¿Les platico? ¡Arre!
Primero la definición: Fútil significa que tiene poca o nula importancia.
Ahora sí, al grano, como dijo el dermatólogo a su paciente espinillento de la Generación Z.
A un fútil se le llama también, estorbante, en vez de ayudante.
Los hay por todos lados y son más nocivos que los miembros del PUP.
Pululan perdidos en puestos menores y mayores de la burocracia federal, estatal y municipal.
Entre los legisladores, la futilidad personificada se llama Gerardo Fernández Noroña. Su verborrea hiede a rancio, alcanfor y naftalina.
Entre los santones de la I.P. los hay también. Algunos de éstos bragueteros y herederos se curan en salud fungiendo como ministros de la Eucaristía en las misas dominicales, para que todos los vean y se persignen ante su presencia. Mi abuela la alcaldesa decía de éstos últimos, que comen santos y defecan diablos.
¿Periodistas? Igual los hay: Los Ferrizes, los Ramones Albertos, los Astilleros, los Epigmenios Ibarra, Los Simón Levy, que chacotean tirándoles a los que no les dan contratos; luego los defienden tan pronto arman sus planes comerciales, y cuando los vuelven a cortar, pues les vuelven a tirar.
¿Activistas cívicos de pacotilla? Ufff, hierven cual larvas en celo en chats y redes. ¿Los peores? Quienes se sienten periodistas porque algunos medios despistados difunden sus alucinadas y desvariadas “columnas” o intervenciones en radio y televisión.
Todos éstos y muchos más, son tan útiles y sutiles como un cálculo renal. Como piedras en la vejiga. Como divertículos y hemorroides en salvas sean las partes.
Son los renglones torcidos de la libertad de expresión. Altamente nocivos en una época de información confusa como ésta y peligrosos cual cena con carne de puerco.
Son un desperdicio obsceno y oscuro de recursos. Chatarra bañada en cobre, porque lo enseñan cada vez que se agachan.
