La política siempre ha sido un terreno fértil para la propaganda, la exageración y, en no pocas ocasiones, la mentira. Desde los panfletos anónimos del siglo XIX hasta la guerra sucia televisiva del final del siglo XX, cada avance tecnológico ha sido aprovechado por los actores políticos para ganar ventaja en la disputa por el poder. Sin embargo, lo que se vislumbra rumbo al proceso electoral de 2027 podría marcar un punto de inflexión: la irrupción masiva de la inteligencia artificial en la contienda política amenaza con desbordar cualquier marco de control existente.
Si no se toman acciones mínimas de regulación, lo que veremos en los próximos procesos electorales será una auténtica tormenta de propaganda digital. Campañas negras, contra campañas, videos falsos, audios manipulados y mensajes automatizados circularán con una velocidad imposible de controlar. La inteligencia artificial permite producir contenidos de apariencia verosímil en cuestión de segundos y replicarlos millones de veces a través de redes sociales y plataformas digitales. El resultado puede ser devastador para la calidad del debate público.
Regular la inteligencia artificial, sin embargo, es un problema complejo. No se trata de prohibir una herramienta tecnológica que también tiene enormes beneficios para la ciencia, la educación o la economía. El desafío consiste en diseñar una legislación robusta, realista y práctica que permita ordenar su uso en la vida pública.
En el Congreso de la Unión se discute desde hace al menos dos legislaturas una propuesta de ley general para la regulación de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial. Sin embargo, todo indica que esa legislación no estará lista en el corto plazo.
Formalmente, el proceso electoral de 2027 comenzará en octubre, las precampañas arrancarán en enero y las campañas constitucionales se desarrollarán entre marzo y junio. Pero la realidad política es otra. Morena, como partido mayoritario, definirá a sus candidatos (coordinadores estatales ) el próximo 22 de junio, y la competencia interna ya se encuentra en marcha.
En el caso de la oposición ocurre algo similar. Después de la experiencia fallida de las coaliciones en 2024, prácticamente todos los partidos políticos competirán por separado. Esto significa que cada fuerza buscará posicionar a sus aspirantes desde ahora, utilizando todas las herramientas disponibles para influir en la opinión pública.
Ante la imposibilidad práctica de contar con una ley integral antes de la elección, lo más sensato sería avanzar en acuerdos mínimos. La autoridad electoral, particularmente el Instituto Nacional Electoral, junto con los medios de comunicación y las plataformas digitales, debería impulsar un mecanismo de transparencia que obligue a identificar los contenidos generados con inteligencia artificial.
Una simple leyenda que advierta que determinado video, imagen o audio fue creado mediante inteligencia artificial no resolverá todos los problemas, pero al menos permitirá que los ciudadanos tengan una referencia para discernir entre contenido real y contenido creado con IA.
La democracia mexicana ha sobrevivido a muchas pruebas: fraudes, campañas sucias, propaganda ilegal y guerras mediáticas. Ahora enfrenta un desafío distinto: la política algorítmica. Si no se actúa con responsabilidad, la elección de 2027 podría convertirse en el primer gran laboratorio de desinformación automatizada en la historia política del país. Y cuando la verdad se vuelve indistinguible de la mentira, la democracia misma comienza a erosionarse.
Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.
@onelortiz
