Apenas ha transcurrido la primera cuarta parte del siglo XXI y el mundo se enfrenta, una vez más, a un enfrentamiento bélico que puede generalizarse en la zona y más allá (en los momentos que redacto esta columna, la novísima guerra focalizada en el violento Oriente Medio va en su quinto día) y el balance mortal suma alrededor de 800 muertos, miles de heridos, centenares de edificios y casas bombardeadas y un sinnúmero de misiles y de drones lanzados por los respectivos bandos en pugna. Aparte de los tres países implicados originales: EUA e Israel versus Irán, ya se suman 18 en menos de una semana; Donald Trump, cabeza ejecutiva del bando judeocristiano, primero anunció que este enfriamiento duraría cuatro semanas, y horas después, le agregó una más. Lo cierto es que dadas las características de los involucrados nadie sabe a ciencia cierta cuánto durará este conflicto. Suelen equivocarse.

Hace cuatro años, cuando Vladimir Putin decidió invadir y conquistar la mayor parte de Ucrania, dijo que su “operación militar especial” duraría una semana, que más bien era un “desfile militar”; el hecho es que ya transcurrieron 48 meses y no tiene para cuando. La paz, en aquella parte del globo no está a la vuelta de la esquina. Así ahora. Se sabe cuándo empezó, pero no cuándo terminará. Mientras tanto…

Aunque corre la versión de que Donald Trump toma decisiones sobre las rodillas, lo cierto es que el magnate no es tan atrabancado como aparenta. La orden para empezar los bombardeos sobre los objetivos militares iraníes tomó mucho tiempo para que la “Operación Furia Épica” aterrizara. El periodo crítico se inició el 11 de febrero, cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu entró en la Sala Oval decidido a mantener al sucesor de Joe Biden en el camino hacia la guerra. Durante muchos días, ambos personajes habían discutido la tan mencionada ofensiva militar contra el régimen de los ayatolás. Ese miércoles se tomó la decisión. El fin de semana el representante del Tío Sam públicamente dejó claro que era escéptico respecto a la vía diplomática, descartando así la negociación con los altos mandos del estado teocrático.

La suerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, el sucesor del ayatolá Ruhola Musavi Jomeini, que le consideraba “su hijo espiritual”, en el poder desde junio de 1989, estaba echada, no había paso atrás. El viernes 27 de febrero, a bordo del Air Force One, Trump dio la orden de iniciar la “Operación Furia Épica”. Al día siguiente, último día de febrero durante la madrugada fuerzas conjuntas israelíestadounidenses realizaron ataques masivos en Teherán. En un minuto, tres ataques eliminaron al ayatolá y varios de sus familiares directos: una hija, un nieto, una nuera y un yerno, y otras 40 personas.

La República Islámica de Irán quedó descabezada. Furia Épica y Rugido de León —como se llamó a la operación israelí—, se anotaban el éxito de eliminar al jefe y a los altos mandos de la Guardia Revolucionaria. Junto con Jamenei murieron Alí Shamkhani, asesor y ex secretario del Consejo de Seguridad, Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa, y Mohammed Pakpour, jefe de la Guardia Revolucionaria Iraní.

Mientras que la muerte (asesinato llamó el deceso de Jamenei la televisión estatal), del líder supremo iraní fue descrita por Trump en X en los siguientes términos: “Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia ha muerto. Esto no sólo es justicia para el pueblo iraní, sino para todos los grandes estadounidenses y las personas de muchos países del mundo que han sido asesinadas o mutiladas por él y su banda de matones sanguinarios”, el presidente de Irán Masoud Peeshkian indicó: “Este grave crimen nunca quedará sin respuesta. Haremos que quienes organizaron y llevaron a cabo este crimen se arrepientan”.

Despropósitos aparte, Donald Trump está desatado. En los primeros doce meses de su segundo mandato ha ejecutado los propósitos que anunció en el primero. Además, guste o no, el caso es que ha revertido el “orden mundial” que prevalecía desde el fin de la II Guerra Mundial. Lo que no justifica hacer a un lado el ataque de EUA e Israel a Irán y hacerse el ciego ante un hecho evidente: nuevo atropello al Derecho Internacional que permite otro conflicto bélico en el inestable Oriente Medio que puede extenderse sin límites fronterizos. Con consecuencias impredecibles.

