Desde el tiempo de la Revolución Francesa, el filósofo Joseph de Maistre acuñó la frase “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”, implicando que el comportamiento, la apatía o la participación ciudadana definen el liderazgo político que los dirige. Esta suposición no siempre es copia de la realidad que impera en algunos países. Por ejemplo, Estados Unidos de América no creo que se “merezca” al racista mandatario que hoy por hoy vuelve a residir en la Casa Blanca. Sin embargo, el magnate ha conseguido en menos de un año polarizar, como nunca, la sociedad estadounidense, aparte de poner de cabeza el orden mundial que imperaba en la Tierra desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y contando.
En México se sufre una Cuarta Transformación —por medio del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA)—, que en siete años casi ha dinamitado la estructura política que surgió después de la Revolución Mexicana (desde 1929), que incluso conoció la alternancia en el gobierno primero con el PRI y el PAN. Y, en 2018, el priismo y el panismo perdieron el poder frente al movimiento que encabezó el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, que al terminar su periodo presidencial en 2024 dejó como sucesora a la “corcholata” preferida, Claudia Sheinbaum Pardo, con el mando de una nave que empieza a sufrir el desgaste por el abuso del poder. Creo que los mexicanos merecen una mejor suerte, pero, por el momento, es lo que tenemos y, a diferencia de Groucho Marx, por desgracia no tenemos a la mano con que sustituirlo. Ya se verá para el 2030.
Lo anterior viene a cuento por los resultados de los comicios parlamentarios que tuvieron lugar en Japón el pasado 8 de febrero —algunos los consideraron un plebiscito sobre la primera japonesa en llegar a la residencia de Kantei, sede del primer ministro—: 316 escaños en solitario, una histórica mayoría de dos tercios en la Cámara Baja. A la mayoría del tradicional Partido Liberal Democrático (PLD), de Sanae Takaichi en la cámara baja se suman los 36 escaños obtenidos por su aliado, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin), de acuerdo con el último recuento del Ministerio del Interior. Así, Takaichi refrendó la mayor victoria para cualquier partido político japonés de la posguerra. El nuevo panorama político nipón, representa cambios importantes en el país, con el desplome de la opositora Alianza Reformista de Centroizquierda, formada por la unión del Partido Democrático Constitucional (PDC) con el budista Komeito. Antes de las elecciones ambos partidos sumaban 173 escaños y ahora apenas 49, lo que representa una de las caídas políticas más severas de la historia reciente del archipiélago. Sus líderes anunciaron el lunes 9 su intención de dimitir, tras lo que calificaron como “derrota histórica”.
Al contar con 316 votos, el PLD supera una mayoría absoluta de 261 diputados en la cámara baja de 465 miembros, la más poderosa del Parlamento bicameral de Japón. Lo que significa un récord desde la fundación del partido en 1955 y supera la marca anterior de 300 escaños ganados en 1986 por el difunto primer ministro Yasuhiro Nakasone (1918-2010).
Aunque no tiene la mayoría en la Cámara de Consejeros (Alta), el gran salto en las elecciones para diputados permitirá a Takaichi avanzar en su agenda de derecha que busca promover la economía y las capacidades militares de Japón, mientras aumentan las tensiones con China ella intenta abonar sus lazos con Estados Unidos de América (EUA). Durante la corta campaña parlamentaria, la primera ministra afirmó que estos comicios se centrarían en la decisión popular para que continuara como gobernante del país. Tan segura estaba de su popularidad —algo que normalmente ofusca a muchos gobernantes que se sobrevaloran y pierden el norte—, que prometió: “Si el PLD no logra la mayoría renunciaré”. Lo cierto es que Sanae no actuaba a tontas y a locas, varias encuestas señalaban un índice de apoyo cercano al 70%, y que entre los votantes jóvenes, menores de 30 años, se habían disparado en promedio al 90%. Algo casi increíble, pero la suma de los votos demostró que sí era posible.
La historia reciente demuestra que adelantar elecciones no siempre es lo más recomendable. El referéndum de 2016 en la Gran Bretaña sobre la pertenencia o no en la Unión Europea propuesto por David Cameron que pensaba ganar a los partidarios del Brexit son un buen ejemplo. Ahora la mayoría de los británicos piensan que fue una muy mala decisión abandonar la UE. Grave error.
En México poco se conoce la trayectoria de Sanae Takaichi, lo que no es novedad, pues los mexicanos tenemos perdido el norte de la brújula desde 2018, “lampareados” por el “mesías tropical” que ha convencido a muchos que lo ideal de la vida es ser “candil de la calle y oscuridad de la casa”, pero sería recomendable ver más allá del resplandor de la 4T y de sus corifeos que creen que fuera de las “mañaneras” nada es verdad.
La primera ministra japonesa decidió cruzar el Rubicón y estirar la liga hasta el extremo, ofreciendo de antemano su cabeza; el 19 de enero último disolvió la Cámara Baja adelantando las elecciones como un voto de confianza explícito a su liderazgo. La primera “iron lady” nipona —su admiración por la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher no es ningún secreto—, puso a prueba su gobierno conservador nacionalista con énfasis en la seguridad nacional. Un todo o nada. Menuda prueba en un mundo que va del multilateralismo al bilateralismo. Sin duda, Japón es un país clave para tratar de entender el actual rumbo de las relaciones internacionales.
Sin duda, Takaichi midió bien su popularidad, y que ganaría las parlamentarias aunque su partido, el PLD que ha estado en el poder durante las últimas siete décadas, ha enfrentado escándalos de financiamiento y hasta de carácter religioso. Pese a todo, convocó estas elecciones anticipadas apenas tres meses después de asumir el cargo, con la esperanza de cambiar esa situación aprovechando su aceptación popular.
