Por: Dr. Israel Sánchez Martínez

 

El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo federal el 22 de febrero de 2026, ha desencadenado oleadas de violencia en estados como Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Tamaulipas. Bloqueos viales, quema de vehículos y suspensiones de clases se han registrado, y según los últimos reportes, actos del crimen organizado han afectado a más de 20 estados, impactando la dinámica familiar y social en todo el país. Estas no son incidencias aisladas; reflejan un patrón sistémico que genera incertidumbre, miedo cotidiano y la urgente necesidad de proteger a los hijos en entornos educativos cada vez más vulnerables.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, al cierre de 2025, el 63.8% de la población urbana consideraba inseguro su localidad, un aumento de 2.1 puntos respecto al año previo. Esta percepción se basa en: México cerró 2025 con casi 14 mil desaparecidos, con un incremento del 11% en casos sin resolver, además de una escalada en extorsiones y violencia familiar. Las familias se erigen como epicentro de vulnerabilidad, y las escuelas, supuestos espacios seguros de aprendizaje, se convierten en escenarios de riesgo.

 

El Panorama de la Inseguridad en México: De la Percepción a la Realidad

Durante la última década, México ha sufrido un grave deterioro en materia de seguridad. La ola de desaparecidos, principalmente mujeres y jóvenes, revela la insuficiencia de programas sociales y becas escolares implementados desde 2019 para rescatar a los jóvenes del crimen. Esta promesa fallida de la actual agenda gubernamental contrasta con las Imágenes recientes muestran con tristeza el reclutamiento de jóvenes vulnerables para generar pánico social. Bajo la promesa de trabajo digno, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, tras siete años, deja más dudas que certezas y evidencia un despilfarro de recursos sin resultados efectivos. Los narcobloqueos tras la muerte de “El Mencho” han intensificado la percepción de inseguridad.

En Michoacán se suspendieron clases en todos los planteles públicos, afectando a miles. Este fenómeno no es nuevo: en 2025, hubo cierres intermitentes en al menos siete estados como Sinaloa y Guerrero, donde el crimen impone su ley. Se extendió a 21 entidades, incluyendo Estado de México y Ciudad de México. La normalización de la violencia provoca impactos y cambio de dinámica social en zonas de riesgo y causan estragos en zonas completas (tanto en el ámbito  urbano como en lo rural): ansiedad y depresión en niños, angustia en padres y miedo rutinario ante respuestas reactivas.

La inseguridad conlleva un impacto económico que agrava la vulnerabilidad familiar. Extorsiones masivas asfixian pequeños negocios, dejando familias sin ingresos. En regiones como Tierra Caliente, grupos criminales alteran dinámicas escolares, limitando la dinámica educativa. Esto afecta el presente y hipoteca el futuro de nuestros niños, interrumpiendo la educación y perpetuando pobreza y violencia. Las familias son el núcleo social, pero la inseguridad las victimiza directa e indirectamente.  Económicamente, obliga a migraciones forzadas. En Chiapas y Guerrero, desplazamientos dejan niños sin educación ni salud. Ya organizaciones sociales han evidenciado este problema, como en el caso de Mexicanos Primero, en la que denuncia vulneración del derecho a aprender por extorsiones y cierres escolares. Es por ello que la situación se agrava con reclutamiento forzado pues se estima que por lo menos 500 mil menores en riesgo por pobreza y violencia doméstica; niñas enfrentan explotación sexual (con datos oficial de la ONU-PNUD).

 

Recomendaciones para Familias y Escuelas: Hacia una Resiliencia Colectiva

Frente a esta crisis, las recomendaciones son prácticas y preventivas. En la UNPF reconocemos que las próximas semanas son críticas; mediante acciones que parten desde el núcleo familiar y se van extendiendo con nuestros vecinos, comunidades y escalan a acciones colectivas que propicien la paz y estabilidad que todos queremos. Con el apoyo y colaboración de expertos, sugerimos:

  1. Informarse solo con fuentes confiables, evitando propagar rumores en redes sociales.
  2. Evitar zonas de riesgo, planificar rutas seguras y suspender actividades al aire libre en alertas.
  3. Educar a menores sobre peligros, supervisar redes sociales y reportar sospechas sobre actos delictivos.
  4. Promover denuncias anónimas y redes vecinales de apoyo. La comunicación asertiva fortalece la proximidad social.
  5. Adoptar medidas como cámaras, botones de emergencia y protocolos de crisis. Las familias deben dialogar sobre emociones y establecer reglas de comunicación abierta en el hogar.

Estas estrategias y un llamado a autoridades por enfoques preventivos construirán acciones que protegerán la integridad a nuestras familias.

La familia mexicana, pilar irremplazable de nuestra sociedad, y el sistema educativo, espacio natural de formación y esperanza, no pueden permanecer como observadores pasivos ante la ola de violencia que amenaza nuestra convivencia. Hoy más que nunca, ambas instituciones deben responder con determinación al llamado nacional de la paz. No es suficiente lamentar los hechos ni esperar soluciones únicamente desde las instituciones gubernamentales. Es momento de que las familias y las escuelas asuman su rol protagónico: articular acciones sociales concretas, coordinadas y sostenidas que contrarresten frontalmente la violencia en todas sus manifestaciones. La Unión Nacional de Padres de Familia hace un llamado urgente a padres, madres, docentes, directivos escolares y a las propias autoridades: Que cada lugar (hogar, escuela, trabajo) sea un bastión de paz y fomente las acciones que nos lleven a un clima de prosperidad trascendente.

Solo mediante esta alianza estratégica entre familia, sociedad e instituciones gubernamental es lograremos cambiar el miedo en coraje colectivo, la incertidumbre en esperanza organizada y la violencia en acciones paz. México necesita familias fuertes. El momento de actuar es ahora. La paz se construye desde abajo, desde el corazón de cada hogar y cada aula. ¡Respondamos juntos al llamado!

El autor es presidente Nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF)

www.unpf.org.mx