Los Universitarios hablan es un espacio abierto a la comunidad estudiantil, inicialmente la que funciona en la Ciudad de México. Pretende ser un espacio en el que maestros y alumnos opinen libre y responsablemente sobre temas de actualidad.

En esta entrega participa Emiliano Rizo Trade alumno de la Escuela Libre de Derecho. Da su reflexión respecto a los retos que enfrenta México en 2026.

Elisur Arteaga Nava e Ireri Elizabeth García Ramos

 

2026: México, despierta

Por Emiliano Rizo Trade

 

El 2025 que se fue, nos obliga a reflexionar respecto de los acontecimientos políticos y jurídicos que le dieron contenido y forma. Indudablemente, para el lector, su 2025 habrá sido definido por una vorágine de hechos que, probablemente, poco tuvieron que ver con la vida política nacional. Sin embargo, es menester analizar, concienzudamente, si es éste el México que queremos (o merecemos) y, de ser negativa la respuesta, cuáles son las medidas a adoptar a nuestro alcance para cambiar tal realidad.

Si bien es cierto que, para todos los que me han leído, no es ningún secreto que soy un férreo opositor al actual régimen…lo cierto es que todo no ha sido “malo”. Teóricamente, la construcción de un Estado Social de Derecho (conocido también en la academia como Estado de Bienestar, paternalista o benefactor) constituye el privilegiar, como valor jurídico fundamental, a la igualdad, sobre, particularmente, la libertad. El ejercicio de ponderación anterior, en abstracto, categóricamente, no es “malo”. Lamentablemente, como nos muestra la mejor maestra (la experiencia), su aplicación práctica se queda muy, pero muy lejos de lo plasmado en los libros de la Teoría General del Estado.

De lo anterior, piénsese, nada más y nada menos, en el caso de nuestro país: ha sido más que comentado, a lo largo de los últimos 7 años, que el “período neoliberal” ha terminado, dando lugar a la construcción de un supuesto Estado de Bienestar bajo la estafeta (populista) de “primero los pobres”. Ahora bien, sin perjuicio de las manifiestas y notorias críticas que pudieren hacerse a las administraciones anteriores a la “4T”, yo les pregunto a ustedes: ¿verdaderamente se justifican 7 años de ineptitud, demagogia y corrupción bajo el esquema de que todo es culpa de Felipe Calderón?, ¿se justifica el fanatismo lacayuno de los militantes del partido oficialista y el culto a la personalidad de Andrés Manuel López Obrador como “padre de la transformación?, y. en caso de existir tal transformación…¿de cuál hablan y en qué consiste?

En ese sentido, con la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de la República (evidentemente, yo no voté por ella), tuve algo de esperanza en que las fallidas políticas públicas de AMLO quedarían como cosa del pasado, dando lugar a un gobierno que privilegiara la sensatez, la firmeza y la mesura sobre la retórica demagógica y clientelar (que, siendo honestos, le funciona de maravilla al partido guinda). Naturalmente, a poco más de un año de administración de la primera mujer en ocupar la Jefatura del Estado y del Gobierno, puedo decir que mi desilusión es tan nítida y manifiesta como cuando venció su predecesor en las elecciones de 2018. Por lo pronto, no tendría mayor sentido continuarme lamentado en cuanto a las desgracias de los destinos de nuestro país, que fueron sufragados en las urnas por la “mayoría” de los mexicanos.

Respecto del último punto, quiero ser enfático: los mexicanos, los llamados “ciudadanos de a pie” (que es, a mi parecer, una terrible expresión, pero la empleo para efectos ilustrativos) tenemos una brutal responsabilidad por nuestra cobardía, indiferencia y conveniencia. Uno de los más grandes males que nos pudo haber “heredado” el PRI, no es el FOBAPROA, Tlatelolco o Ayotzinapa: es el clientelismo, el paternalismo y el amiguismo. “El que no tranza, no avanza”, “Necesitas palancas”, “Con la beca sale” …son expresiones comunes en la vida diaria de los mexicanos (y me refiero, absolutamente, a todos los niveles socioeconómicos), y lo son, porque nos fue inculcado, y muchas generaciones antes al nacimiento del propio López Obrador. Luego entonces, se generó un terreno fértil para el resentimiento, el conformismo, la falta de oportunidades y, por supuesto, la delincuencia.

No me serán suficientes las líneas de esta breve reflexión para realizar un estudio sociológico pormenorizado de la idiosincrasia del mexicano, y las razones de esta. Mi único objetivo, era dar una tangencial “pincelada” de los vicios de tal idiosincrasia (no enfocándome, desde luego, en las magníficas virtudes de esta sociedad, que son objeto de un análisis por separado) a efecto de identificar, como se dice coloquialmente, en dónde estamos parados. Solo visibilizando nuestra realidad, haciendo un ejercicio auténtico de auto crítica, podremos “despertar” del sueño (o pesadilla) en el que estamos sumidos, pareciendo que, esquizofrénicamente, no tenemos la menor de intención de hacerlo.

El día que escribo estas líneas, siendo diciembre de 2025, tan solo a algunas cuadras de mi centro de trabajo, se registró una balacera derivada de un operativo contra la extorsión (conocida coloquialmente, como derecho de piso). Mi indignación, fue brutal, y no solo por la balacera en sí, sino por la reacción de los medios de comunicación y de las redes sociales: como el incidente ocurrió a solo unas cuadras de Paseo de la Reforma, por supuesto que la presencia policiaca fue considerable, en la misma proporción que la cobertura mediática y, yo me pregunto: ¿y las balaceras en Tamaulipas, Zacatecas y Michoacán?, ¿y la delincuencia en Guerrero, Oaxaca y Chiapas?, ¿y la trata de migrantes?, ¿y el homicidio de los presidentes municipales?, ¿y el reclutamiento diario de jóvenes de comunidades rurales a los cárteles? … ¿eso no amerita nuestra indignación?, ¿eso no amerita nuestro coraje y nuestro ímpetu de adoptar acción? Y no, no estoy haciendo un llamado a la insurrección, por si alguien que lea el presente texto se sienta incomodado y pretenda tergiversar y pervertir su contenido. Meramente, como ciudadano que soy, estoy haciendo un llamado a despertar: a hacerle ver a los jóvenes que el recibimiento de una beca del gobierno no implica que deban resignarse a recibir educación basura de los maestros de la CNTE; a hacerle ver a los adultos mayores que recibir un apoyo económico no es sinónimo de resignarse a acudir a una clínica familiar del IMSS sin suero, gasas e ibuprofeno; y para hacerle ver al comerciante que no es normal tener miedo de que llegue ese día del mes sabiendo que, si no paga, probablemente le van a cortar el cuello.

Ojalá que, ahora que tenemos nuestra lista de deseos para el 2026, dejemos de concebirla como tal,  para que, realistamente, la reestructuremos como una lista de metas y objetivos, y, que, dentro de ella, busquemos adoptar acciones, por pequeñas que sean, tendientes a mejorar nuestro entorno. Esta reflexión no es un texto motivacional barato de una red social, sino que tiene por objeto hacerte ver que tus decisiones sí repercuten en la colectividad, y es nuestra más personal responsabilidad hacer algo para que México, nuestra casa, transite hacia un mejor destino que el que parece que nos espera. Les aseguro que delegar tan trascendente tarea en la clase política que nos gobierna, solamente confirmará el resultado de nuestra realidad, hoy incierta.

Finalmente, deseo a todo aquél que se tomó el tiempo de leer estas líneas, todas las bendiciones que se merezca, para este 2026.