Marx Arriaga representa al funcionario que soñó Andrés Manuel López Obrador como colaborador para conseguir la entelequia de la Cuarta Transformación: 90 por ciento lealtad y 10 por ciento capacidad. Sin embargo, en las últimas semanas, su figura se ha convertido en un dolor de cabeza para la administración de Claudia Sheinbaum, evidenciando que la lealtad sin matices puede ser tan peligrosa como la ineptitud.

El autor intelectual de la llamada Nueva Escuela Mexicana y de los libros de texto que la sostienen ha sido duramente criticado, no solo por los múltiples errores de interpretación de la historia nacional, sino por las innumerables faltas gramaticales y de sintaxis que plagaron los materiales educativos. A estos señalamientos se sumaron, ya con Sheinbaum en la presidencia, las quejas por la escasa inclusión de personajes femeninos que han contribuido a forjar nuestra patria y por la carencia de contenidos profundos sobre nuestro pasado indígena. Sin embargo, el detonante más reciente fue su llamado a la “rebelión” dentro de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y a crear “comités para la Defensa de la Nueva Escuela Mexicana”, una convocatoria que encendió las alarmas tanto en la oposición como en su propio partido .

Ante las críticas, Arriaga se envuelve en la bandera del obradorismo para negarse a dejar su cargo, esgrimiendo el único argumento que sostiene a tantos funcionarios y legisladores en sus puestos: su pertenencia al movimiento. Pero esta vez, la estrategia le ha valido el rechazo de sus propios correligionarios. La vicecoordinadora de Morena en la Cámara de Diputados, Gabriela Jiménez, le recordó que “la desorganización institucional NO” y que “la congruencia empieza por respetar la Institución que se encabeza” . Incluso el diputado del Partido Verde, Eruviel Ávila, se desmarcó públicamente de sus declaraciones, mostrando que la incomodidad trasciende las bancadas opositoras.

La protesta de Arriaga abre un nuevo frente en la pelea interna de Morena por el control del movimiento y contribuye al desgaste del gobierno de Sheinbaum, que ve cómo se multiplican las muestras de descomposición del hasta hace poco monolítico bloque oficialista. A este caso se suma la reciente presentación del libro de Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez, Ni Venganza, Ni Perdón, que destapa otras diferencias en el obradorismo. En una obra que despertaba expectativas de denuncia, Scherer termina justificando su cercanía a López Obrador, a quien considera un paladín de la justicia, pero señala a quienes se convirtieron en sus enemigos, como Jesús Ramírez Cuevas o Alejandro Gertz Manero. Sugiere, eso sí, que la corrupción mayor que observó en la administración de AMLO tuvo que ver con Jesús Ramírez, a quien señala como operador del huachicol y del desvío de 27 mil millones de pesos.

Habría que sumar a estos desencuentros internos la rebeldía de Adán Augusto López, insistiendo en imponer a su senadora preferida como candidata al gobierno de Chihuahua; la del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, intentando dejar a su esposa en el gobierno de aquel estado; y las diferencias entre Ricardo Monreal y Layda Sansores, derivadas del encontronazo de esta última con varios diputados locales en el congreso de Campeche. A nivel legislativo, las disputas por los cargos han sido constantes: hace unos meses, la bancada de Morena en San Lázaro se dividió en dos bandos para disputar la vicepresidencia de la Mesa Directiva, enfrentando a Sergio Gutiérrez Luna con Dolores Padierna, en una pugna que requirió la creación de una nueva vicecoordinación para calmar los ánimos .

No se puede dejar de mencionar las diferencias que Morena tiene con sus aliados, el PT y el Partido Verde, para lograr la reforma electoral propuesta por la presidencia. Aunque Sheinbaum ha insistido en que la reforma no busca eliminar la autonomía del INE, sí plantea la reducción de plurinominales y del financiamiento público a los partidos . Sin embargo, estos puntos chocan directamente con los intereses de sus socios. El PT y el PVEM dependen en buena medida de las prerrogativas y de los escaños plurinominales, por lo que han frenado la iniciativa.

Estos y otros casos de “fuego amigo” en Morena deben tener muy ocupada a Claudia Sheinbaum por el probable impacto que pudieran tener en las elecciones del próximo año. Existe el riesgo latente de perder la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, lo que haría difícil continuar con la demolición de la Constitución de 1917, de la cual ya casi solo queda el nombre. Tal debe ser la preocupación de Sheinbaum que, como plantea el periodista Riva Palacio, el movimiento de resistencia de Marx Arriaga podría haber sido la condición que puso Mario Delgado para reconvertirse en el verdadero líder de Morena de cara a 2027, ante la incapacidad de Luisa María Alcalde para contener los conflictos internos y la incomodidad de tener a “Andy” López Beltrán como secretario general, dado el cúmulo de señalamientos que carga por su intervención en negocios ligados al gobierno de su padre.

Morena puede estar sintiendo el desgaste que el ejercicio del poder conlleva, pero tiene a su favor el control de los programas sociales con su ejército de servidores de la nación, sus 24 gobernadores y sus presidentes municipales —aunque algunos de ellos sean ya más bien un lastre— y, sobre todo, el control del INE y de los tribunales electorales. Esto obliga a promover una gran alianza opositora para poder hacer realidad que Morena pierda la mayoría calificada en la Cámara de Diputados. Encuestas recientes muestran que, en pocos casos, Morena por sí misma alcanza el 50 por ciento de las preferencias en gobiernos estatales y en los principales municipios del país. El resto de los partidos, por lo tanto, los supera cuando concurren unidos.

No será fácil, pero desde las trincheras de México Nuevo, Paz y Progreso, vamos a insistir ante los partidos de oposición nacionales y locales —incluyendo al nuevo partido de oposición que pueda surgir este año— por buscar candidaturas de unidad sólidas en cada uno de los 300 distritos electorales y en las presidencias municipales más importantes. El objetivo es dar el primer paso en 2027 ganando la mayoría en los distritos federales, en las 17 gubernaturas y en los congresos locales que se renovarán en 2027 y prepararnos para la madre de todas las batallas: la elección presidencial de 2030.