Sin que esto suponga ignorar las perversiones y abusos del régimen teocrático iraní. El fomento del terrorismo anti-occidental, el desprecio por la condición de las mujeres en su seno, su carácter oligárquico. Imposible tratar de ocultar el carácter retardatario del “gobierno” de los ayatolás. Todo esto es inocultable.

Como tampoco se puede ocultar la mano dura del líder chiita que fue Ruhollah Jomeini. A lo largo de varias décadas, el ayatolá de turbante negro y frondosa barba blanca, reprimió brutalmente todo tipo de protestas de los iraníes. Desde comienzos de los años 60 del siglo XX, fue activista del movimiento islámico contrario al Sha Reza Pahlevi y participó en el levantamiento amado contra su régimen en 1963. Fue parte del Consejo de la Revolución, órgano creado tras la revolución hasta su disolución en 1980, al constituirse el primer Parlamento, del que fue diputado.

Miembro del Consejo Supremo de Defensa, máximo órgano del mando militar, creado al estallar la guerra entre Irán e Irak en 1980, el mismo año en que fue nombrado consejero ministerial, comandante de los Guardianes de la Revolución y más tarde líder de la plegaria semanal de los viernes en Teherán. Tras la muerte de Jomeini, fue elegido su sucesor en 1989.

Se caracterizó por mantener el equilibrio entre las distintas facciones para que ninguna acaparara demasiado poder. El líder supremo también reprimió duramente el movimiento Mujer, Vida, Libertad de 2022-2023, desencadenado por la muerte de Jina Mahsa Amini, de origen kurdo, que fue arrestada y torturada por la policía religiosa islámica por no usar su hiyab (velo) “correctamente”. Su muerte desató protestas masivas en todo el país, que fueron reprimidas con violencia, ejecuciones y miles de detenciones. El martirio de Mahsa se convirtió en símbolo mundial de la lucha por los derechos humanos en Irán.

Aunque Jamenei trabajó con seis presidentes electos, solo se les permitió intentar llevar a cabo reformas cautelosas y un acercamiento con Occidente. En todos los casos, Jamenei —nacido el 16 de julio de l930 en la ciudad santa de Mahsad, en la frontera con Afganistán—, siempre se puso de lado de los partidarios de la línea dura chiita.

La guerra de EUA e Israel en contra de la teocracia iraní, por larga o corta que sea, no se asemeja en nada con lo que hizo Trump en Venezuela al secuestrar al presidente Nicolás Maduro Moros a principio de enero de 2026. Asesinar a Jomeini no es cualquier atentado. El poder de respuesta de Irán —que no se compara con el poderío estadounidense—, no es el de una gran potencia, pero el fanatismo chiita supera con creces los “ideales del bolivarismo venezolano”. La situación geopolítica de la antigua Persia es muy diferente a la venezolana.

Aunque no fuera totalmente cierto, los iraníes saben su cuento al afirmar el miércoles 4, en un comunicado que tienen el “control total” del estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio mundial de petróleo a la entrada del golfo Pérsico. Mohamad Akbarzadeh, alto responsable de las fuerzas navales de los Guardianes de la Revolución, aseguró “actualmente, el estrecho de Ormuz está bajo el control total de la Armada de la República Islámica”.

Por su parte, el presidente Trump declaró que la Marina de su país podría escoltar a los petroleros a través de Ormuz “si fuera necesario” ante las amenazas de bloqueo de Teherán. Además, dado que las aseguradoras no quieren proteger a los barcos petroleros que tratan de navegar por el estrecho de Ormuz, el magnate ordenó que el gobierno de Washington “asegure” a dichos petroleros con pólizas de bajo coste. Los expertos en la materia consideran que la idea del mandatario estadounidense es poco factible. Entre tanto, 150 petroleros están varados en espera de que esa vía marítima esté abierta.

