Por supuesto que es una cuestión fuera de lo ordinario que un líder coordinador de la bancada mayoritaria en el Senado de la República afín al régimen en el poder, presente su renuncia al cargo, más aún, cuando ese puesto lo había obtenido a través de una negociación pactada con el expresidente y su amigo López Obrador.

En efecto, todas las corcholatas estuvieron de acuerdo en su momento con la propuesta del tabasqueño, en el sentido de quien no fuera la persona elegida como candidat@, se le diese un espacio de relevancia en las Cámaras o el gabinete, preámbulo cantado para la llegada a ese cargo de Adán Augusto.

Sin duda, se trata de una posición de gran importancia; simplemente el presidir la Junta de Coordinación Política, implica establecer la agenda de los asuntos a tratar en las sesiones de la Cámara Alta, a la par de decidir un buen número de puestos en tribunales y organismos autónomos constitucionales; asimismo, el manejo del presupuesto del Senado, que desde luego no es cosa menor.

El representar a una mayoría legislativa en la Cámara de Senadores, lo coloca dentro de las cinco personas con mayor poder en el país, circunstancia que le permite tener un asiento en la mesa de las decisiones, donde se acuerdan los derroteros que definen las políticas nacionales.

Además, una posición de esa naturaleza le otorga reflectores y lo coloca como posible aspirante a la presidencia de la República y le permite ir construyendo las bases necesarias para alcanzar el objetivo, lo que, sin duda, había dado los pasos que consideró necesarios en la edificación de ese proyecto.

No obstante, el destino lo alcanzó. A raíz de los vínculos de personas colaboradores cercanos cuando fue Gobernador de Tabasco, como el caso de Hernan Bermúdez, jefe de la policía y, a su vez, líder del Cartel de la Barredora, a quien se le achacan ilícitos por delincuencia organizada, la salpicada lo pone en desgracia y en la mira de la opinión pública.

Para el régimen deja de ser una ficha útil dentro del tablero de ajedrez político, pues el desgaste es mayúsculo, sin embargo, sigue teniendo la protección presidencial y, aunque lo obligan al renunciar a la coordinación de su bancada, le permiten conservar la senaduría, con la inmunidad procesal.

Solamente aguanto año y medio de los seis que dura el Senado, la presidenta se deshizo de una corcholata y, a su vez, Adan Augusto de momento sale bien librado, pues seguramente su expediente es voluminoso.

De las demás corcholatas tampoco podemos decir que se encuentren en una posición privilegiada, por el contrario, Noroña con un demerito espeluznante; Monreal, trae un desgaste político y arrastra una historia que difícilmente le permitirá aspirar a la presidencia; Velazco, sin posibilidad alguna, los del Verde van a las caiditas; Ebrard es el único que se ha mantenido.

En ese orden, le toco el turno a Adán Augusto, el otrora todo poderoso está pagando la cuota correspondiente, sin embargo, probablemente quede a deber, ya veremos, mientras tanto, queda fuera.