En el caso de Adán Augusto López que, ante la vista de los morenos, rubios, blancos y negros, se conserva y hasta crece en política y empresario, tiene tres explicaciones, son muy simples: la debilidad presidencial, que deriva en la imposibilidad de ponerlo en orden; la permisibilidad, también presidencial, debido a los nexos que se dice tiene con AMLO; éstos, para algunos llegan a los límites de la complicidad; y tres: el haber operado, con éxito, la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República y la aceptación de parte del Senado del nombramiento de la señora Ernestina Godoy, en su substitución.
Corren en paralelo, pero no con su poder y fortuna, tomado este término en el sentido de buena suerte, otros políticos: Cuauhtémoc Blanco, Raúl Rocha Cantú, Alfredo Ramírez Bedolla y otros.
La sobrevivencia de Adán Augusto, como político y empresario, no es único y tampoco aislado. No es inusitado. Fue común y sigue siento también frecuente. Personajes como él abundaron durante los gobiernos emanados de la llamada Revolución, es decir durante el largo periodo tricolor: 1928 a 2000 y en el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012/2018). Pocos podrán negar que siguen menudeando durante la así llamada 4T.
El caso de don Adán Augusto, dados sus antecedentes comerciales y hasta profesionales como notario, abogado, empresario y promotor de best sellers, pone en evidencia que el PRI, renovado y con nuevos bríos, para fortuna de los mexicanos, sigue vivo. Algunos, no el suscrito, lo incluirían en otras actividades, menos claras, pero igual de ilegales y redituables: encubridor, padrino de jefe de policías con posibles vínculos con la delincuencia, nexos con el huachicoleo y otros etcéteras más.
Él, como lo he dicho anteriormente, por haber desempeñado una parte importante en el cese de Alejandro Gertz Manero y operado la llegada de su sustituta doña Ernestina Godoy, está temporalmente fortalecido; durante algún tiempo pudiera continuar desempeñando una doble función, primero: seguir siendo la pieza de la que eche mano AMLO para controlar e, incluso, debilitar, a la presidenta de la República o para impedirle, llegado el momento, dé que dé el grito de independencia frente a él. Y segundo: ser el operador en el Senado, en materias que son de su competencia: maniobras políticas que son necesarias para suprimir elementos remisos o no confiables que hay dentro de su administración y para que requieren de la intervención de esa Cámara.
Se afirma que don Adán, dentro de sus responsabilidades que tiene confiadas en el Senado, está la de controlar a esa cabra en cristalería que es Gerardo Fernández Noroña: ejidatario, viajero, boxeador, con los que no son de su peso, llorón y diplomático. Bien hace doña Lily Téllez en haberlo agarrado de su puerquito, en llamarlo chango león y hasta idiota. Bien hizo el tal Alito Moreno, en tomarlo como sparring, con quien practicar sus golpes.
Don Adán Augusto, en el momento oportuno y debido, principalmente, a las presiones provenientes de los Estados Unidos de América pudiera caer en desgracia y ser separado de sus funciones públicas y, por no pocas razones, ser puesto a disposición de los tribunales. No afirmó que vaya a ser enjuiciado y, muchos menos, que ingrese a un reclusorio. Eso no es propio de la 4T, ni lo permitiría nuestro futuro premio Nobel en literatura: AMLO. Su destino manifiesto es una embajada, pudiera ser la de Francia, en reconocimiento a que en ella formalmente hizo algunos estudios.
Un manotazo dado en un momento inesperado fortalecería la autoridad de quien está en posibilidad de darlo. La presidenta de la República, si cesara a uno más de los secretarios ineptos que le impuso AMLO, ordenara que el ministerio público ejerza la acción penal respecto de Cuauhtémoc Blanco, Raúl Rocha Cantú, de Sinaloa, el gobernador de Michoacán: Alfredo Ramírez Bedolla; de Javier Corral Jurado, de José Ovalle e, incluso que dispusiera que Adán Augusto López, dejará el control político del Senado, pondría a temblar a los secretarios y a uno que otro legislador más. No habrá tal. Ellos, y otros respecto de los cuales existen sospechas, pueden seguir durmiendo tranquilos.
El conocer demasiado el sistema, saber mucho de muchos y pertenecer a la mafia gobernante, es un certificado de impunidad y de sobrevivencia. Conocer el sistema, implica tener conciencia de los límites que no se deben rebasar; el saber mucho de quienes detentan el poder, garantiza estar a salvo de procesos penales; el saber agacharse a tiempo y besar la mano adecuada, pone a salvo de cualquier acción que, en otras circunstancias y en otro país, sería motivo de vergüenza y razón de persecución.
El manto morenista sigue siendo muy complaciente. Es suficiente con que alguien se someta, se tire al suelo y enseñe la yugular, para que alcance gracia, merezca encubrimiento y se le deba comprensión. La cobija de la inmunidad es grande y, por ser cosa, carece de memoria, es desmemoriada; dentro de ella cualquiera puede estar a salvo, incluso, de extradiciones.
Ahora sí, como dicen las mujeres: todos los hombres son iguales; la frase es cierta y con valor universal: podemos decir que, tratándose de cuestiones relacionadas con el Poder: corrupción, abuso, delitos e infracciones, todos los políticos y las políticas son iguales; para el caso no importa el color con el que navegan, la ideología con la que disfrazan sus ambiciones, fustraciones, malquerencias, odios y abusos de poder.