Mientras son peras o manzanas, los precios de gas y del crudo se han disparado. Las alzas son de casi 70% y 14% respectivamente. No por nada por el estrecho de Ormuz se mueve una quinta parte del petróleo del mundo. Es la ruta de salida de prácticamente toda la producción petrolera del Medio Oriente, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Los números son claros: a mediados de la primera semana del conflicto en Levante, se disparó la volatilidad. El martes 3, el S&P 500 y el Nasdaq de EUA tuvieron una oscilación entre una caída cercana al 3% por la mañana, a una pérdida de uno por ciento al cierre, lo que reflejó la elevada incertidumbre entre los agentes económicos. Y Trump salió con la gracejada de que los precios del petróleo bajarán una vez que termine el conflicto y que “lo harán incluso por debajo de los niveles anteriores a éste”.

De no creerse.

Mientras el conflicto dure, habrá muchas fake news. No solo porque las partes exageren sus intervenciones, sino porque esta “estrategia” es la apropiada para unos y otros. En tanto, de acuerdo con el almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central estadounidense, las primeras 24 horas de la operación militar de EUA e Israel contra Irán fueron casi el doble de intensas que el inicio de la campaña de Conmoción y Pavor en Irak en 2003.

Los ataques continuarán “24 horas al día, siete días a la semana”, señaló Cooper, dentro de la Operación Furia Épica, que involucra a más de 50 mil militares y más de 200 aviones de combate. El comando informó que destruyeron 17 navíos iraníes, entre ellos un submarino. Además, dijo que habían “degradado severamente las defensas aéreas de Irán y destruído cientos de misiles balísticos lanzadores y drones”. En represalia Irán lanzó más de 500 misiles y dos mil drones.

El gobierno iraní aseguró que está preparado para un conflicto prolongado. El general Reza Talael Nik, portavoz del ministerio de la Defensa, afirmó: “Nos hemos preparado para una guerra muy larga, y por lo tanto serían una tontería usar nuestras armas más efectivas desde el principio.

En contra de lo que ha dicho Trump de que Teherán lo ha buscado para dialogar aunque sea tarde, el gobierno de la República Islámica sostuvo que no negociará mientras continúen los ataques estadounidenses e israelíes. El embajador ante la ONU En Ginebra, Alí Bahreiní declaró que “no ha habido ningún acercamiento al presidente de EUA ni contacto alguno” y agregó: “El único lenguaje posible en este momento es el de la defensa”. Teherán respondió con ataques aéreos contra Israel y países con bases militares estadounidenses en la región, como Kuwait, Baréin, Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Europa, por su parte, dejó de ser un coro diplomático y se incorporó como periferia operativa: Reino Unido, Francia y Grecia reforzaron la defensa de Chipre; Alemania endureció su posición política y Portugal entró en la ecuación logística a través de Lajes en las islas Azores. Y, España, optó por la contraria: se negó a que Trump utilizara dos bases militares, la de Rota y Morón, al sur de la península, para que sus aviones repostaran en las mismas. La reacción del magnate fue de pronóstico, ordenó suspender las relaciones comerciales con Madrid.

La ONU, como siempre, el Consejo de Seguridad ha invocado la Carta condenando los ataques y pedido el retorno a la negociación.  La declaración fija un límite político y normativo; pero también exhibe la fragilidad institucional de la ONU y del Derecho Internacional. La guerra se expande en lo aéreo y lo marítimo, mientras la contención internacional, por ahora, suena más a un discurso de Miss Universe abogando por la paz mundial. Como la presidenta Claudia Sheinbaum, aboga por la Paz, sin condenar a nadie.

Hasta el momento, el conflicto armado involucra a 13 países, si se incorpora la capa europea de despliegue y logística suman 18. El intercambio de misiles ha cruzado 10 fronteras soberanas. Además de Ormuz, el conflicto involucra al menos cuatro puertos estratégicos: Jebel Ali, Fujairah, Yanbu y Bandar Abbas. En pocas palabras, el conflicto dejó de ser bilateral o trilateral, pero aún no se caracteriza como guerra regional. Ojalá (Inshá llah) “Si Dios quiere”. ¡Quiera Dios! VALE.