiliano Bañuls Buendia, UP
La Doctrina Monroe, proclamada el 2 de diciembre de 1823 por el presidente James Monroe, marcó el camino y personalidad en la política exterior de Estados Unidos que se refleja hasta nuestros días, en sus inicios, frente a las potencias europeas, amenazándolas de no intervenir en los asuntos del continente americano, estableciendo que cualquier intervención europea en los estados independientes de las Américas sería considerada un acto hostil contra Estados Unidos. Este principio, resumido en el lema “AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS”, tenía el objetivo de consolidar la independencia de los nuevos países latinoamericanos y prevenir la restauración colonial europea.
Sin embargo, las múltiples interpretaciones de esta doctrina posibilitaron un uso expansivo de este término a lo largo de los siglos XIX y XX, pues en 1904, existió una vertiente por parte del Corolario Roosevelt, del presidente Theodore Roosevelt, declarando que Estados Unidos tenía el derecho de intervenir incluso internamente en países latinoamericanos para corregir “anomalías” que pudieran traer problemas al orden de todo el continente. Este cambio dio pie a repetidas intervenciones militares y políticas, como lo son las ocupaciones en Nicaragua, Haití y República Dominicana, hasta la intervención secretamente orquestada de la CIA en Guatemala y Chile durante la Guerra Fría, siempre bajo el pretexto de proteger intereses de todos los países del continente, claro, sin preguntarles sobre su conformidad respecto a Estados Unidos.
Hoy, dos siglos después de su enunciación, esta doctrina sigue vigente, aunque con los avances globales en política internacional y autonomía de las naciones, parecería obsoleta en un mundo globalizado, es claro la postura de control de Estados Unidos sobre su “patio trasero”.
La administración estadounidense actual, ha reanimado explícitamente este enfoque tradicional, en 2025 y lo poco que llevamos del 2026, bajo la dirección del presidente Donald Trump, la doctrina ha sido reinterpretada y marcada como una justificación formal para reactivar la presencia e intervención militar y política de Estados Unidos en América Latina. La estrategia, que se ha denominado DOCTRINA DONROE, mezcla el legado de Monroe con una política exterior agresiva orientada a reafirmar la preeminencia estadounidense de acuerdo con su actual mandatario, Donald.
Un ejemplo claro de esto es la intervención militar en Venezuela de este año, en la que fuerzas estadounidenses capturaron al presidente Nicolás Maduro, justificando la acción con cargos de narcoterrorismo y la necesidad de proteger la seguridad de toda la región y no únicamente por los intereses de Estados Unidos. Esta operación ha desatado críticas por parte de diversos gobiernos y expertos que señalan que viola principios fundamentales del derecho internacional y la soberanía de los estados, tan es así que líderes de países como México, Brasil, China y Rusia denunciaron la operación como un acto dominante y arbitrario, con el que no están de acuerdo, claro por verse amenazados, lo que podría generar tensiones entre estas naciones.
Más allá de Venezuela, la política exterior estadounidense ha cobrado otros matices de intervención, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha declarado que la Doctrina Monroe está, situando al Hemisferio Occidental como prioridad estratégica y promoviendo una presencia militar más robusta en el Caribe y Centroamérica, la duda es si lo que se presenta como un esfuerzo contra el narcotráfico o la migración irregular, es en realidad la consolidación de la presencia militar que profundiza la influencia estadounidense en la región.
Finalmente, el debate en torno a la doctrina Monroe en el siglo XXI plantea preguntas cruciales sobre la soberanía, la autodeterminación y el equilibrio de poder internacional. ¿Puede Estados Unidos justificar intervenciones unilaterales bajo el manto de la seguridad hemisférica? ¿O se está reviviendo un modelo de hegemonía que ignora las normas del derecho internacional y los intereses genuinos de los propios países latinoamericanos? La respuesta a estas preguntas determinará en gran medida la naturaleza de las relaciones interamericanas en los próximos años.
“¿Reconfiguración?” Consideraciones de los acontecimientos acaecidos entre Venezuela y los Estados Unidos
Por Emiliano Rizo Trade, ELD
Sin duda alguna, este joven año 2026 ha estado marcado, desde sus primeros días, por una vorágine de acontecimientos que parecieren “reconfigurar” la estructura geopolítica a una escala considerable. La detención del dictador Nicolás Maduro (y sí, era indiscutiblemente un dictador, más allá del posicionamiento del lector en el espectro político) desató una serie de debates en diversos sectores de la sociedad occidental, destacando intelectuales, sociólogos, politólogos y juristas respecto de la ineficacia del Derecho Internacional frente a desplantes de fuerza bruta y autoridad. A este respecto, estas líneas me merecen reflexionar en torno al importante papel que juega la ideologización del discurso político en las masas, a efecto de propagar un postulado en la magnitud y trascendencia que recientemente contemplamos.
Toda vez que estas líneas no me darán cabida para realizar una investigación sociológica e histórica pormenorizada del poder del discurso político, meramente me constreñiré a realizar algunas consideraciones: al término de la Segunda Guerra Mundial, con la derrota del fascismo y la devastación de la Europa Continental, se dieron todas las condiciones para una nueva guerra, pero no entre Estados, sino entre ideologías en sentido amplio, capitalismo vs comunismo. Como no es secreto para el amable lector, todo apuntaría a que con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, se consolidó el triunfo del bloque capitalista occidental sobre la política económica global y, por tanto, su dominio sobre los mercados internacionales.
Sin embargo, voraces dictaduras comenzaron a tomar auge en el gigante asiático, destacando a Vladimir Putin y Xi Jinping en Rusia y China, respectivamente; que, entre muchos otros factores, desean recuperar su esfera de influencia “socialista” (en el entendido que, no le podemos llamar “comunismo” a la doctrina política que actualmente siguen esos Estados, toda vez que son actores fundamentales en los mercados internacionales hoy en día) en los países de tercer mundo (término acuñado durante la Guerra Fría, para referirse a los Estados que no se decantaron en favor de ninguno de los dos bloques en pugna). Luego entonces, con la consolidación de la globalización en Occidente, y la puesta en marcha de la hoy conocida “agenda 2030”, se perdieron de vista a los fantasmas del pasado con el objeto de construir una sociedad más igualitaria.
Así, sin intención alguna de justificar las acciones del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, indudablemente debo de reconocer que su política exterior y su discurso político es tendiente a robustecer los “valores” que, se supone, distinguen a occidente de oriente. Cristianismo, capitalismo, tradicionalismo y Estado de Derecho, son algunas de las estafetas que ha adoptado el partido Republicano en la construcción de su “nueva” plataforma política. Ello, me lleva categóricamente a afirmar que, la detención del dictador venezolano, a la que los americanos denominaron como “extracción” buscando así no infringir los preceptos del Derecho Internacional, no es otra cosa que la construcción, de nueva cuenta, de la “cortina de hierro” que pareciere desapareció a finales del siglo pasado. Es por ello que, al principio de estas líneas, decidí entrecomillar el término “reconfiguración”, toda vez que, desde mi óptica, no hay nada nuevo bajo el sol. La ineficacia de la Organización de las Naciones Unidas y de la estructura misma del Derecho Internacional es como es, porque así se concibió por las propias potencias que derrotaron al Tercer Reich en 1945. Finalmente, consideró que, en balance, una Venezuela libre de socialismo es 150 veces mejor, que la Venezuela dominada por el fantasma de Chávez.
