Por siglos, el Cielo fue territorio exclusivo de la religión, pero hoy, científicos de renombre están usando calculadoras para intentar localizarlo. El investigador Michael Guillen ha sacudido al mundo al afirmar que el Cielo es un lugar físico real. Según sus cálculos, se encuentra a unos asombrosos 460 sextillones de kilómetros de la Tierra. ¿Por qué no lo vemos? Guillen sugiere que la expansión acelerada del universo lo mantiene oculto en los confines del espacio exterior, como un destino inalcanzable para nuestra tecnología actual.
Pero la cosa se pone aún más extraña. En 2024, el físico Melvin Vopson sugirió en una entrevista que nuestra realidad podría ser una simulación sofisticada. Lo más impactante es que afirma que la propia Biblia contiene pistas de que vivimos en una “imitación” creada por una Inteligencia Artificial divina. Según Vopson, el “Hágase la luz” podría interpretarse como el encendido de un código maestro.
Esto nos plantea una pregunta inevitable: ¿Estamos ante una nueva era de científicos que buscan validar específicamente el cristianismo? Mientras surgen teorías sobre el Cielo o el “programador” bíblico, parece haber un vacío respecto a conceptos de otras religiones, como el Islam o el budismo. ¿Es esta una tendencia de la ciencia occidental por confirmar sus propias raíces culturales o realmente estamos descubriendo que los antiguos textos cristianos tenían razón técnica? Lo cierto es que, ya sea como una ubicación física a sextillones de kilómetros o como un código en una supercomputadora divina, la idea de que “hay algo más allá” está dejando de ser un susurro en las iglesias para convertirse en un debate en los laboratorios más avanzados del mundo. El futuro de la fe ya no es solo creer, sino descubrir.

