El 4 de mayo de 2025, en Tequila, Jalisco, se escenificó una grotesca colusión entre poder y crimen. El alcalde morenista Diego Rivera presidió un concierto de narcocorridos donde se proyectó a “El Mencho”, líder del CJNG. Rivera, que se jactaba de servir a “El Jefe”, sólo enfrentó una sanción económica inicial. MORENA minimizó los vínculos. Solo tras presión empresarial, Sheinbaum impulsó investigaciones que terminaron con su detención por secuestro y extorsión.

Este episodio es el lugar común de un partido que ha institucionalizado el cinismo como su forma de gobierno. Mientras Sheinbaum declara que “ningún partido puede ser paraguas de la delincuencia”, su partido revela una profunda hipocresía. Detrás del discurso de humildad, sus élites construyen una realidad de privilegios ofensiva en un país con más del 40% en pobreza:

El exsecretario Adán Augusto López gestionó el traslado de una jirafa desde Tabasco a Ciudad Juárez como “regalo” personal para la senadora morenista Andrea Chávez. La fastuosa boda en Guatemala de Santiago Nieto (ex UIF) y Clara Humphrey (consejera INE), incluyendo un pacto de confidencialidad para  los 300 asistentes. Invitados, incluida la exsecretaria de Turismo de CDMX, fueron detenidos portando 35,000 dólares en efectivo como regalo.

A esto se suman viajes en helicóptero de Monreal, la mansión de Fernández Noroña en terrenos comunales y sus viajes a Europa en primera clase y las camionetas blindadas para los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ahora afines a MORENA.

Sheinbaum acusa a la oposición de hipocresía, pero es MORENA quien perfeccionó el cinismo. Atacan a “la mafia del poder” mientras reproducen sus vicios: corrupción, nepotismo y colusión. El caso Rivera es paradigmático: su filiación morenista fue un escudo. Solo la presión externa forzó una acción tardía.

La estrategia es clara y se repite: Negación rotunda ante las acusaciones, Minimización cuando los hechos son innegables, Contrataque acusando a la oposición de lo mismo o peor, y sanción simbólica o sacrificio de un peón menor para aparentar responsabilidad. Es un ciclo diseñado para desgastar a la opinión pública y proteger al núcleo duro del poder.

Frente a esto, la unidad opositora es una obligación de cara a la patria. Las elecciones de 2027 (17 gubernaturas y toda la Cámara de Diputados) son la última oportunidad institucional para detener al régimen que vació la democracia y normalizó la relación mafiosa entre política y crimen.

La oposición debe superar diferencias y construir una plataforma común mínima basada en la recuperación ética basada en cero tolerancia a la corrupción y al nepotismo; fortalecimiento institucional para dar Independencia real a los órganos autónomos y al poder judicial; seguridad con Estado de Derecho que ataque las causas estructurales del crimen; crecimiento económico incluyente que trascienda el clientelismo y transparencia radical en el uso de recursos y la vida pública de los. servidores.

MORENA explotará cualquier división. La construcción de esta unidad debe comenzar hoy, con gestos concretos y liderazgo compartido que anteponga el interés nacional. México está en una encrucijada. Los excesos morenistas no son fallas, sino características de un proyecto que sustituyó principios por poder y ética por lealtad incondicional.

La tarea es monumental: construir un nuevo pacto democrático basado en honestidad y servicio público auténtico. El cambio comienza en 2027, ganando la mayoría de los gobiernos estatales y en la Cámara de Diputados. Es el primer paso para rescatar a México y ofrecer una alternativa nacional verdadera para 2030.

Unir a la oposición es el reto de nuestra generación y desde México Nuevo trabajaremos sin descanso por alcanzarla. El futuro de México no puede ser rehén del cinismo de un partido que traicionó sus promesas. La patria exige unidad, propósito y acción.