-Discutíamos mi vecino Gonzalo y yo el caso de María Corina Machado, que decidió obsequiar su medalla del Premio Nobel ( pronunciación llana nóbel, en sueco Nobelpriset, en noruego Nobelprisen ) a Donald Trump, aduciendo Gonzalo que ese hecho no tiene nada de extraño, que presumiblemente hubo dinero de por medio, pues “poderoso caballero es don Dinero”, como reza la letrilla de Quevedo; o bien debe considerarse como un incidente trivial, ya que no obstante la honra merecida por la señora Machado por su admirable oposición a la dictadura de Maduro, dicha donación es comprensible, puesto que todos tenemos un punto débil lo que, según la mitología griega, se conoce como el tendón o talón de Aquiles, única parte vulnerable del cuerpo del héroe que le costó la vida, al no mojarse porque su madre Tetis, al sumergirlo en el río o Laguna Estigia para lograr su inmunidad, lo tomó por el talón; es humano que cualquiera de nosotros cometa un yerro, agregó mi vecino. No estuve de acuerdo con su opinión por la especial relevancia que reviste el acto de Corina; me interesa conocer tu punto de vista al respecto, Patricio.
– Gracias, Carlos; de entrada, te expreso mi absoluta conformidad con tu apreciación; creo conveniente precisar que el criterio determinante de la conducta del ser humano debe evaluarse desde dos perspectivas: una, la que atañe únicamente a la vida privada de la persona; otra, la que trasciende de su ámbito individual y repercute en el pensamiento, la susceptibilidad, las convicciones o el modo de actuar de las demás personas en el espacio social; en el primer caso puede lindar en la imprudencia, el abuso o la difamación la divulgación o la crítica que se haga de lo que realicen los demás; en el segundo caso, estimo que no se lesiona la intimidad ni la integridad del sujeto de que se trate; antes bien, cabalmente por la afectación que su actuar pueda causar en la sociedad, es conveniente, y quizás hasta necesario, emitir con ánimo constructivo el juicio correspondiente; esto se justifica y se potencializa aún más, si se trata de un gobernante, un dirigente social o de un líder político.
– Llegas al punto específico que reviste especial interés, pues la imagen de María Corina Machado se anida en el corazón de los ciudadanos libres y valientes del mundo porque, pese a los graves peligros que ha arrostrado en varios años ante la tiranía de Nicolás Maduro, ha defendido con valor la libertad, la democracia y los derechos humanos de los venezolanos, escalando los senderos más abruptos en su vida, lo que le significó el mérito para ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
-Ese es, en efecto, el asombro, la extrañeza y la paradoja que ha estremecido a quienes la hemos instituido como paradigma de una lucha valiente y leal ante su patria y sus compatriotas, tendiente a lograr la transición de la dictadura a la democracia. El estupor nos aturde tanto más, cuanto que el beneficiario de la donación hecha por la laureada es un gobernante que atropella los elementales principios del Derecho Internacional, que pretende erigirse en dueño y conductor de los destinos de Latinoamérica mediante la amañada interpretación de la doctrina Monroe y cuya oligofrenia llega al extremo de imponer aranceles a los países que no se sometan a sus caprichos, sin medir los graves perjuicios que ocasiona a la economía de sus propios gobernados.
En primer lugar, lo reprobable en Corina Machado es que no aquilató la inconmensurable magnitud del Premio Nobel, que se otorga una vez al año en el aniversario de la muerte de Alfred Nobel y tras acuciosos estudios por parte del Comité, por lo que también hubo desdén e ingratitud hacia la Fundación Nobel y al Comité, que decidió a favor de ella, frente a la vergonzante ambición y soberbia de Trump; pero lo más oprobioso fue la deslealtad al pueblo de Venezuela. Me explico: es cierto que el otorgamiento del premio más honroso en el foro internacional obedece a méritos personales del galardonado, alcanzados por desplegar acciones altruistas, generosas e incansables en pro de la democracia, la libertad y la paz social, pero cada premiación tiene sus circunstancias específicas que son evaluadas por el Comité de la Fundación Nobel para tomar la decisión acertada; en el presente caso, es evidente que no se aplicó un criterio exclusivo intuitu personae,( en atención a la persona agraciada ), es decir en función de las virtudes y atributos personalísimos de la candidata laureada; con plena seguridad se tuvo en cuenta además el apoyo, a la lideresa, de la ciudadanía venezolana; estéril habría sido ubicar a Corina, sola, desgañitándose vehementemente en una plaza pública para excitar a sus compatriotas a la defensa de sus derechos políticos sin recibir apoyo de los ciudadanos, o marchando ella sola hacia el palacio de Miraflores para protestar contra el dictador.
La lucha, la valentía y la defensa del honor se debió a la solidaridad y a la colaboración de los venezolanos patriotas; la reacción misma de la dictadura respondió no tanto a la iniciativa individual de Corina Machado, sino fundamentalmente a la unión y fuerza de la sociedad enarbolando las banderas de la democracia, la justicia y la libertad. Resulta, pues, concluyente que Corina perdió méritos para continuar como líder o lideresa de los venezolanos, que justificadamente la repudiarán.
Parafraseando a Sófocles cuando dice que “Ningún mortal puede considerar a nadie feliz con la mira puesta en el último día, hasta que llegue al término de su vida sin haber sufrido nada doloroso”, (Tragedias, Edipo Rey, 1982, Editorial Gredos S.A. pág. 256) válidamente podemos afirmar que María Corina Machado defraudó la confianza de los venezolanos, los cuales fueron traicionados por ella al disponer motu proprio del premio recibido como si sólo fuera parte de su patrimonio personal, cayendo así del pedestal en el que todos la teníamos entronizada; de nadie podemos afirmar con certeza que es garantía de lealtad y virtud sino hasta ver el final de sus días.
