La presentación de la iniciativa de reforma electoral que impulsa el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, programada para el 24 de febrero, se pospuso un día debido a la falta de acuerdos con sus aliados: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). El nudo de la negociación radica en la propuesta de eliminar o modificar las posiciones plurinominales y reducir el financiamiento público.

No es la primera vez que Morena enfrenta tensiones con sus socios, como ocurrió con la iniciativa contra el nepotismo electoral. Más allá del cambio de fechas, el PVEM ha condicionado su apoyo a intereses locales: pretende postular a la esposa del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, aunque ello implique competir en solitario en 2027.

Por su parte, el PT ya demostró que puede prescindir de la coalición, como se vio en Veracruz en 2025. Este escenario de ruptura podría replicarse en Oaxaca debido a las diferencias públicas con el gobernador. Un anticipo de esta fragilidad se vivió durante la consulta de revocación de mandato, donde las acusaciones mutuas enturbiaron la jornada.

Enviar la reforma a la Cámara de Diputados sin el consenso de los aliados es una apuesta arriesgada. Morena carece de los votos necesarios para aprobarla por sí solo y depende inevitablemente de los legisladores del PT y del Verde. Sin ellos, la propuesta está condenada al fracaso.

¿Qué efectos tendrá esto en 2027? Si el bloque aliado vota en contra, la coalición oficialista entraría en una fase terminal, dejando el camino libre para que Morena compita sin acompañantes en los próximos comicios.

Cada quien por su lado

El distanciamiento no se limita a San Luis Potosí. En Quintana Roo, el PVEM también evalúa postular candidatos propios. Un detalle relevante es que esta fuerza política tiene posibilidades reales de triunfo en ambas entidades por cuenta propia. El PT, a su vez, apuesta por retener sus posiciones actuales y expandirse ante la gran cantidad de cargos en disputa el próximo año.

Si Morena insiste en una reforma que sus aliados rechazan, trasladándoles el costo político del fracaso legislativo, la ruptura será inevitable. Dentro del partido oficialista, diversas voces califican la alianza como costosa y prescindible. Confían en que su base electoral es suficiente: en 2024, Morena obtuvo más de 27 millones de votos, frente a los 3.8 millones del PT y los 4.6 millones del PVEM.

La estrategia del partido guinda parece enfocarse en consolidarse como el único referente de la Cuarta Transformación, contradiciendo la narrativa de sus aliados en los espacios publicitarios. En la cúpula morenista existe la convicción de que pueden ganar la mayoría en la Cámara de Diputados y las gubernaturas sin ceder cuotas de poder o favores políticos.

Para 2030, el tablero será distinto con la irrupción de nuevos partidos que logren su registro en 2027. Si Morena sobrevive al reto de mantener su hegemonía, podría diseñar alianzas con nuevos actores, aplicando las lecciones aprendidas de sus actuales socios, a quienes hoy muchos cuadros morenistas consideran “incómodos” y excesivamente caros para los resultados entregados.