En el panorama político actual de México, marcado por la hegemonía de MORENA y sus aliados, es imperativo que la oposición se organice para recuperar el equilibrio democrático y erradicar la influencia del crimen organizado en el gobierno. Por encima de intereses partidistas o personales, debe prevalecer el futuro del país, con la mira puesta en 2030 como punto de inflexión. Para ello, es esencial construir una candidatura unificada capaz de rescatar las instituciones. El termómetro electoral más inmediato —y potencialmente transformador— será 2027.

Según proyecciones de diversas encuestas, como las referidas por el portal PolíticoMx, MORENA podría perder hasta ocho de las diecisiete gubernaturas en disputa ese año. De materializarse este escenario, no solo cambiaría el mapa del poder local, sino que se alteraría la composición de la Cámara de Diputados, que se renueva en la misma elección. La consecuencia de mayor calado sería que el oficialismo perdería la mayoría calificada que hasta ahora le ha permitido reformar la Constitución a su antojo, abriendo una ventana de oportunidad histórica para una oposición que hoy aparece fragmentada y debilitada.

El domingo pasado, con el resultado del proceso de revocación de mandato en Oaxaca, confirma que este estado se suma a aquellos donde la oposición, unida, puede derrotar a MORENA en las elecciones federales de 2027 y en la gubernatura de 2028. Cabe llamar a las cosas por su nombre: en Oaxaca, al igual que en tiempos de AMLO, el proceso de revocación se organizó sobre bases fraudulentas y documentadas. Hubo relleno de urnas, cuotas impuestas a funcionarios para responsabilizarlos de la participación ciudadana, y compra descarada de votos con recursos públicos. Este ejercicio no nació de la ciudadanía, sino de un pacto de impunidad. Salomón Jara no ganó limpiamente la elección; fue el resultado de un acuerdo por el cual Alejandro Murat le entregó el gobierno, y él, a cambio, le garantizó impunidad. La revocación fue una puesta en escena más de ese mismo pacto.

El resultado de esa consulta fraudulenta deja a MORENA y al Partido Verde fuera de la contienda por el gobierno estatal. Se quedaron sin candidato viable, pues quienes aspiraban a ello hoy están deslegitimados por el repudio popular hacia el grupo en el poder.

La figura de revocación de mandato, tal como está diseñada, es demagógica, costosa y un instrumento de manipulación. Es una farsa en la que el mismo gobierno que será evaluado diseña, paga y promueve la evaluación. No sirve para controlar el poder, sino para que el poder se valide a sí mismo. Por ello debe desaparecer. Hay prioridades urgentes en Oaxaca y en México: seguridad, salud, empleo. No podemos seguir desperdiciando recursos públicos en la promoción de gobiernos.

Las elecciones de 2027 están llamadas a ser más que un revés electoral para el gobierno de MORENA. Representan la posibilidad concreta de un reequilibrio institucional. La pérdida de la mayoría calificada en San Lázaro actuaría como un freno a la ola de reformas constitucionales que ha caracterizado a la actual administración. Temas neurálgicos como la reforma electoral, la organización del poder judicial o la política energética dejarían de ser objeto de decisión unilateral.

Este panorama obliga a la oposición a pasar de la protesta a la propuesta, y de la fragmentación a la coordinación. Es necesario unificar esfuerzos, convocar a los partidos políticos establecidos y a los nuevos actores opositores para actuar en un mismo sentido. La disyuntiva es clara: capitalizar el desgaste natural de un gobierno vinculado al crimen organizado o permanecer atomizados en siglas y protagonismos que hoy carecen de relevancia.

Aunque cada contexto es único, la historia reciente ofrece ejemplos valiosos de alianzas opositoras amplias que han logrado alterar escenarios dominados por un solo partido. En Turquía, una coalición de seis formaciones de ideologías diversas se unió en 2023 bajo la “Mesa de los Seis” para enfrentar al partido gobernante de Recep Tayyip Erdoğan, obteniendo avances significativos. En Polonia, ese mismo año, una alianza de tres fuerzas opositoras arrebató la mayoría parlamentaria al partido Ley y Justicia, que gobernaba desde hacía ocho años. En Hungría, en 2022, la oposición conformó una coalición de seis partidos —de izquierda a derecha liberal— para presentar candidatos únicos en cada distrito contra el Fidesz de Viktor Orbán, logrando una competencia más reñida. Estos casos demuestran que la construcción de frentes amplios en torno a objetivos mínimos —como la defensa de las instituciones democráticas— puede cambiar panoramas políticos aparentemente consolidados.

El camino hacia una oposición unificada en México está plagado de obstáculos. Existe una desconfianza histórica entre los partidos tradicionales y los movimientos ciudadanos o partidos emergentes. Además, la narrativa oficialista ha logrado presentar a la oposición como un bloque conservador y elitista, lo que dificulta la construcción de un mensaje común atractivo para amplios sectores de la población.

La clave está en construir una plataforma mínima de consenso que trascienda la antipatía hacia el gobierno actual. Temas como la seguridad, la recuperación económica con justicia social, el fortalecimiento de las instituciones autónomas y el combate a la corrupción deben ser pilares de una agenda unificada. El objetivo en 2027 no sería solo ganar gubernaturas, sino demostrar que una gobernanza plural es posible y beneficiosa, sentando las bases para el desafío presidencial de 2030.

Después de 2030, con MORENA fuera de la presidencia, cada partido podrá presentar su propio proyecto para México. Hoy es necesario converger en una visión de unidad táctica con un horizonte claro: contener y revertir el proyecto hegemónico en el corto y mediano plazo, para luego, en un escenario democrático restablecido, competir en un marco de pluralidad ideológica sana. Pero antes debemos unirnos en una estrategia que sacrifique ambiciones cortoplacistas en aras de un bien mayor: la recuperación del equilibrio institucional.

Las proyecciones para 2027 son un faro que ilumina una posibilidad real. La oposición mexicana se encuentra ante su oportunidad más clara desde 2018. Puede elegir el camino de la fragmentación y la irrelevancia, o puede emprender el difícil pero necesario proceso de unificación estratégica, dejando de lado protagonismos y siglas para priorizar al país.

La pérdida de la mayoría calificada morenista sería un triunfo institucional para México, no solo para un partido o coalición. Reabriría el debate plural, restauraría los contrapesos en el Congreso y forzaría la construcción de acuerdos. Para llegar a ese punto, la oposición debe empezar hoy a tejer alianzas, construir una narrativa común y presentarse no como el regreso del pasado, sino como la garantía de un futuro constitucional y en equilibrio.

2027 es la antesala de 2030. Para ganar el futuro se requiere presión, convocatoria y unificación. El reloj electoral ya está en marcha, y la historia juzgará si la oposición supo estar a la altura del momento que el país y la democracia mexicana les demandan. La unidad no es una opción, sino la única vía para el cambio político que México requiere.