Indiscutiblemente el mayor logro que alcanzo Benito Pablo Juárez García en su mandato fue la consolidación del estado laico, que es la mejor opción de una convivencia social, alejada de los dogmas religiosos que influyen para dibujar más bien gobiernos de tinte teocrático.
Fue en su momento un paso decisivo para la modernidad en el siglo XIX la praxis juarista, el nacido en San Pablo Guelatao es una figura controvertida porque la polémica estuvo presente, también tiene mucho de mito y sigue presente en la memoria colectiva.
Este 21 de marzo es el natalicio del también llamado Benemérito de las Américas, el mismo que fue artífice de la llamada república restaurada tras la victoria sobre el emperador Maximiliano, en su gestión le tocaron diversos conflictos que restaron estabilidad, guerras internas y contra Francia, liberales versus conservadores.
Su generación que le acompañó en su momento en el gobierno destacó si revisamos las trayectorias individuales de quienes integraron su gabinete, por ejemplo, un filósofo de talante renacentista como Melchor Ocampo, un personaje todo terreno que destacó como gobernador de Michoacán, fue él quien reabrió el Colegio de San Nicolás de Hidalgo que sería el embrión de la actual Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
Guillermo Prieto, político y escritor, además una de las inteligencias más brillantes de esa época como lo fue, indiscutiblemente, Ignacio Ramírez El Nigromante. Aunque también cabe señalar que con varios integrantes de su equipo sostuvo diferencias y algunos no continuaron con Benito Juárez.
En los últimos tiempos se han publicado diversos libros novelados en torno a la figura de Benito Juárez, muchos cuestionamientos al interpretar su historia de vida, en muchos casos se trata de una alta dosis de ficción, evidentemente,
No existen los políticos perfectos, no los habrá, porque se trata de seres humanos con luces y sombras, aunque en ocasiones el servilismo influya para querer convertirlos en santos laicos o algunos adjetivos similares de evidente origen fanático.
Previo a ocupar la presidencia de México, Bento Juárez ya tenía un paso notorio por diversas responsabilidades, ante de sumir la titularidad del Poder Ejecutivo despachaba como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, esto implica que la meritocracia fue evidente.
Antes como ahora es un imperativo contar con un auténtico estado de derecho, la primera finalidad es garantizar la seguridad a la población, el respeto a los derechos humanos, la aplicación expedita de la ley para evitar a toda costa la impunidad.
Confrontar a los poderes fácticos para generar las condiciones de un ecosistema social en donde impere la civilidad, pareciera utopía, empero es una esperanza viva.
Benito Juárez llevó a cabo su propia cruzada, más allá de sus virtudes y defectos y del típico maniqueísmo que serpentea nuestra historia.
Ahora que se recuerda al Benemérito, es importante invocar su apotegma que abona por la civilidad política: entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz.
Nuestro país enfrenta diversos desafíos, en principio aplicar la norma, evitar la violencia y aspirar a un modelo en donde quepa la inclusión como ejercicio derivado de una auténtica democracia.
