A menos de una semana de que “El Mencho” cayera en Jalisco por presiones del gobierno de Donald Trump, Claudia Sheinbaum se desplazó al sur de Sinaloa para cobijar al narcogobernador Rubén Rocha en Mazatlán y San Ignacio, diciéndole públicamente que “es un gran gobernante” que siempre se ha coordinado y colaborado con el gobierno federal para combatir la inseguridad y, además, afirmando que en ese estado han bajado los índices delictivos en un 50% durante los últimos meses.
¡Qué descaro y qué barbaridad! Precisamente cuando más se necesitaba que el gobierno mexicano diera señales claras de que después de “El Mencho” seguirían los narcopolíticos, “los mencho-políticos”, diría Beatriz Pagés, entre ellos Rubén Rocha, Sheinbaum va a abrazarlo y exonerarlo para sellar el “Pacto de complicidad e impunidad” que López Obrador hizo con el crimen organizado durante todo el sexenio pasado.
“A confesión de parte, relevo de pruebas”, se reza en el argot de los abogados. Si Claudia Sheinbaum dice en Sinaloa, un estado que no ha tenido paz, sino permanente zozobra, violencia, muertes y secuestros, como expresión de que en ese territorio gobierna la delincuencia; un gran estado cuyo gobernador ha sido exhibido, según varias versiones y acusaciones, como delincuente, beneficiario del crimen organizado, así como de haber colaborado con el hijo de “El Chapo” Guzmán para entregar al “Mayo” Zambada a la DEA, de haber participado en el montaje que derivó en el asesinato de Héctor Melesio Cuén (uno de sus principales opositores políticos) y de haber mentido a la sociedad al alterar las pruebas del asesinato de quien también fuese rector de la UAS; un estado así, con un gobierno que es ejemplo de mal ejemplo, entonces con su presencia Claudia Sheinbaum confiesa, de facto, que ella es parte de esa red criminal y no está dispuesta a combatirla y eliminarla para defender el Estado de Derecho y preservar nuestra soberanía nacional que, en Sinaloa, le pertenece a la delincuencia. Duele decirlo, pero es una vergüenza nacional.
Estos hechos se dan a la par de que algunos reconocidos columnistas llaman a toda la oposición a dejar a un lado sus diferencias con el gobierno, “a la unidad nacional por el bien del país”, ¡precisamente en un momento en que el gobierno federal y Morena siembran la división y cierran filas para presentar una reforma electoral que tiene como propósito central el aplastamiento de toda la oposición -incluidos los aliados de la coalición morenista, el Verde y el PT- y la anulación del INE y los órganos electorales estatales para controlar directamente los procesos comiciales en todo el país!
Sería una traición a la patria aliarse con quienes han usurpado y pisoteado la Constitución para destrozar al país y que ahora quieren legalizar y constitucionalizar ese atraco mediante esa pretendida reforma electoral.
En medio de las dudas sobre si esa regresión autoritaria contará con la mayoría calificada para reformar la Constitución, lo que lograrían si el PT y el Verde deciden suicidarse políticamente a cambio de prebendas y/o de no ser sujetos de algún proceso judicial, la obsesiva insistencia de la presidenta de presentarla, sólo puede entenderse a la luz de que se siente acorralada por Trump al exigirle la entrega de narcopolíticos de primer nivel (que, de hacerlo, podría provocar su alejamiento del expresidente), y de que sus aprobaciones al frente del ejecutivo han bajado drásticamente en las últimas semanas, según el prestigiado despacho internacional Morning Consult, el mismo que tanto presumía López Obrador cuando lo colocaba como puntero internacional, el cual dice en su más reciente encuesta que a Sheinbaum sólo la aprueba el 41% y la reprueba el 53%. Quieren nuevas reformas a la Constitución para, pase lo que pase, asegurar su permanencia indefinida en el poder.
Y como el autoritarismo que corre por las venas de Sheinbaum y López Obrador no tiene límites, están apostando a jugarse el todo por el todo, aun confrontando a sus aliados. Faltan unos cuantos días para conocer el desenlace de estos enredos. La crisis se ahonda en el bloque gobernante, que está cavando su propia tumba y se abre la oportunidad para que la oposición construya un gran acuerdo en los próximos meses para salvar al país y librarlo del populismo autoritario y la narcopolítica en las elecciones del 2027.
