Es indiscutible que la política de comunicación social del gobierno federal sigue siendo conducida por Jesús Ramírez Cuevas, quien fuera el vocero de López Obrador y ahora es asesor de la Presidente; cuando surge un escándalo mediático en contra del gobierno, de inmediato se provoca otro, y magnificado para crear un distractor y así restarle intensidad al anterior escándalo.

Tal es el caso con la salida a la venta la semana pasada el libro “Ni venganza ni perdón”  de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez sobre las memorias del primero en su paso por la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, es un testimonio sobre el manejo de dinero sucio proveniente del huachicol fiscal y de los grupos delictivos para financiar las campañas políticas de 2021 y 2024 en todo el país, así como del distanciamiento de los diferentes grupos de poder dentro de Morena y de la guerra al interior del partido gobernante; lo relatado por Julio Scherer es una confesión de todas las ilegalidades que se produjeron durante el tiempo en que fue Consejero Jurídico y exhibe el desaseo con que el gobierno de la República fue conducido en el sexenio de López Obrador, violando todo tipo de normas legales y constitucionales, para finalmente al estilo del “Varguitas” de la película “Ley de Herodes” si la Constitución les estorbaba para sus planes pues se reformó y punto.

La Presidente a pregunta expresa el lunes pasado en la mañanera sobre el contenido del libro de Julio Scherer cuestionó las fuentes del exconsejero jurídico “No lo he leído, ni lo voy a leer”, ha dicho para cortar  la polémica generada por el colaborador del expresidente; no podrá opinar sobre su contenido al no querer leerlo, queriendo desacreditar el libro se exhibe en su soberbia.

El viernes de la semana pasada el Secretario de Educación Pública Mario Delgado ordenó el despido de su cargo a Marx Arriaga Navarro que fue director general de Materiales Educativos de la Subsecretaría de Educación Básica de la Secretaría de Educación Pública (SEP). A partir de 2022, encabezó el proyecto de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y la elaboración de los libros de texto gratuitos, libros que causaron una gran polémica con la Asociación de Padres de Familia por su contenido ideologizante hacia el socialismo.

La causa del despido de acuerdo con reportes, a Marx Arriaga se le señala de haberse negado a incluir mayor presencia femenina en ‘México: Grandeza y Diversidad de Multigrado’, libro de texto para primaria. También se le señaló de oponerse a ajustar materiales de preescolar y primaria para que se incluyera perspectiva de género. Por otra parte, sus subordinados señalan a Arriaga  de crear un esquema de “moches” entre sus colaboradores, les obligaba a entregar  parte de sus sueldos para financiar giras de activismo político y la creación de estructuras paralelas a la SEP.

Como acto de protagonismo y escándalo Marx Arriaga se negó a abandonar la oficina que ocupó durante su función, y no fue sino hasta el martes de esta semana, después de haber recibido el oficio en que se le notificaba  su despido  abandonó las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública, tras haber permanecido cuatro días atrincherado en la oficina.

Desde que asumió el poder López Obrador despidió a todos los servidores públicos de las direcciones de área, direcciones generales y desde luego los subsecretarios y los titulares de las dependencias, para dar la instrucción de que el perfil de los nuevos servidores públicos deberían cumplir con 90% de lealtad al presidente y 10% de conocimiento del cargo que iba a ocupar, la anterior instrucción dio como resultado un gran rezago en el manejo de la cosa pública, y un gran desconocimiento de cada una de las áreas, provocando millonarias pérdidas en el presupuesto y el daño a los particulares a los que debían servir.

Hoy día, sin lugar a dudas encontramos compatriotas destacados en la cultura y en la ciencia, pero en general se percibe una ausencia de mexicanos universales, particularmente en la clase política. El vacío parece inmenso, con una gran carencia de cultura, de formación específica para el perfil del puesto, y de falta de experiencia en el servicio público; nos han acostumbrado a mirarlos enredados en pleitos de vecindad, en disputas estériles, en lucha permanente por prebendas y canonjías, más preocupados por enriquecerse que, en la búsqueda del mejoramiento de las condiciones de vida de la población. En general se han olvidado de la verdadera política-política y se dedican de tiempo completo a la grilla. Eso es muy reprobable. ¡Pobre México!

En verdad, no es que esté instalada en la nostalgia o que asuma como cierto aquello de que todo tiempo pasado fue mejor, y mucho menos que coincida con quienes afirman que la actual generación que se ocupa de la cosa pública constituye un progreso hacia la cuarta transformación, sino todo lo contrario se le conocerá como la “generación del fracaso”. Sobre todo al evocar mexicanos de otros tiempos, que ocuparon los cargos públicos o fueron legisladores ilustres, esos destacan, sobresalen, se agigantan por sus hechos y sus obras. En verdad caminábamos sobre hombros de gigantes.