El narcoestado fundado por López Obrador en 2018 aceleró su descomposición en los últimos días, con lo que fácticamente se anuncia el inicio de su desmoronamiento. El libro de Julio Scherer Ibarra, quien fuese el brazo derecho de López Obrador durante muchos años y a lo largo de los tres primeros de su gobierno presidencial, puso de relieve que Morena es un cártel delictivo y que tenemos un narcogobierno al frente de nuestro país, como lo señaló acremente Beatriz Pagés la semana pasada.

Las consignas de campaña de “no mentir, no robar y no traicionar” quedaron sepultadas con las confesiones de Julio en “Ni venganza ni perdón”. Ahí, el exvocero de Andrés Manuel y actual coordinador de asesores de Claudia, Jesús Ramírez, es acusado de infinidad de graves delitos merecedores de prisión oficiosa inmediata. Además, Mario Delgado, Adán Augusto y muchos funcionarios públicos relevantes de Morena son señalados como integrantes de un cártel delictivo que llegó al poder sobre la base de tejer una red criminal con grupos delincuenciales que, al amparo y con consentimiento de López Obrador, financiaron a candidatos de Morena para ser gobernadores actualmente.

En un robusto Estado Democrático de Derecho esto habría significado una gran bomba política y hubiese provocado una crisis de enormes proporciones. Pero en México, ese libro fue ignorado por la presidenta, quien ha dicho que “no lo ha leído ni lo leerá”, porque a ella “la puso el pueblo” (¡!). Es decir, mejor ignorar la realidad, negarla, acusar al acusador y generar “otras noticias”, “otras verdades” para no hablar del tema que corroe a nuestras instituciones y que amenaza con mantener estancado al país: la existencia de un narcoestado que nos ha colocado con altísima vulnerabilidad ante el intervencionista Trump, ante quien difícilmente podemos anteponer la validez de una soberanía que el obradorismo ha entregado al narco y grupos delictivos. La realidad: un país con ausencia de Estado de Derecho.

Scherer Ibarra y las reacciones de Jesús Ramírez Cuevas, con acusaciones de enorme gravedad, estremecen los pilares del gobierno actual y aunque “la cabeza fría” de Claudia pretenda negarlo el gobierno de la presidenta ha quedado en jaque.

Y las grietas (ya no son simples fisuras) en Morena y el bloque gobernante ya son innegables. El show del ideólogo Marx Arriaga, autor de los retrógradas libros de texto gratuitos, “defendiendo el obradorismo” contenido en ellos, al anunciarle su destitución, aparece como algo pintoresco en medio de la tragedia nacional que vivimos, pero es una pieza más de la crisis que ya vive esta pandilla delictiva que asaltó el poder en contra de la Constitución de la república. Arriaga acusa a Delgado y a Sheinbaum de privatizar la educación y echar atrás “los contenidos obradoristas” de “sus lilbros” en un México que ha retrocedido 10 años en su calidad educativa, cuando los obradoristas han sido los causantes de la privatización de la educación pública con sus estúpidas decisiones.

En este contexto, aunque el gobierno y su titular no lo quieran reconocer, la cuenta regresiva ya comenzó. Lo que estamos trágicamente viendo en México ha sucedido en otros momentos, otras épocas, otros países (como recientemente en Venezuela) y con otros actores.

La señora titular del ejecutivo puede presumir su popularidad (alrededor de 70% según diversa encuestas), aunque al mismo tiempo (con excepción de las dádivas sociales), en todas sus políticas públicas está reprobada. Esto quiere decir que está sentada en un barril de pólvora cuya mecha ellos mismos ya han encendido, mientras “la doctora” corea el himno nacional.

Con Claudia se puede aplicar la fábula de “el rey desnudo”: ella no se da cuenta de la ausencia de sus ropajes mientras sus aduladores le dicen: “su majestad, ¡qué bonito vestido trae el día de hoy!”.