Al asumir el poder como la primera mujer japonesa en la historia, prometió “trabajar, trabajar, trabajar” y su estilo, desenfadado y duro al mismo tiempo, caló com buen talante entre los jóvenes que decían que antes no estaban interesados en la política.
Así las cosas, el PLD y su socio, Ishin, superaron con amplitud la barrera de los 300 escaños y se sitúan por encima de la mayoría de dos tercios de la Cámara de Representantes. De tal forma, el oficialismo no solo blinda su mandato sin sobresaltos frente a una oposición dividida e incapaz de articular una alternativa de poder, sino que consolida la apuesta de Tokio por un conservadurismo nacionalista que antepone la disuasión frente al régimen de Pekín y se apoya en una alianza estrecha, reforzada y explícitamente respaldada por EUA.
Entonces, no es sorpresa saber que el primer mandatario extranjero en felicitar a Takaichi por su triunfo electoral, haya sido Donald Trump: “Su partido ahora gobierna la legislatura con una histórica mayoría de dos tercios, la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Sanae: fue un honor para mí respaldarla a usted y a su coalición. Les deseo mucho éxito en la aprobación de su agenda conservadora de paz mediante la fuerza. El maravilloso pueblo japonés, que votó con tanto entusiasmo, siempre contará con mi firme apoyo”.
La gran victoria de la coalición triunfadora puede significar un cambio hacia la derecha en las políticas de seguridad e inmigración en el Imperio del sol naciente, como se llaman desde el año 607 D.C. La propia sociedad nipona ha visto el avance del populismo de extrema derecha, como el partido nacionalista antiglobalista Sanseito. Takaichi prometió en su campaña revisar las políticas de seguridad y defensa para el mes de diciembre, lo que reforzaría las capacidades militares ofensivas del ejército nipón y desapareció una prohibición sobre las exportaciones de armas, lo que la aleja aún más de los principios pacifistas de posguerra de Japón.
En sus primeros tres meses de gobierno también ha apoyado políticas más estrictas con respecto a los extranjeros, medidas contra el espionaje y otras que son bienvenidas en una audiencia de extrema derecha, pero que, según los expertos, podrían repercutir en los derechos civiles. Asimismo, la primera ministra tratará de aumentar el gasto en defensa como respuesta a las presiones de Donald Trump para lo que Tokio debe relajar sus restricciones presupuestarias.
Soslayando temas polémicos en la campaña, Sanae se centró en la economía, una migración más estricta y medidas relacionadas con los extranjeros, que incluyen requisitos más estrictos para propietarios foráneos y límites a residentes de otras naciones.
De intereses “rupturistas” —como la llama Omar Cepeda en su columna Trópicos titulada “Sanae Takaichi, la nueva líder a seguir”—, que en otros tiempos fue aficionada al heavy metal, pero también a la batería y al piano, su pasión por las motocicletas ha sido tema polémico, incluso recuerda emocionada cuando corría por las calles conduciendo su preciada Kawasaki Z400, el fenómeno Takaichi no se entiende solo en modo de élite. En los barrios, su campaña se trocó en “sanakatsu” (“la obsesión por Sanae”). Sus reuniones políticas en Akihabara —el santuario de “anime”, “manga” y los videojuegos—, parecían festivales pop —abreviación de “popular music en el Reino Unido y en EUA—, más que mítines, con pantallas gigantes, merchandising, clamores, estética de idol con una estadista que se mueve como pez en el agua en ese código.
Ahora ya se sabe que alrededor de Takaichi ha crecido el electorado juvenil como nunca antes. Entre los menores de 30 años de edad, su respaldo supera por primera vez al de los electores septuagenarios, rompiendo la ley no escrita que reservaba el conservadurismo a los viejos, a los pasados de moda. M. Sánchez-Cascado, corresponsal de La Razón en Hong Kong, cuenta en una de sus crónicas sobre la campaña de Sanae: “La oposición envejecida y desconectada de las redes, asiste atónita al vuelco generacional. Su potencia reside en gran parte en los ecosistemas digitales. Con millones de seguidores en X, ha reducido a sus rivales a comunidades casi invisibles. Videos tocando la batería junto al presidente surcoreano sobre una base de K-Pop o cantando “Happy Birthday” con Georgia Meloni han pulverizado el molde del dirigente nipón solemne y monocorde. Ese descaro escandaliza a verteranos del PLD, pero conecta con una generación que consume política en clips de 15 segundos. Jóvenes que nunca habían votado al partido acuden ahora a sus eventos con banderas y revistas con su rostro”.
Con un estilo de gobierno populista y, para colmo, en la órbita de los líderes que adulan al magnate racista estadounidense, el afianzamiento de la primera ministra japonesa ha causado inquietud en la región del Extremo Oriente asiático, sobre todo en China y las dos Coreas, por su apuesta por el regreso a la militarización nipona. Sin duda es preocupante.
Aunque la diplomacia mexicana anda en Babia desde 2018, por lo menos los lectores de Siempre! Deben saber que en el año 2025, Japón representó el 0.62% de las exportaciones mexicanas y el 2.83% de nuestras importaciones; es decir, el saldo comercial fue deficitario para México, con -13,4 mil millones de dólares. Así andamos. En los tiempos que todos los países deben incrementar sus opciones de negocio e inversión hacia otras naciones, Japón nos debería importar algo que ayude al crecimiento económico nacional tan estancado y deprimido. Por el momento, Tokio no anda en busca de “petróleo humanitario”. Está claro: “Los pueblos tienen el gobierno que merecen”. VALE.
