La inédita situación en la que nos encontramos como país (quizá “nuestra hora más oscura”, diría Aurelio Nuño), es en buena medida producto del pasmo e inacción del gobierno para actuar contra los narcopolíticos morenistas. Por ello tenemos en frente las amenazas crecientes de Donald Trump en el sentido de venir a hacer la tarea que aquí no se atreven a realizar. Pareciera que estamos esperando algo extraordinario que sólo podría venir de fuera, de Estados Unidos para cambiar las coordenadas políticas: Claudia sólo buscando adivinar cuándo, cómo, dónde y contra quién se efectuaría una incursión gringa, para luego decidir cómo reaccionar; mientras que, por otro lado, un significativo sector de la sociedad mexicana piensa que eso le podría ayudar a México para sacudir y sacudirnos al narcogobierno obradorista.

Es decir, como esperando que “el bárbaro del norte” nos venga a normar nuestras conductas y nos diga qué hacer para resolver nuestros problemas. Por eso llega a nuestra memoria –y es aplicable como referencia- el más conocido poema del griego Constantino Cavafis, “Esperando a los bárbaros”.

Dice el texto:

“¿Qué estamos esperando concentrados en el ágora? / Es que los bárbaros llegarán hoy.

¿Por qué el Senado está sumido en tal desidia? / ¿Por qué los senadores ahí están sin legislar? / Porque los bárbaros llegarán hoy. ¿Qué leyes ya podrán hacer los senadores? / Cuando lleguen los bárbaros, ellos legislarán.

¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano / Y a la puerta mayor de la ciudad está sentado / en el trono, hierático, con la corona puesta? /

Porque los bárbaros llegarán hoy. / Y el emperador aguarda a recibir / a su caudillo. Ha preparado incluso / un pergamino que ofrecerle. En él le ha escrito varios títulos y nombres…

¿Por qué de pronto nos embarga tal desasosiego / y confusión (los rostros todos, qué serios se han puesto) / ¿Por qué tan rápido las calles y las plazas se vacían / y todos vuelven a sus casas apesumbrados? /

Porque es de noche y los bárbaros no han venido / De las fronteras han llegado algunos / diciendo que no existen ya los bárbaros.

Y qué vamos a hacer ahora. Aquellos hombres eran una cierta solución”.

Dicho de otra manera: en medio de tanta confusión, tanta incertidumbre, y tanta distorsión oficial de la realidad, cuyo objetivo es el engaño para inmovilizarnos o para acusarnos de traidores a la patria si hacemos denuncias públicas, más aún en foros internacionales, sobre el daño que ha causado y sigue provocando este proyecto  de falsa transformación, ellos  insisten en fortalecerlo como lo que es: un proyecto autoritario de control político, no de desarrollo nacional, alejado de los preceptos esenciales de la democracia; un régimen que mantiene su complicidad y alianza perversa con los grupos criminales que controlan casi el 40% del territorio nacional y que no se atreve a entregar o a consignar judicialmente a piezas de primer nivel de los narcopolíticos, con lo que pone en riesgo al país entero de que “los bárbaros” norteamericanos -que sí existen- intervengan y vengan a dictar e imponer sus leyes (veámonos en el espejo venezolano).

Mientras el gobierno mexicano despliega un discurso patriotero, continúa doblándose ante las presiones de Trump, entregando piezas menores (como pequeños trofeos) para intentar saciar el apetito del presidente estadounidense, admitiendo reiteradamente en los hechos la necesaria intervención de agentes policiacos y militares extranjeros en nuestro país en términos de colaboración, aunque negándolo en sus conferencias “mañaneras”.

Entretanto, las oposiciones, políticas, civiles y sociales, continuamos dispersos, sin capacidad de elevar una voz común ante tantos atropellos a las libertades, la democracia y la dignidad nacional.

En medio de estas innegables dificultades, el 2026 puede ser la gran oportunidad para sumar esfuerzos y hacer un gran frente amplio, reconociendo nuestra diversidad, y caminar juntos en defensa de un programa liberal y democrático, a favor de la república. Nosotros no tenemos por qué esperar a “los bárbaros” porque ellos no serán nuestra solución.