No tiene vergüenza, se ocupa de los cubanos cuando dejó al país sumido en una crisis política, con una sociedad radicalizada, la mitad de la población en pobreza, ausencia de medicamentos y vacunas, una educación deplorable, diplomacia vergonzante, pésima administración de los recursos nacionales, corrupción jamás antes registrada, obras faraónicas insultantes e inservibles, violencia desatada, creciente número de desaparecidos, investigaciones sobre el enriquecimiento de su familia… pero le hiere la situación de los cubanos cuando en realidad busca un escudo protector ante la necesidad de huir, si, escaparse del país.
Gasolina cara en México, necesidad de nutrientes y alimentos para los más necesitados, pero desde su gobierno se regalaba abastos a la isla aun cuando se presentaron tragedias por eventualidades climáticas que dejaron a miles sin patrimonio —recordemos la devastación en Guerrero al paso de OTIS—.
AMLO no está en retiro, continúa operando, imponiendo candidatos a través de su mensajeo “Andy” manipulando a la presidenta (con a). Parafrasea a Cárdenas “es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra” y podríamos pensar que está tratando de las madres rastreadoras, pero no, se refiere a los extranjeros en desgracia porque ellos, los cubanos, han permitido una tiranía y una dictadura aplastante que enviaba a Latinoamérica guerrillas desestabilizadoras o participó enviando tropas a Angola. El hambre de los cubanos no la tienen que pagar nuestros indígenas o niños enfermos. Nuestra abundancia no se le tiene que ofrendar a un malnacido como Díaz-Canel o Raúl Castro.
Desde que salió de Palacio AMLO ha lanzado dos comunicados, uno en defensa de Nicolás Maduro y el otro conmoviéndose por las necesidades de quienes por comerciar con la política y su pueblo orillaron a una crisis de misiles patrocinada por la extinta Unión Soviética convirtiendo al asesino de Fidel Castro en un héroe disfrazado de revolucionario.
Hoy como con su rifa del avión presidencial pide a los mexicanos depositar en una cuenta que seguramente no presentará ningún registro fiscal. Dinero que irá a parar a los bolsillos de los déspotas, narcos, autócratas y represores.
Que el tabasqueño se auxilie de las utilidades empresarias de sus hijos, que estos como Gonzalo no acudan al beisbol en estadios de Estados Unidos, que José Ramón pida monedas a su rica “señora” y que repartan a los cubanos las ganancias de su chocolatera o que el expresidente de las regalías por sus libros comprados en sumas millonarias por Adán Augusto o que Fernández Noroña cancele sus ostentosos viajes.
Que vendan el parque de camionetas blindadas que presumen los funcionarios de la “transformación” y que afirman que no existen. Que el dinero empleado en ilícitas campañas electorales —como el de Andrea Chávez— sirva para comprar sillas de ruedas para los nuestros, nuestros lisiados e inválidos obligados a pedir limosnas callejeras para sobrevivir.
Al expresidente no le “hiere” que se intente “exterminar” los ideales de libertad. Es un narcisista, protagónico, enfermo de vanidad y poder ligado a una eterna amargura y sed de venganza. Hoy es repudiado por millones y acabará abandonados por la historia porque en la memoria de la nación no hay espacio para miserables del alma, saboteadores, mentirosos y saqueadores.
