El día de hoy (23 de marzo de 2026) falleció el gran jurista don Fausto Rico Álvarez. Su partida, además de ser dolorosa, significa una gran pérdida para su familia, para la Escuela Libre Derecho, para el Colegio de Notarios y para el Foro en general. Hemos perdido a un gigante del Derecho y, sobre todo, del Civil.

En 1957, año en que ingresó a la Escuela Libre de Derecho, don Fausto Rico Álvarez pronto se convirtió en el alumno más distinguido del más grande civilista de su tiempo: don Jerónimo Díaz. Ese año se retiró de su Cátedra ese gran Maestro después de servirla durante veinticinco años; lo hizo como diciendo: he formado al más grande civilista que va a tener México. Si lo pensó o lo dijo, fue absolutamente cierto. Tuvo un digno sucesor.

Como estudiante don Fausto, hizo la de carrera de manera sobresaliente. No hubo año en que no sacara premio como el mejor estudiante. Perteneció a una generación de estudiantes muy brillantes: Gabriel Larrea Richerand, Ernesto Canales Santos, Manuel Núñez Santillán, Luis de Angoitia, Alejandro Gertz Manero y Teófilo Pina, entre otros. Éste último era un genio; lo era en muchos sentidos; tan lo era que se perdió. Finalmente, no concluyó la carrera de abogado. Todo le quedaba chico.

Don Fausto nació en el estado de Veracruz; aunque avecindado en la Ciudad de México, fue veracruzano toda su vida, que fue larga y venturosa. Era exigente hasta el más mínimo detalle. En su cátedra el Maestro se transformaba; era otro; se perdía. Se apasionaba y hasta gritaba. En privado y en corto era dulce, cariñoso y tolerante.

Don Fausto fue el más grande formador de notarios que tuvo México. Con él se aprendía o se aprendía el oficio, que con él casi llega a profesión. Formó a más de cincuenta fedatarios.

Sirvió a la Libre como su profesor de Derecho civil durante cincuenta años; como miembro de su junta directiva y, finalmente, como Rector. Se distinguió por su generosidad. Entregó a la Libre su tiempo; a sus alumnos su sapiencia y patrocinio; y al Colegio de notario su entrega. En estos rubros fue liberal hasta llegar al derroche.

Sus obras de Derecho Civil son señeras en la materia. Me recuerdan al gran tratadista francés Marcel Planiol por su estilo, claridad, concisión y profundidad. Las obras de Planiol servían de base y guía en el curso que nos impartía don Jerónimo Díaz. Sus alumnos me apuntaban ciertos detalles de su cátedra: coincidían con los que recordábamos de nuestro gran Maestro don Jerónimo: su exposición era clara, concisa, conceptuosa y docta.

De estudiante lo recuerdo de piel blanca, tirando a güero, delgado, nervioso y mirando de reojo. Si bien entró a la Libre un año después que yo, era mayor que yo unos dos o tres años. En el edificio de Basilio Badillo número 43, donde funcionó en la década de los cincuenta la Libre, había unas bancas en la planta baja; lo recuerdo sentado en ellas estudiando mientras nosotros, los estudiantes comunes y corrientes, platicábamos y bromeábamos.

Don Fausto renunció a la cátedra que sirvió durante cincuenta años debido a su avanzada edad y a las enfermedades que lo acosaban. Todos lamentamos su retiro. De la misma manera, lamentamos cuando el 30 de junio de 2015 declaró públicamente que se retiraba de ejercicio de la profesión de notario

Don Fausto fue un gigante del Derecho; era superior, sin provocar envidias; se le admiraba con respeto y reconocimiento; los que lo tratamos nos sentimos honrados por su amistad. No pocos son los que agradecen su liberalidad y entrega.

Lo recuerdo apasionado, decidido y pronto para la acción.

Lamento su ausencia; su muerte nos lastima; y su recuerdo nos une.

El autor es catedrático en la Universidad Autónoma Metropolitana.