La gestión de Marcelo Lombardero en la CNO enfrenta graves acusaciones de autoprogramación, desvío de recursos públicos y conflictos de interés. El estreno de Mahagonny destapa una red de favores que margina al talento mexicano bajo el cobijo del INBAL, de acuerdo a denuncias que hcieron llegar a Siempre.
Mientras el actor Timothée Chalamet cuestiona la vigencia de la ópera a nivel global, en México el género lírico atraviesa una crisis mucho más terrenal y alarmante: una crisis de ética pública. La actual administración de la Compañía Nacional de Ópera (CNO), encabezada por el argentino Marcelo Lombardero, se encuentra bajo la lupa por convertir al Palacio de Bellas Artes en un coto privado de intereses económicos y familiares.
Un escenario de intereses personales
El próximo 22 de marzo de 2026, la CNO estrenará Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny. Lo que debería ser una fiesta cultural es, en realidad, el epicentro de un escándalo de autoprogramación. Lombardero, en su calidad de titular artístico, eligió una obra donde él mismo funge como director escénico. El beneficio es redondo: se trata de una producción de su propiedad, previamente cobrada en Sudamérica, que ahora alquila o vende a Bellas Artes, imponiendo costos elevados de escenografía y logística.
Este esquema de beneficio propio no termina en su figura. La nómina de la producción incluye a su esposa, Luciana Gutman, en el diseño de vestuario, y a un círculo cerrado de colaboradores argentinos como Diego Siliano, Hernán Iturralde y Gustavo López Manzitto. Esta práctica, repetida desde su llegada en 2025 con Lady Macbeth de Mtsensk, desplaza sistemáticamente a los artistas y creativos nacionales.
Opacidad y amedrentamiento
La gestión se ha caracterizado por una preocupante hostilidad hacia la crítica. Lombardero ha sido señalado por amedrentar a periodistas, como ocurrió con Mauricio Rábago Palafox, mientras que su subdirectora, Lilia Maldonado, ha utilizado plataformas públicas para difundir mensajes de odio y discriminación.
A esto se suman denuncias de corrupción interna en el Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA). Exintegrantes han señalado a funcionarias como Cassandra Zoé Velasco y a la propia Maldonado por malos tratos y, presuntamente, solicitar dinero de las becas de los estudiantes para financiar proyectos externos.
El olvido del talento nacional
Bajo la narrativa de la “Cuarta Transformación”, la CNO parece haber olvidado su vocación humanista. Mientras se pagan honorarios en dólares y viáticos de lujo a colaboradores extranjeros, figuras imprescindibles de la música en México, como Enrique Diemecke, Enrique Patrón de Rueda o Eduardo Diazmuñoz, han sido borrados de la programación oficial.
La omnipresencia de Lombardero en instituciones como la UNAM y el Festival Cervantino levanta sospechas sobre la legalidad de sus permisos de trabajo y su capacidad para cumplir con una gestión de tiempo completo en Bellas Artes. Lo que queda es un panorama donde el presupuesto público sirve para dar lustre a una carrera personal, dejando a la ópera mexicana en una situación de vulnerabilidad y abandono institucional.
